La Sinfónica ofrecerá un concierto gratuito en la Catedral

18/11/2012

El jueves 22, a las 21, la Orquesta Sinfónica ofrecerá un concierto gratuito, en homenaje al Día de la Música, en la Catedral Basílica de Salta. Bajo la dirección de Jorge Lhez se interpretará a Max Bruch y John Rutter, y participará el Coro de Cámara de la Universidad Católica de Salta y destacado solistas.
Se interpretará en primer lugar Doble Concierto en mi menor Op. 88 para clarinete, viola y orquesta de Max Bruch con Alberto Lepage en viola y Eugenio Tiburcio en clarinete. Luego, Magnificat de John Rutter junto a la soprano Daniela Tabernig y el Coro de la Universidad Católica de Salta.

Sobre las obras *

Max Bruch prácticamente es recordado por una sola obra, el Concierto para violín, a pesar de haber escrito en todo el espectro de género músical: desde sinfonías cruzando por óperas, conciertos y obras de cámara. El doble concierto que nos convoca fue escrito en 1911, a los 73 años junto con su hijo Max Félix, un distinguido clarinetista. Si nos situamos en la época los perfiles melódicos-expresivos del compositor entroncan en línea directa con Schumann y Mendelssohn, un tanto anacrónica y fuera de lugar si se piensa en la música de vanguardia que se creaba en ese momento (Bartok, Stravinsky, Debussy). Pero la obra tiene perlas melódicas, en donde los instrumentos se complementan perfectamente. Para entender esta obra es bueno remitirse a una anterior, las piezas Op. 83 en donde la versatilidad de la orquesta es puesta al servicio del piano, pero con el propósito explicito de explotar las posibilidades expresivas y matices del clarinete y la viola en dueto. Bruch no sigue el estándar convencional de concierto rápido-lento-rápido, sino en donde cada movimiento es más rápido que el anterior. El concierto consta de tres movimientos, con la viola en la apertura del Andante con moto en un tipo de recitativo, seguido por el clarinete, y luego los dos solistas alternándose su protagonismo, luego un Allegro moderato y un animado Allegro molto dominado por un ritmo de tresillos con pasajes comprometidos y enmarañados para ambos instrumentistas. En suma estamos ante una obra atractiva aunque poco demandada desafortunadamente, breve, (menos de 18 minutos), con una genética que se puede rastrear en las sinfonías concertantes del siglo XVIII más bien que del concierto virtuoso del siglo XIX. Una música que puede sonar conservadora en forma y armonía, pero que refleja meditación profunda y tesoro melódico.

El pasaje de Lucas (capítulo 1, versículos 46-55) en donde María expresa alegría, confianza y efusividad al saber que iba a dar a luz al Hijo de Dios es conocido como Magnificat, un texto que ha servido de inspiración a incontables compositores. Rutter mismo explica su visión del texto cuando confiesa que encontró su punto de inspiración en la interpretación que hacen del pasaje, países latinos como España o México, en donde los días de fiesta a la Virgen son oportunidades para celebrar con cantos, bailes y procesiones. Rutter afirma: “Estas imágenes de celebración al aire libre estaban, creo, en algún lugar de mi mente mientras escribía, aunque no era plenamente consciente del hecho”. Aparentemente la inspiración inicial de John Rutter para escribir su Magnificat fue la obra maestra de J.S. Bach. (...)

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