La vorágine no pudo con él

08/05/2012


El conscripto salteño Adolfo Esteban Mené escapó del hueco del torpedo en el casco, de las antenas del crucero y del remolino de agua que se llevaron algunas balsas del "Belgrano", cuando se hundió el 2 de mayo de 1982. "Volví a vivir", dice.

Lo vio hundirse despacio, de costado, pero dejando un remolino en el mar que amenazaba con llevarse al fondo a todas las balsas con náufragos del crucero ARA "General Belgrano" que flotaban cerca.

Había que escapar de esa vorágine.

Junto a sus compañeros de balsa, el conscripto clase 63 Adolfo Esteban Mené trataba de remar como podía, con las manos desnudas o con unos remos cortos de madera.

Antes había saltado de balsa en balsa, tratando de agarrar una que no cayera en el hueco de bordes filosos que dejó en el casco del buque uno de los torpedo del submarino británico HMS "Conqueror".

—Anduve como en 5 o 6 —cuenta Mené, que estaba mojado porque cuando el comandante del "Belgrano" dio la orden de abandono, él saltó y cayó al lado de la suya.

También vio cómo las antenas del crucero se llevaron algunas balsas para abajo y hasta hoy no sabe si estaban con gente o si alguna logró volver a la superficie.

Mené tenía 18 años y había llegado a la Base Naval Puerto Belgrano desde el El Carril, un pueblito de Salta que tenía menos de 4.000 habitantes en el medio de la provincia.

En 1981 quiso entrar a la Armada, pero no pudo. Igual, a fin de ese año le tocó la conscripción.

—Salió un tren hasta Bahía Blanca que tardó casi 2 días de viaje —recuerda—. En el mismo vagón del tren nos cortaron el pelo.

Al Centro de Incorporación de Conscriptos de Marinería Campo Sarmiento llegó a la madrugada. El viento silbaba entre los pinos, mientras tomaba un mate cocido. Si le hubiera tocado la posibilidad de aprender el oficio de enfermero, como él quería, lo hubieran mandado a Mar del Plata. Pero el destino le dio esa carta a quien estaba antes que él. Y entonces le tocó la Tercera División de Artillería del crucero.

La mañana del sábado 1º de mayo, día anterior al hundimiento del "Belgrano", Mené estaba en la cubierta principal participando del traspaso de combustible en altamar desde el buque tanque "Puerto Rosales", cuando por los difusores se ordenó zafarrancho real.

—Fui a mi puesto de combate antiaéreo —Mené sintió la guerra de cerca. Pero la alarma cesó cuando el avión que se aproximaba finalmente se identificó como argentino.

Hasta que llegó el 2 de mayo a la tarde:

—El impacto me agarró yendo para el sollado de cadetes. Me tiró, se apagaron las luces, se escuchaban gritos de auxilio y nada más sentía el olor del humo, intoxicante. Me salvó una luz de una linterna. La seguí y llegué hasta una escalera.

Así empezó a subir cubiertas, hasta llegar a la principal, donde ya todos estaban cerca de sus balsas asignadas. La de Mené, la número 20, no estaba; algunas habían caído al agua después del ataque submarino y otras se pinchaban con el hueco en el casco.

Mené vio heridos, quemados, gente empetrolada y algunos náufragos que no pudieron subir a ninguna balsa. La que finalmente logró abordar estaba con su capacidad colmada.

—Ya no cabíamos más —asegura—. Había un camarada agarrado que pedía auxilio y no lo podíamos subir. Cuando llegó la noche, no lo oímos más.

Otra balsa iba atada por un cabo, pero cuenta que tuvieron que cortarlo porque estaba pinchada y se podían ir todos a pique.

A las 3 de la tarde del lunes 3 de mayo vieron un avión sobrevolar la zona y le hicieron señales con bengalas. Y esa noche llegó cerca el destructor “Piedrabuena” que no los pudo rescatar.

—Nos levantó el "Bouchard". Cuando vi que era un buque argentino, ahí se me escaparon lágrimas. Lloré porque sentí que volvía a vivir.

El buque lo trasladó a Ushuaia. Llegó casi sin ropa, con frío, pero bastante bien como para que lo trasladasen en avión hasta la Base Aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca. Mené pasó los últimos días de su conscripción en la Escuela Naval Militar, en Río Santiago y después se volvió a su pueblo; quería estar cerca de su mamá.

—¿Qué me dejó el crucero? Algunas secuelas: insomnio, un poco de sordera en un oído y el orgullo de haber participado de la gesta de Malvinas. El 2 de abril y el 2 de mayo son muy importantes para mí —dice Mené, que ahora es un héroe en su pueblo natal, donde está casado, tiene 2 hijos y 3 nietos y trabaja en la Municipalidad.

Por Gustavo Pereyra de www.gacetamarinera.com.ar

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