"Ahora vuelvo a mi casa y mis hermanos están calentitos"
21/04/2011

En una entrevista con Télam, el bonaerense agregó que su corazón le dice que tendrá "un lugar en el Olimpo de los diez mejores de la historia"; y admitió que la marca que tiene en su cabeza no son los 100 metros con los que sueñan habitualmente los lanzadores de jabalina, sino los 99 metros.
"Porque con 99 le saco el lugar al número 1 del mundo", dijo pensando en el checo Jan Zelezny, que encabeza el ranking con 98.48 (nombre y registro que el propio Toledo tiene tatuados en su muñeca izquierda).
La vida de Toledo, de 17 años, proveniente de una humilde familia de Marcos Paz, cambió radicalmente desde su consagración en los Juegos Olímpicos de la Juventud que se hicieron el año pasado en Singapur: "Que haya muchos Braian Toledo", pidió días después la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
A partir de su oro en Singapur con 81.78 metros en Menores, entonces, y de los logros de este año ya en la categoría superior (ganó su primer título de Mayores; quedó segundo en el ranking argentino permanente detrás de Pablo Pietrobelli; es tercero en el ranking mundial 2011 de Juveniles) llegaron los sponsors.
"Es verdad -le dijo Toledo a Télam-. Me apoyan Gatorade, Italcred, Adidas, además de la beca de la Secretaría de Deporte.
Hay muchos que lo ven como una presión, pero yo no. Me gusta llevar el logo de Adidas en el pecho, queda lindo. Y hacen que no me falte nada. Me dan la ropa para competir, para entrenar".
"Me dan tranquilidad -especificó- para mí y para mi familia.
Hacen que no tenga necesidades, que pueda comprar los remedios si se enferma alguien de mi familia. Yo ahora llego a mi casa y mis hermanos están calentitos. Y sé que son cosas que consigo tirando la jabalina cada vez más metros, más lejos".
El pibe, sin embargo, no ve en el éxito la posibilidad de mareo: "Sigo siendo el mismo de siempre, en mi casa, con los míos.
Si llueve salgo caminando y me sigo embarrando los pies. Si hay que entrenarse con piedras o en la tierra lo hago, no tengo problema".
Y las carencias de las que viene, además, son para Toledo la base de su amor propio: "Son cosas que me hicieron duro y hoy me hacen más fuerte. Por eso en la pista si hay que ir al choque voy al choque, aunque salga con algunos golpes".
En ese tren, el de ir al frente, Toledo se fija una meta clara: "Meterme en el Olimpo de los diez mejores de la historia.
Pasar los 90 metros, que es algo que lograron solamente diez atletas. Tirar 90 metros sería tocar el cielo con las manos".
Hay, sin embargo, un nombre y una marca que a Toledo lo desvelan: Jan Zelezny y 98.48, a los que lleva, junto con los cinco anillos olímpicos, tatuados en la muñeca izquierda: "Me dejé lugar abajo para poner mi marca", contó el bonaerense.
Y agregó: "Por eso, más que los 100, me gustan los 99. Porque con esa marca entro en la historia. Ese es mi objetivo y mi carrera está apuntada a eso. Singapur es un lindo recuerdo, pero todavía no logré nada y mi corazón está vacío. Aunque mi corazón me dice, también, que puedo llegar ahí si hago bien los deberes".
No ahora, claro, "porque sigo siendo un carasucia de 17 años, como dice mi entrenador (Gustavo Osorio)", ni tampoco el año que viene o el posterior, "porque todas las competencias que tengo, inclusive Londres 2012, serán para ganar experiencia, pasos que tengo que dar hacia el objetivo máximo, aprender de las derrotas".
El momento ideal, apuntó Toledo, "será cuando tenga entre 26 y 33 años, que es la edad justa para un lanzador de jabalina. Tal vez en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en 2016, pueda tener una aproximación".
Y en el objetivo a largo plazo no le interesan las exigencias de la gente: "A veces piden marcas pero no es tan fácil. Hay que planificar, ser paciente, hacer los deberes, llevar una vida muy ordenada sin macanear. Cuando salgo a competir mi cabeza no está en el podio o en la marca; estamos solamente mi jabalina y yo".
"Yo me aislo de esas cosas, de lo que me pidan. Mi vida es una cajita que dice jabalina y Zelezny", señaló.
Hacia ahí va, entonces, aunque Toledo también sabe que lo deben acompañar otros factores: "Como la suerte -concluyó-. Al Sudamericano Escolar de Chile que me proyectó hace algunos años no debí haber viajado, porque iban primero y segundo de los Torneos Evita y yo había terminado tercero. Pero el primero no pudo ir y ahí entré yo. Después pasó lo que pasó. Y acá estoy".
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