Opinión: El dique Belo Monte o el Desastre ecológico del Río Xingú
10/05/2012

Cuando las sociedades industrializadas no saben respetar los límites de su locura.
La empresa brasilera Electronorte tenía previsto construir uno de los diques más grande de la
selva amazónica donde más de 3860km² iban a ser inundados para abastecer en electricidad varias
ciudades del país lusófono. El tribunal brasilero decidió entonces en septiembre de 2011 de
suspender la construcción de tal aberración.
Aunque esto no era suficiente para la empresa hidroeléctrica justificar tal impedimento,
cientos de comunidades indígenas iban a ser desplazadas para llegar a sus fines. Cientos de especies
acuáticas y terrestres iban a desaparecer tras el acumulamiento de las aguas artificialmente
agrupadas detrás de la megaestructura, dejando en el pasado de la historia especies microendémicas
que jamás se descubrirán. Cientos de árboles y vegetales iban a ahogarse sin que nadie se preocupe
por ellos. Salvos unos cuantos. Las minorías étnicas de la amazona se juntaron para luchar contra tal
plaga desde los años 1980 donde todo tipo de empresa deseaba ansiosamente depredar al rio Xingú
para poder potenciar sus rentas mercantilistas. Algunas ONG internacional como Survival,
Greenpeace y otras apoyaron el movimiento indígena, a través de difusiones mediáticas,
denunciando frente a la opinión pública mundial este acto de vandalismo contra el planeta tierra.
Hace medio siglo ahora que existe en el marco jurídico de la corte suprema de La Haya el
famoso “Crimen contra la Humanidad”. ¿Cuándo existirá entonces el “Crimen contra la Tierra”?
Porque seguimos todavía, en la víspera de este nuevo milenio, con un punto de vista tan
antropocéntrico cuando ya nos dimos cuenta que no somos absolutamente nada sin el suelo que nos
permite la agricultura y la ganadería, sin las montañas y los ríos que nos proveen el agua, sin los
mares y océanos que nos ofrecen alimentos marítimos, sin los bosques y selvas que albergan frutas y
hortalizas, sin el seno de una madre tierra que nos amamanta sin pedirnos nada en cambio. ¿Qué
clase de hijas e hijos somos, nosotros que seguimos ya las pautas industriales y económicas dictadas
por el Occidente? ¿Qué clase de especie terrestre somos por habernos auto-otorgado el derecho de
declararnos los propietarios de un planeta tan especial dentro del universo? Cuando en realidad le
pertenecemos y le debemos un infinito respeto.

Admirando la lucha del Cacique Raoni junto a su pueblo Kayapo del rio Xingú, terminaremos
esta llamada a la conciencia ambiental y universal para reflexionar juntos acerca de nuestra relación
conflictiva con la naturaleza. Concluiremos entonces nuestro panfleto con las palabras del Poeta
Sioux Ohiyesa, llenas de nostalgia y sabiduría:
“Niño, sabía dar; perdí esta gracia cuando me convertí en una persona civilizada.
Tenía un modo de vida natural mientras que ahora, es artificial.
Toda linda piedra tenía un valor frente a mis ojos; cada árbol que crecía era un objeto de
respeto.
Ahora, me inclino con el hombre blanco frente a un paisaje pintado cuyo valor se estima en
dólares”.
Salta Capital, miércoles 9 de Mayo de 2012.
Diego Sberna
M.Sc. Diego SBERNA
Etno-antropólogo
Más sobre: Actualidad.
Deja una respuesta

Noticias relacionadas