San Martín un grande en la Gloria y el sacrificio

17/08/2015

“Pre­di­lecto de la glo­ria, nació para la gue­rra. Tenía el numen que impro­visa la vic­to­ria, la pru­den­cia que la pre­para sabia­mente. El pue­blo hizo de Bel­grano un héroe. San Mar­tín hizo del pue­blo armado un Ejér­cito… San Mar­tín salvó la Revo­lu­ción y la con­dujo triun­fante por tres nacio­nes cuya liber­tad ase­guró, huyendo del tea­tro polí­tico sin escu­char los lla­ma­mien­tos de su ambi­ción, gozoso de haber com­ple­tado la obra mas her­mosa que se haya aco­me­tido en el Nuevo Mundo con el hie­rro y con la sangre…”
José Manuel Estrada

Hoy, gran parte de la tie­rra evo­cará un nuevo aniver­sa­rio de la ascen­sión a la glo­ria del aban­de­rado de la liber­tad y de la demo­cra­cia: el gene­ral don José de San Martín.

La vida de José de San Mar­tín es el res­peto de un valor extra­or­di­na­rio. Fue un mili­tar civi­lista, esto es, un sol­dado armado al ser­vi­cio de la ciu­da­da­nía, del pue­blo por cuya eman­ci­pa­ción com­ba­tió y se sacri­ficó. Se encuen­tra desde el comienzo con los pre­cep­tos del movi­miento de Mayo de 1810 puesto que juzgó que el sis­tema implan­tado por los reyes de España y la forma de gobierno en que el poder estaba en manos de un redu­cido grupo de per­so­nas per­te­ne­cien­tes a una misma clase social, como así, a apa­sio­na­mien­tos a su ser­vi­cio, eran adver­sos al ideal que tenían los pue­blos. José de San Mar­tín llegó al Río de la Plata con el bagaje espi­ri­tual de un tur­bu­lento siglo por­tando una misión reden­tora. Cum­plida ella, se retiró de la escena polí­tica para no sal­pi­car su lim­pia tra­yec­to­ria con la menor sos­pe­cha de ambición.

Este genio moral expresa en una carta que le dirige al pre­si­dente del Perú, gene­ral Ramón Cas­ti­lla, en 1848: “En el periodo de diez años de mi carrera, en que dife­ren­tes man­dos y Esta­dos, la polí­tica que me pro­puse seguir fue inva­ria­ble en sólo dos pun­tos, y que la suerte y cir­cuns­tan­cias, más que el cálculo, favo­re­cie­ron mis miras, espe­cial­mente en la pri­mera; a saber: la de no mez­clarme en los par­ti­dos que alter­na­ti­va­mente domi­na­ron aque­lla época en Bue­nos Aires, a lo que con­tri­buyó mi ausen­cia de aque­lla capi­tal por el espa­cio de nueve años. El segundo punto, fue el de mirar a todos los esta­dos ame­ri­ca­nos que las fuer­zas a mi mando pene­tra­ron como esta­dos her­ma­nos intere­sa­dos todos en un santo y mismo fin. Con­se­cuente a este jus­tí­simo prin­ci­pio mi pri­mer paso era hacer decla­rar su inde­pen­den­cia y crear­les una fuerza mili­tar pro­pia que la asegurase”.

El desin­te­rés y la mode­ra­ción fue­ron los resor­tes pri­mor­dia­les de su con­ducta. Pudo cons­ti­tuirse en un gober­nante pode­roso pero optó por el retiro volun­ta­rio. A Tomás Guido, su amigo incon­di­cio­nal, en 1819 le dice: “Mi exis­ten­cia la sacri­fi­ca­ría antes de echar un man­cha sobre mi vida pública que se pudiera inter­pre­tar por ambi­ción”. Tam­bién a Guido, refi­rién­dose a la liber­tad, la ins­truc­ción y la con­cien­cia le expresa tiempo des­pués: “Para defen­der la liber­tad y sus dere­chos se nece­si­tan ciu­da­da­nos, no de café, sino de ins­truc­ción, de ele­va­ción de almas”.

Ante los ata­ques pro­du­ci­dos por algu­nos de sus com­pa­trio­tas con estoica sere­ni­dad, cual un filo­sofo clá­sico antes que un gue­rrero enfá­ti­ca­mente se pro­nun­ció de esta manera: “¿Mi sable? ¡No! Jamás se des­en­vai­nará en gue­rra civil.

Para defen­der la causa de la inde­pen­den­cia no se nece­sita otra cosa que de un orgu­llo nacio­nal; pero para defen­der la liber­tad y sus dere­chos se nece­si­tan ciu­da­da­nos de ins­truc­ción, de ele­va­ción de almas y por con­si­guiente, capa­ces de sen­tir el intrín­seco y no arbi­tra­rio valor de los bie­nes que pro­por­ciona un gobierno repre­sen­ta­tivo”. José de San Mar­tín, el Padre de la Patria, dig­ni­ficó la con­di­ción humana, redi­miendo a indios y negros. Vic­to­rioso en el Perú y ele­gido pro­tec­tor del país her­mano en 1812, abo­cado a la deli­cada tarea de legis­lar des­pués de haber aba­tido en los cam­pos de bata­lla el pode­río del anti­guo régi­men, comenzó a poner en prác­tica, en el terreno de las rea­li­za­cio­nes la reivin­di­ca­ción de los indí­ge­nas mediante el reco­no­ci­miento de sus dere­chos de ciu­da­da­nos libres. De igual modo pro­curó la liber­tad de los escla­vos negros, empren­diendo esa obra a pesar de los múl­ti­ples intere­ses que se halla­ban liga­dos al régi­men de la escla­vi­tud esta­ble­cido durante el colo­niaje. Abo­lió ade­más, la pena de los azo­tes y la horca. Se preo­cupo por la cul­tura y creó la Biblio­teca Nacio­nal del Perú.
Una anécdota

Cuenta la his­to­ria que el gene­ral José de San Mar­tín fue el único gene­ral que, coman­dando ejér­ci­tos en la gue­rra, llevó con­sigo su biblioteca.

Era muy afi­cio­nado a la buena lec­tura. Amaba los libros y decía que no se puede sos­te­ner ver­da­de­ra­mente la inde­pen­den­cia nacio­nal si no se cuenta con ciu­da­da­nos ilus­tra­dos para ello. Ya habían dicho en alguna opor­tu­ni­dad: “La ilus­tra­ción y fomento de las letras son las lla­ves maes­tras que abren las puer­tas de la abun­dan­cia y hacen feli­ces a los pueblos”.

Entre los libros que el Liber­ta­dor San Mar­tín trajo de Europa y fue­ron con él de Bue­nos Aires a Men­doza y de ahí a Val­pa­raíso, San­tiago y Lima se cuen­tan más de 800 volú­me­nes escri­tos en cas­te­llano, fran­cés, ingles, por­tu­gués y latín. Había obras de Mon­tes­quieu, Rous­seau, Vol­taire, Cice­rón, La Bru­yere y Madame de La Fayette. Los temas esco­gi­dos eran de lite­ra­tura, his­to­ria, filo­so­fía, arte, via­jes, mate­má­ti­cas, inge­nie­ría, geo­gra­fía, cien­cia y arte mili­tar, agri­cul­tura y gana­de­ría y diccionarios.
Home­naje

De esta manera he que­rido hon­rar en el gene­ral José de San Mar­tín, al para­digma de vir­tu­des mas caras: la valen­tía, la dig­ni­dad, el desin­te­rés, el altruismo y –por sobre todo– el inso­bor­na­ble amor a la libertad.

(**)Miem­bro Corres­pon­diente de la Aca­de­mia Nacio­nal Sanmartiniana
Autor: Andrés Mendieta **

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