Un Quijaneño en Chipre

A su regreso al país, luego de su participación en la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre, este salteño de pura cepa destaca el vínculo que formó en estos 6 meses con personal de Fuerzas Armadas argentinas y de otros países. Habló de su carrera Naval y de su querida ciudad natal.

BASE DE INFANTERÍA DE MARINA.

En Campo Quijano Salta, a José Liendro lo espera una personita muy especial, a quien durante 7 meses extrañó muchísimo. Xiomara de 2 años, aguarda el ansioso reencuentro con su papá.

El Cabo Primero infante de Marina, José Alejandro Darío Liendro, retornó al país hace unos días luego de ser parte de la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre. Como motorista, su función fue patrullar la track (ruta) dentro de la zona de amortiguación (buffer zone) en la base patrulla PB18.

En la Compañía Alfa del Campo Roca estuvo destinado con otros infantes de Marina de la Armada Argentina, aunque la mayoría de ellos estaba en Campo San Martín –otro de los destinos donde va el personal en el marco de la misión–.

“Mi interacción con personal de las otras Fuerzas Armadas de Argentina y de otras nacionalidades fue muy buena, hice buenos compañeros tanto en CAECOPAZ – Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto Para Operaciones de Paz donde se reúnen los integrantes de cada Contingente previo al viaje– como durante estos 6 meses. Eso ayudó a que el tiempo pasara rápido”, dice con una serenidad que lo caracteriza.

Respecto de cómo llegó a ser destinado para ir a la isla de Chipre, José cuenta que se anotó como voluntario para misiones de paz. Le habían concedido una comisión a Haití, pero finalmente cesó la participación de la Armada en esa misión y cuando le dieron la noticia de Chipre, se sorprendió.

“Estaba en Baterías con el Batallón de Comando y Apoyo Logístico de la Fuerza de Infantería de Marina de la Flota de Mar al que pertenezco, y me avisaron que me iba. Al principio no lo creí, hasta que vi la lista. Me embargaron un montón de sensaciones, alegría, ansiedad, satisfacción”, contó.

Campo Quijano siempre con él

Luego de la misión cumplida, José desea volver a Campo Quijano donde además de su hijita, lo esperan sus padres, sus cinco hermanos, sus amigos del barrio y del colegio secundario “Ingeniero Maury”, sus vecinos. Con sus compañeros de colegio sigue en contacto gracias a las redes sociales y cuando visita su ciudad natal, “siempre charlamos y nos juntamos a compartir con las familias”.

Respecto de su ingreso a la Armada, José cuenta que con su padre –Suboficial Principal retirado de Fuerza Aérea– y su hermano mayor –Suboficial Primero sonarista de la Armada– estaban caminando por la ciudad de Salta cuando “por curiosidad entré a la Delegación Naval”. Y también por curiosidad, eligió ser infante de Marina, “estoy muy conforme con los logros que voy alcanzando y de los lugares en los que estuve”.

El joven marino salteño cuenta que extraña las comidas tradicionales de su provincia como el locro y las empanadas; y también el folclore. José, baila saya caporal –un baile que fusiona elementos africanos, aymaras y españoles liderado por una voz cantante– y participa asiduamente de peñas con la Asociación de Residentes Jujeños y la Agrupación Fuerza Norteña, de Punta Alta, ciudad al sur de la provincia de Buenos Aires donde vive hoy.

Jactancioso de sus raíces, también le gusta participar de la festividad de la Virgen María de Urcupiña, que lamentó este año no haber podido asistir por su comisión en Chipre. De todos modos, destacó haber tenido la gran oportunidad de trabajar en otro país, conocer a su gente y sus costumbres, así como el orgullo de haber llevado a más de 12.000 kilómetros de distancia, a su querido Campo Quijano con él.

Gaceta Marinera

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