Salteño inverna en Orcadas
29/10/2012
El color que predomina cada vez que Elio Rolando Chauqui se asoma por la ventana es el blanco intenso, puro, inmaculado… el mismo color que en el Hospital Naval Puerto Belgrano su señora Nancy eligió para vestir a Tomás, el séptimo hijo de la pareja que nació en agosto.
Elio Rolando Chauqui es suboficial primero maquinista y está en la base antártica Orcadas en su primera invernada. Su esposa Nancy, junto a sus hijas Guadalupe (20), Laura (18), Antonella (16), Gabriela (15), Ivonne (6) y Martina (2) y el recién nacido, esperan su regreso en Puerto Belgrano, al sur de Buenos Aires.
La presencia ininterrumpida dela Argentinaen el continente blanco lleva 108 años, los mismos que cumplió, este verano, la base Orcadas. Como aquel primer día en el hielo, Orcadas sigue siendo el hogar de muchos científicos argentinos; hogar que los marinos dela Armada Argentinase encargan de mantener en funcionamiento todo el año.
A principios del ´91 Elio ingresó enla Armada, dos años antes de formar familia con Nancy, motivado por una mezcla de vocación y los comentarios de sus amigos que ya se habían iniciado en la carrera naval y lo incentivaron para que los acompañe.
Oriundo de Salta, dejó su provincia en busca de un destino signado por el mar. En ese momento tal vez no imaginaba que veinte años después sería el encargado de Máquinas de la base Orcadas, lo que implica mantener en funcionamiento los equipos que brindan los servicios básicos a la dependencia.
“Esta experiencia se da como consecuencia de ser un integrante dela Armada, institución que me brindó todas las posibilidades para realizar actividades que de otra manera serían imposibles de lograr. Para míla Armadaes la conjunción ideal de trabajo y vocación para lograr todos los objetivos.”
En esta tarea fundamental para Orcadas el suboficial no está solo ya que hay un equipo que lo acompaña y que está conformado por el suboficial segundo Hernán Rodríguez –según sus palabras, compañero incansable en todas las tareas–, el suboficial segundo Diego Fernández y el suboficial primero Daniel González.
“Por nuestras especialidades conformamos el grupo que se desempeña laboralmente en nuestro querido galpón 2, donde se concentran los talleres de reparaciones, máquinas y electricidad, lugar también donde se guardan los vehículos con que cuenta la base”, explicó Elio.
Un día antártico
“Nuestro día empieza con la maniobra de derretimiento de nieve para obtener agua potable para el consumo diario”, comenzó a explicar el suboficial Chauqui. “Esto nos consume gran parte de la jornada, ya que la misma --dependiendo del consumo-- finaliza bien entrada la tarde para los que están afectados en el día a esta actividad”.
A su vez contó que el horario del almuerzo convoca a todos los integrantes a compartir sus vivencias diarias, mientras que por la tarde las actividades se extienden desde las 15 y hasta las 18, lapso donde desarrollan diferentes tareas referidas al mantenimiento y reparación de los equipos de la base.
“Esta es mi primera experiencia enla Antártiday acá vivimos una situación de dependencia mutua con todos los integrantes, ya que en cierta forma dependemos de nuestros compañeros para seguir adelante y cumplir de la mejor manera la misión que nos encomendóla Armada”, aseguró.
Asimismo explicó que “debido a las condiciones climáticas, los cambios en las actividades van marcando el paso del tiempo y representan nuevas experiencias para nosotros. Sin ir más lejos, hace unos meses estuvimos con los botes navegando en las bahías y ahora podemos caminar sobre el mar congelado. Pero nuestra compañera incansable a pesar de todo es la paloma antártica que no nos deja solos, estaban ahí cuando vimos la partida del ‘Canal de Beagle’ durante el último repliegue y cuando poco a poco se fueron yendo los pingüinos y lobos que tenían su asentamiento en la isla”.
A Elio Rolando Chauqui lo marcaron a nivel personal las salidas al refugio Geddes, distante a unos21 kilómetrosde la base, para prestar apoyo a la ciencia con los guardaparques y biólogos durante la extracción de sangre de los petreles gigantes pichones. “Fue una experiencia única e irrepetible para mí, ya que pude tener en mis manos un pequeño ejemplar para luego entregárselo a los encargados de realizar la práctica”.
Más allá de la rica experiencia antártica, Elio aseguró que lo que más se extraña es la familia y amigos, “con quienes gracias al servicio de internet con que contamos mantenemos comunicación telefónica o por videollamadas a diario, lo que aporta mucho a nuestra tranquilidad y hace mucho más llevadera la estadía”.
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