Alto nivel de reflexión y lucidez en el encuentro con Lucrecia Martel
17/11/2010
Con enorme convocatoria se realizó el encuentro con Lucrecia Martel, en la novena edición de Diálogos - Ciclo de Entrevistas Culturales, el lunes pasado en el Hall de la Casa de la Cultura. La cineasta mostró su faceta más íntima, personal y crítica y respondió con soltura y apertura las preguntas de los presentes, en una edición que se extendió por casi dos horas.
El inicio estuvo a cargo del subsecretario de Cultura de la Provincia Claudio García Bes, quien manifestó: “este es un Ciclo de la Secretaría de Cultura en donde rendimos homenaje a los salteños que se han destacado con su obra. Desde mi perspectiva, Lucrecia es una perspicaz observadora de lo cotidiano, que sabe conjugarlo en su lenguaje poético y expresarlo con éxito.”
Durante la entrevista, Martel reflexionó sobre la idiosincrasia salteña, la familia, sus afectos, su niñez en épocas de dictadura, la educación, la herosexualidad como norma y los avances en materia de derechos para homosexuales de este último año, el feminismo, Internet, la piratería de las películas, el poder, las razones que la llevan a hacer cine, el proceso de escribir un guión, la selección de actores en un casting, entre innumerables temas.
Patricia Patocco inició la entrevista preguntándole si extrañaba Salta y si quería volver a radicarse aquí, a lo que Martel respondió que sí y expresó: “Como me fui joven, todos mis amigos de juventud los hice afuera. Yo siempre pienso en vivir en Salta, porque extraño mi familia. Pero cuando pienso en Salta, siempre sueño con una habitación especial para los huéspedes, para recibir a mis amigos.”
Martel confesó que su motivación para hacer cine, parte de compartir algo con sus más allegados, con su comunidad: “Cuando imagino la repercusión de mis películas en la gente, la imagino en el mundo de los afectos que conozco. Porque uno hace cine porque quiere compartir algo. A mí me critican que yo escribo para que la gente no me entienda. No es así. Hay varios cineastas, que como yo, entienden que no hay que repetirle cincuenta veces las cosas a la gente para que las entiendan. Yo no subestimo al público.”
“Escribir un guión es un proceso de escritura un poco técnico. De hecho, a mí me ofrecieron publicar los guiones en una colección de literatura y yo dije que no. No me voy a arriesgar a esa locura, porque es algo elíptico.”, explicó acerca de la elaboración del guión.
Sobre la relevancia que le da a la vida familiar en las películas, manifestó: “Tengo seis hermanos. Estoy bastante entrenada en la vida en familia. Teníamos una cámara de video y la usé muchísimo. Y me gusta hablar en mis películas sobre la familia porque es el escenario fundamental de todas las personas, donde se cocinan las mejores y peores cosas. Cuando uno logra verlo en detalle, entiende todo lo que sucede en la sociedad.”
El proceso de selección de los actores fue uno de los temas más interesantes: “Cuando hacemos un casting no voy a probar el talento de las actrices, sino buscar a una actriz que proponga algo que también a mí me ilumine acerca del personaje. En La Cienaga no había gente que quisiera participar en los casting porque a los actores consagrados les cuesta mucho pasar por ese proceso, por cómo está planteado. En cambio en La Mujer Sin Cabeza, hubo muchos actores que se acercaron trayéndome propuestas. Cada persona que uno convoca para una película transforma la película. Lo que uno busca es descubrir algo de la materialidad de ese ente abstracto que es el personaje. Por ejemplo, para La Niña Santa, seleccionamos 24 de 1400 actrices y las dividimos en pares para trabajar sobre la pareja protagónica de niñas. Cada vez que uno prueba actores para un mismo rol, la película se trasforma. Y tanto, que a veces me quedo con la curiosidad de saber cómo hubiera resultado con otros actores.”
“Creo que mi generación sufrió la devaluación de la palabra porque fuimos niños de la dictadura y todo lo que se decía ocultaba algo, aunque no estuviéramos en familias que sufrieran directamente. Creo que mi generación tiene problemas con la verosimilitud de la palabra. Todo eso que parece episodios muy lejanos o cosas de “zurditos” afectó a todo la sociedad”, reflexionó.
“La salteñidad ¿Quién la define? Hay tobas, hay comunidades gay. También ellos son salteños”, cuestionó cuando se le preguntó su visión de la idiosincrasia salteña.
“La educación tiene una parte extraordinaria de revelación y una parte muy extraordinaria de domesticación y estupidez. Toda educación pretende. Es una sociedad de adultos que pretende algo de los niños. Así que es una obligación de cualquier ser humano, que es lo que define nuestra existencia, reflexionar sobre lo que recibimos y pelear contra eso”, declaró la directora.
Acerca de su apoyo a la ley de matrimonio igualitario, Martel reveló: “Cuando escuchaba los argumentos de nuestros representantes, me vi obligada a intervenir, por vergüenza. Para muchos, soy “La Salteña”, así que consideré que tenía una responsabilidad en este tema. Los senadores de otras provincias estaban muchos más preparados y tenían argumentos mucho más reales. ¿Qué les pasó a los nuestros? No digo solo que hayan estado mal asesorados. No tienen Google. La exclusión de alguien porque no sigue el camino de la heterosexualidad es tan absurda. La cosa es simple, y esto no lo digo yo, lo dice Spinoza. En materia de leyes, cuando uno no sabe, hay cosas que ayudan a decidir. Si una ley posibilita la felicidad de más gente, es buena. Y éste era el caso.”
“Para mí, lo político pasa por el cine. Toda mi generación sentía lo político como una cosa ajena. Y eso restringe mucho el sentido de felicidad de una persona. Si uno busca la felicidad para más gente, el sentido de la vida se vuelve más amplio e inclusivo,” respondió Lucrecia Martel, casi en el cierre de uno de los encuentros más ricos y nutritivos que dio el Ciclo Diálogos. “La cultura es heterogeneidad, es respeto a la heterogeneidad. Tenemos que proteger la diversidad de nuestra provincia. Eso es hacer cultura.“
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