La caída de un gigante-Inspectores, peones y poder

27/12/2013

Una mañana de septiembre, un vecino fisgón, utilizó su "manija" para denunciar que la vereda de la casa -alquilada- tenía un notorio deterioro que la perjudica.

A las horas, oficioso, un "inspector" de veredas, notificaba petulante y de modo patoteril que estábamos obligados a arreglar la vereda, cuya rotura se originó del levantamiento que la raíz de un hermoso y añejo fresno, provocaba, avanzando incluso sobre las cañerías mismas de la vivienda que data, por lo menos, del año 1900. Emplazada a las puertas de la zona que divide el antiguo "bajo" salteño - umbral del prostibulario citadino- y el centro comercial de la ciudad, la casona de 220mts cuadrados, aun sobrevive como un monumento de aquellos viejos vecindarios que poblaban la Salta colonial.Pero retornando a los oficios de un vecino entrometido, cuento que luego de ser notificados los propietarios de esta vivienda ocasional, por el estado de la vereda que en breve verá la hora final de sus lajas de antaño, se procedió a solicitar la erradicación del imponente fresno que en su crecimiento milenario, arrastraba la calzada desde el cordón y hasta la pared de la casona.

Ante esto, la propia autoridad municipal, dispuso proceder a sacar el árbol, orden que demoró 30 días en habilitar y de allí otros 60 días en concretar.Hemos visto nacer un pichón de torcaza sobre esa copa del árbol y no fue poca mi tristeza al notar que iba cayendo en una agobiante mañana de diciembre, luego de la navidad.Para esta tarea, llegaron ante el fresno reverdecido, un grupo de tres hombres de aproximadamente 60 años, gente de trabajo duro que vestía esa ropa raída y parchada propia del obreraje que poco tiene para reponer, las pilchas del trabajo. Los pies con unas botas que a vista se mostraba como el más ordinario de los calzados, sin la punta de acero que requiere la prevención de manipular elementos pesados.Estos cansados, sudorosos y apenas erguidos hombres, contaban que el manejo de las herramientas pesadas era la forma de ganarse la vida que habían encontrado los tres -jubilados- que no podían abandonar la "cuadrilla" de la sección medio ambiente de la municipalidad, pues es tan sacrificada la labor y tan poco reconocida -hasta en los enseres de trabajo- que nadie estaba dispuesto a ser asignado a reemplazar a estos pobres.

Mientras maniobraban entre ramas, tronco y cables, la sed les ganaba a sus fuerzas y sin tener dinero para comprar una botella de agua mineral, tocaron la puerta de casa, clamando por un poco de fresco líquido elemento. A la hora y luego de evitar la desgracia que rozó a uno de ellos, mientras el pesado tronco caía a la calle, airosos de lo conseguido querían brindar con una gaseosa fría, la que convenientemente invité a estos héroes de lo cotidiano. Un sol implacable, una mañana posterior a la navidad, un lugar difícil de estar por el intenso tránsito que hay en la zona... hacía que esta muerte digna del fresno, mereciera un poco de sabor para mitigar la pena que da la caída de un gigante.

Antes de marcharse con sus manos dolientes, el hachador, cercenó el tronco en varios pedazos similares: "doña el árbol le va a quedar como banquitos, para que ponga sus macetas con más plantitas. Para el fondo doña... así no lo va a extrañar tanto. Se la nota apenada" dijo quien con una sierra eléctrica había tenido la consideración de observar mi rostro lleno de culpa y dolor."Gracias, no hacía falta..." le dije para no ser insensata con quien había puesto un esfuerzo físico enorme y sin tener las herramientas adecuadas que lo protegieran, más que esa deidad que resguarda a quienes los jefes insensatos dejan por la "buena de Dios", entendiendo que el único socialista real en esa relación es la divinidad, claro está.Antes de irse, quise compartir algo de lo que había en casa y se me ocurrió la tradicional sidra -devenida de la caja que en el trabajo le entregaron a mi marido, por estas fiestas- y partió a ellos una bebida fría, la que destaparon inmediatamente para brindar conmigo por el buen trato -aunque creo que lo hicieron para que no llorara delante del árbol astillado- después solo me despedí y volví a entrar a casa.Por unos minutos me calmé de esa mezcla de emoción y rabia que da en esto de cómo las decisiones trágicas, operan en lo cotidiano y en la simpleza de las domesticidades, indiferentes para muchos.

El inspector de árboles

A los minutos llamaron a la puerta, nuevamente. Grande fue mi sorpresa cuando encontré un muchacho joven de unos 30 años, acompañado por otros dos de igual condición que se trasladaban en una camioneta nueva con aire acondicionado y muy acorde a la impecabilidad de su vestimenta de oficina. "Señora soy el inspector de árboles, muéstreme la resolución para sacar el árbol que estaba en la vereda", dijo con voz de policía.Pensaba, mientras buscaba en el mar de papeles de mi escritorio el preciado documento, un inspector de árboles... luego de la búsqueda y consecuente hallazgo del papel, el que tuve a bien mostrar pues el joven en cuestión comenzaba a recitar un salmo relacionado con el "debería tener esto más a mano para mostrarlo más rápido cuantas veces se lo pidamos"... bla bla bla, entonces concluí que no era un inspector de árboles, sino más bien una GESTAPO, "yo trabajo con la funcionaria tal por cual" dijo como si su pertenencia política me hiciera cambiar de pensamiento ante su mala actitud sobre EL MANIFIESTO DE LA RESOLUCION DEL ARBOL.

Al terminar su dixit, acoté: "creí por un momento que lo había enviado el ministerio de Trabajo o el de Derechos Humanos, porque hace menos de diez minutos tres hombres, muy humildes... de sesenta años, jubilados, sin ropa adecuada para trabajos pesados y riesgosos, vinieron a cumplir con la orden emanada desde la propia municipalidad que ahora me exige dar cuentas por esa orden"

El inspector de árboles no demoró en decir "bueno es que un vecino se quejó por la poda del árbol y nos mandaron de urgencia porque es amigo de nuestra jefa".El gran problema de la humanidad es la soberbia que moviliza todas las torpezas que se cometen en nombre de una buena causa, claro esta es cada vez mejor en tanto no implique salvaguardar la vida de ninguna persona, porque está de moda ser "ambientalista" de las cosas y los animales sin ser "humanista" de los que nos rodean.

Una ciudad virtual

Pero esta historia no termina aquí, pues a los minutos de escribir esta anécdota de la muerte interrumpida de un fresno sobre las veredas añosas de Salta, un escuadrón de jóvenes, subidos en una camioneta anaranjada que decía "EMERGENCIAS" y perteneciente a la misma municipalidad, apareció por casa a "terminar con el trabajo", es decir, reducir la raíz de un tronco que ya no estaba. Esta vez, los hombres estaban vestidos con arnés, borceguíes reglamentarios, cascos y guantes. "Señora ya terminamos, por favor muéstrenos la resolución correspondiente y si tiene una copia, mejor" dijo el líder del grupo, ahora acompañado por un jefe que no estaba con el mismo uniforme y que por eso supuse que era el jefe.

Nuevamente, allí extendí una copia del citado documento, mientras veía cómo funciona las redes sociales que hacen aparecer ese vehículo nuevo, ese escuadrón de emergencias y todo lo que un mundo normal tiene, dentro de una administración centrada en las personas y no en las referencias partidarias.

Lamenté, ahora, por fin... la muerte de mi fresno, por la mocedad de una vereda, que por el antojo de un vecino mediante una llamada movilizó tres sectores distintos de la comuna. Ojalá este hombre tuviera alguna conocida en áreas socialmente importantes para mejorar la vida de los trabajadores.

Alejandra Paredes.Periodista

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