Francisco presentará en Brasil el Evangelio “social” de Jesús

19/07/2013

La visita que realizará al Brasil el Santo Padre entre el 22 y el 28 de este mes quebrará numerosos récords y marcará indeleblemente la historia de nuestra América Latina, que es la región con el mayor número de católicos en el mundo. El viaje -el primero de carácter internacional del nuevo Papa- se produce en momentos en que todos los indicadores socioeconómicos avisan que el surcontinente entero está atravesado por una creciente desigualdad social y un impresionante auge de las iglesias evangelistas.

Francisco llega en un momento en que el país recién está sacudiéndose la memoria de los masivos movimientos de protesta social contra la corrupción, los pésimos servicios públicos y sobre todo el aumento de la brecha entre ricos y pobres. El Papa, como argentino y latinoamericano, conoce bien a fondo estas injusticias sociales, pero ha manifestado repetidamente en estas semanas previas al viaje que no teme que alguna manifestación de protesta vaya a perturbar su visita. Así se lo hizo saber el domingo pasado al arzobispo emérito de San Pablo, Claudio Hummes, su amigo y vecino de puesto en el cónclave del pasado 13 de marzo.

El motivo principal del viaje de Francisco es presidir en Río de Janeiro la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), pero en ese marco visitará a los pobres de una favela, y también a enfermos en un hospital, recibirá presos, peregrinará al santuario de Aparecida y sobre todo se encontrará con jóvenes de todo el mundo, para presidir lo que suele ser llamado el “Woodstock católico”, que se celebra cada dos años en diferentes ciudades del planeta. Las autoridades brasileñas y el propio Vaticano prevén que unos dos millones de personas, la mayor parte provenientes de toda Sudamérica, asistirán a las jornadas católicas. Muchas de estas delegaciones de jóvenes ya han comenzado a llegar en ómnibus, como la multitudinaria delegación argentina, compuesta por alrededor de 50.000 muchachos y chicas, lo que sin duda contribuirá a configurar el primer gran acto multitudinario del papado de Francisco.

Si bien este evento había sido programado por su predecesor Benedicto 16 al término de la JMJ que tuvo lugar hace dos años en Madrid (España), la sorprendente renuncia en febrero del Papa Emérito y la elección en marzo del ex cardenal Jorge Mario Bergoglio, transformaron el carácter tradicional del encuentro global con los jóvenes. Francisco, quien se puso el nombre del santo de Asís para recordar que se necesita una Iglesia pobre, que ha denunciado la “tiranía del dinero”, “el capitalismo salvaje” y la “globalización de la indiferencia” ante el drama de los indocumentados, visitará en Río de Janeiro la favela de Varginha, en la zona de Manguinhos, pacificada el año pasado, donde tiene previsto un paseo a pie por una de sus calles y la visita a algunas familias del lugar. De esta agenda de actividades ha participado personalmente el propio Santo Padre, lo que ha llevado a varios expertos vaticanistas a sostener con énfasis que lo que en realidad se propone el Papa, más allá de adjudicar a los jóvenes un claro ministerio de “misioneros de la nueva evangelización en el surcontinente”, es profundizar lo que se ha dado en llamar su “Evangelio social”. El analista católico experto en temas sudamericanos Marco Politi dijo al respecto: “Creo que en Brasil proseguirá, profundizará y aclarará su Evangelio social. Desde que fue elegido denuncia las nuevas formas de esclavitud, la explotación, la desigualdad, la irresponsabilidad de algunas fuerzas sociales”.

Los encargados de la protección del Pontífice no excluyen de todos modos cambios a última hora en el programa por razones de seguridad, aunque se sabe que Francisco no está dispuesto a ejercer su papado desde un trono, lejos de sus fieles, sin ensuciarse con el “olor a oveja” de su rebaño, como suele decir a quienes lo visitan en Roma. Un dato importante de consignar es que Francisco, el primer Papa no europeo en siete siglos, que rechazó los lujos de los palacios del Vaticano y condena sin titubeos la riqueza y la falta de ética, evitó programar comidas oficiales con autoridades brasileñas y prefirió invitar a jóvenes y sacerdotes de base. Son, desde luego, gestos y palabras que suscitan expectativas en el continente y sobre todo en Brasil, el país con más católicos del mundo, con 123,3 millones, según el censo de 2010, donde los evangélicos (el 22,2% de la población) han tenido un crecimiento explosivo el, con 42,3 millones de personas, y donde los ritos afrobrasileños se mezclan sincréticamente con otros cultos, un fenómeno y un desafío que el ex cardenal Bergoglio conoce y ha estudiado a fondo.

El sacerdote Anselmo Chetti, máximo responsable en Roma de las oficinas centrales de la Agencia Fides, sostuvo ante este periodista que “seguramente también en ese marco se inscribirá un fuerte mensaje del Papa hacia las familias, como base fundamental e inamovible de cualquier sociedad”. “He percibido en el Papa -dijo el religioso- el alumbramiento de una nueva epistemología cristocéntrica, que considera al hombre, desde la familia cristiana, como un ser profundamente unido a la Creación a través de la Madre Tierra. De allí sus frecuentes llamamientos a la defensa del territorio y del medio ambiente, no como entelequias, sino como un valor sustantivo que confronta decididamente contra el llamado Nuevo Orden Mundial, que procura la disolución de las nacionalidades y que pretende desencarnar al hombre de su naturaleza espiritual y viceversa”.

Politi, por su parte, recuerda que Francisco fue relator del documento final de la reunión en 2007 del Consejo Episcopal Latinoamericano sobre los problemas de la Iglesia del continente cuando era el cardenal Bergoglio, y por ello es que supone que éste será el momento en que imponga decididamente el sello de su pontificado. “Vamos a ver si cumple o no con el protocolo, si evita los tradicionales discursos de bienvenida, con autoridades, etc. Todo eso serán señales”, explica Politi, que no excluye una suerte de reconciliación con la Teología de la Liberación, la corriente teológica nacida en América Latina y condenada severamente en la década del ‘80 por Juan Pablo II. “Francisco es un fruto inesperado de la Teología de la Liberación, porque es un representante de la llamada Teología Popular, que no es marxista ni politizada, pero que sí denuncia con fuerza los horrores de la miseria, la desigualdad y sus mecanismos económicos”, sostiene Politi. La paz con esa corriente teológica, con destacados pensadores como el brasileño Leonardo Boff, podría formar parte de la llamada revolución pacífica que el ex arzobispo de Buenos Aires comenzó hace cuatro meses con su famosa frase: “Cuánto quisiera una Iglesia pobre y para los pobres…”.

Domingo Schiavoni
(Vatican Information Service)

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