¿Quiere cambiar su vida para bien? Use la regla de los 20 segundos y cambie sus hábitos

27/01/2015

Un impulso necesita de sólo 20 segundos para satisfacerse,o no. Si padece de impulsos negativos, sólo cuente hasta 20 y déjelo pasar. Por el contrario, si es bueno el impulso, no demore más que ese tiempo o ya no tendrá ganas de satisfacerlo y pasará a otra cuestión.

Tema complicado el de los impulsos. Sin embargo, los expertos de marketing y comercialización de puntos estratégicos de supermercados y tiendas suelen conocer este componente de la personalidad y lo aprovechan para colocar productos asociados frente a las cajas registradoras.

Tenemos una buena noticia para Ud. para 2015: la regla de los 20 segundos (no confundir con la regla de los 30 segundos).
Dicha norma autoimpuesta se basa en un mecanismo tan sencillo como eficaz: debido a que la fuerza de voluntad es un bien escaso –en algunos casos más que otros– debemos diseñar nuestra vida de manera que tengamos a nuestro alcance aquellas cosas que queremos utilizar con mayor frecuencia (de libros a comida saludable) y lejos todo aquello de lo que deseemos prescindir (alimentos que nos engordan y otros vicios).
¿Por qué 20 segundos? Porque es el tiempo que supone una barrera mental para actuar o no hacerlo: si tardamos más de 20 segundos en satisfacer nuestro impulso inicial, nuestra pertinaz desidia nos hará dejarlo para otro día; si tardamos menos tiempo, nos lanzaremos a por aquello que deseamos hacer porque es fácilmente accesible. Una lección que bien han aprendido las tiendas, tanto online como físicas, cuando sitúan sus productos a un solo click o al alcance de nuestro brazo mientras hacemos cola.
Cambia tu vida cambiando tu entorno

La regla fue expuesta por el experto en felicidad de la Universidad de Harvard Shawn Achor en su libro The Happiness Advantage, La Ventaja de la Felicidad. El autor explica cómo un buen día se propuso leer más libros y ver menos la televisión, pero se veía incapaz de cumplirlo. No es un fracaso personal: es natural que después de trabajar durante más de ocho horas nos sintamos con ganas de sentarnos en el sofá a relajarnos, y no a realizar un gran esfuerzo mental y físico para cumplir nuestros objetivos.

Reduce la energía de activación para los hábitos que quieres adoptar, y auméntala para los que quieras evitar

En lo que sí podemos influir es en aquello que nos rodea. ¿Nos da pereza coger un libro y nos resulta más sencillo agarrar el mando a distancia? Resulta tan sencillo como imitar a Achor, quitarle las pilas al mando y esconderlas y dejar el libro que queramos leer en el salón, justo al lado del sofá. Estaría bien, además, que este, para empezar, no fuese un tratado de ontología, sino quizá algo más atractivo como una novela. Básicamente, debemos diseñar nuestro mundo de forma que lo que más sencillo nos resulte sea hacer aquello que sabemos que es positivo para nosotros, y mantener lejos las tentaciones.

Según Shawn:

“Si puedes hacer el hábito positivo entre 3 y 20 segundos más fácil de comenzar, la posibilidad de que lo hagas se incrementa enormemente”.

Si quieres ir al gimnasio, ten preparada la bolsa con la ropa deportiva, la toalla, la tarjeta del gimnasio y la botella de agua. Eso es lo que tendrías que coger en los primeros 20 segundos después de decidir ir al gimnasio. Así que si lo tienes preparado, esos primeros 20 segundos que son los más complicados, los tendrás ya solucionados.

Lo mismo se puede aplicar a ir a trabajar. Puedes tener preparada la ropa del trabajo, el maletín, y todo lo que necesites para ir a tu trabajo.

La regla de los 20 segundos más.

Se me ocurre igualmente que si liberar el camino de una actividad la hace más probable, complicarlo la hará más improbable. Así, si quieres evitar una aplicación, puedes esconder el icono. Si quieres dificultar fumar, puedes colocar el tabaco en un lugar donde te sea más incómodo cogerlo, si quieres no volver conduciendo cuando hayas bebido, puedes aparcar el coche más lejos, para que te sea más incómodo coger tu propio coche que un taxi.
La regla del camino más cómodo.

Mezclando ambos conceptos, llego a la regla del camino más cómodo. Puedes facilitar o dificultar el acceso a los hábitos para hacerlos más o menos probables.

Es como si estuvieras en un cruce de caminos. Si uno de los caminos está totalmente limpio y reluciente con una cinta como la de los aeropuertos que te transporta sin hacer nada los primeros metros, y el otro está lleno de escombros e intransitable, es más que probable que escojas el camino más sencillo. Puede que tengas que acabar usando la fuerza de voluntad para coger el camino correcto, pero la adecuada configuración de los caminos, haciendo más sencillo el adecuado, y más complicado el inadecuado, hace que sea necesaria mucha menos fuerza de voluntad.

Juntos bien .org

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