Los nuevos ciudadanos cyborg reclaman sus derechos

19/10/2016

Los cyborg son una nueva categoría de ciudadanos del mundo, que reclama que se respete su derecho de haber incorporado nuevos sentidos que amplían los que percibe el resto de los seres humanos, -como los colores ultravioleta- a través de implantes a su cuerpo, que les traen aparejados problemas, como por ejemplo en los aeropuertos, donde les observan las extensiones.

Dos cyborg pasaron por Mar del Plata y contaron a un auditorio de diseñadores como es su vida diaria y su anhelo de que, en un futuro no tan lejano, no los miren como si fuesen Terminator. Porque no son robots.

Neil Harbisson y Moon Ribas son dos artistas y activistas cyborg y han decidido ampliar sus sentidos, incorporando la nueva tecnología. En el encuentro internacional de Diseño, organizada por Trimarchi en Mar del Plata, mantuvieron en vilo al auditorio contando su experiencia de vida.

Neil se ha implantado una antena en el cerebro que le permite “escuchar” los colores. Él nació con acromatopsia, solo percibía los valores blancos, negros y grises. Pero encontró en la antena una manera de equilibrarlo. Esta le permite escuchar los colores, hasta percibir algunos invisibles como infrarrojos y ultravioletas. A partir de ahí desarrolló una sinestésica teoría del color y el sonido.

En el encuentro de Mar del Plata contó que tuvo problemas para injertarse la antena porque los médicos del Reino Unido -de donde es oriundo- se negaron a hacerlo hasta que finalmente en España aceptaron el desafío.

Uno de los problemas que le atrajo es que lo rechazaron en los aeropuertos, porque las normas internacionales impiden pasar los controles con un objeto tecnológico. Por ello viene reclamando al gobierno británico que lo consideren un ciudadano cyborg, -una nueva categoría de ciudadano, dice- y viene peleando a nivel mundial para que se respeten sus derechos.

La antena que lleva por sobre la cabeza fue creada en Suecia y por eso está gestionando su ciudadanía en ese país, porque una parte de su cuerpo, inescindible, es sueca. Para abonar esta posición, consideró que si un ciudadano se ha colocado un corazón artificial chino, podría reclamar la ciudadanía. “Si se siente chino debería serlo”, dijo.

“Los cyborg tenemos derechos y debemos ser considerados por las instituciones del Estado”, insistió.

Su compañera y militante cyborg Moon Ribas se injertó un chip conectado a un centro de sismografía mundial, que le permite percibir en tiempo real cualquier movimiento telúrico.

Todo comenzó cuando empezó a experimentar sobre las vibraciones a su alrededor, cómo las percibía, y luego de varias pruebas decidió implantarse el chip que la mantiene conectada con el centro sismológico y ahora percibe, constantemente, cualquier vibración alrededor del mundo, de la más leve a un terremoto de magnitud. “Esto me hace sentirme conectada al mundo, a la tierra, a lo que pasa en la Naturaleza”.

Los chips de ambos cyborg están conectados a internet para su funcionamiento.

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Télam

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