La Economía del Conocimiento como indicador de Desarrollo

Las regiones más avanzadas son las que más invierten en I+D: Asia36%, Estados Unidos y Canadá 30%, y Unión Europea 26%; mientras que América Latina aporta el 3,5% y África el 1%.

El Director Ejecutivo de la Fundación Sales, Arturo Prins, participó del panel sobre los “Desafíos en la promoción de I+D en Latinoamérica”, durante el VIII Seminario Latinoamericano sobre “Innovación y Salud”, organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo de la Industria Químico-Farmacéutica Argentina (CEDIQUIFA) y la Asociación de Derechos Intelectuales (ASDIN).

Durante su ponencia, tras recordar que Fundación SALES desde hace más de 40 años financia a científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)en investigaciones para la cura del cáncer que tienen repercusión internacional, recordó que en 1963 la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), definió a la I+D (Investigación y Desarrollo) como el proceso de Investigación básica y aplicada de las universidades, más el Desarrollo experimental de empresas que producen alto valor agregado, es decir, tecnologías que generan riqueza, crecimiento y desarrollo.

A partir de esto, la I+D pasó a constituir un indicador clave del desarrollo de un país. De allí que se considere que cuando la inversión en I+D – suma de recursos que aporta el Estado más las empresas privadas – es menor del 1% del PBI se está frente a una economía débil.

En América Latina, el único país que logró pasar ese porcentaje fue Brasil, con 1,2%, lo cual demuestra la ausencia de promoción de la I+D en nuestro país, esto es la falta de implementación de una economía del conocimiento.

Actualmente, los países que más invierten en conocimiento tienen las economías más desarrolladas: Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Corea del Sur, etcétera.
Si observamos la participación de cada región en inversión en I+D:
– 1° Asia, el 36% del total mundial
– 2° Estados Unidos y Canadá, con algo más del 30%
– 3° Unión Europea,el 26%
– 4° América Latina, el 3,5%
– 5° África, 1%

Los países avanzados atraen científicos, promueven fondos para sus investigaciones y protegen las innovaciones porque consideran al conocimiento como un valor académico y cultural que posibilita y promueve el desarrollo, destacó Prins.

La importancia de las Patentes en la protección del conocimiento
Es a través de lasPatentes que la economía del conocimiento protege el conocimiento innovador.
En América Latina existe una gran falencia en este sentido, planteó Prins, dado que la mayoría de los países no protegen su capital intelectual. Las estadísticas demuestran que ningún país de la región posee un número de patentes que se acerque al de las naciones desarrolladas.

Dio el ejemplo de los Estados Unidos,que tienen un récord de casi 300 mil patentes solicitadas por año, tanto por empresas como por instituciones académicas, mientras que toda América Latina tiene 11 mil. El país que más solicitó fue Brasil con casi 8 mil, mientras que la Argentina requirió sólo 500.

Cuando los científicos publican sin protección legal, otros países aprovechan estas innovaciones.
En un estudio publicado en Journal of Technology Management &Innovation (2012, Vol.7), los profesores de la Universidad Nacional de Quilmes Alberto Díaz, Darío Gabriel Codner y Paulina Becerra seleccionaron una muestra de 14 científicos calificados en biomedicina de esa universidad y comprobaron que sus investigaciones habían sido apropiadas en el extranjero. Identificaron 52 familias de patentes (conjunto de patentes de origen común) otorgadas entre 1999 y 2010 a empresas e institucionesextranjerasgracias a los avances publicados – pero no patentados – por varios de esos 14 científicos argentinos seleccionados para el estudio.

Alrededor del 53% de las patentes fueron apropiadas por laboratorios multinacionales para la producción de nuevos fármacos; aproximadamente el 30% lo tomaron instituciones científicas de países desarrollados y el 13%, inventores individuales que podrían comercializarlas. El estudio definió el hecho como “fuga ciega de conocimiento” pues no fue percibida por la UNQ, o como “inteligencia regalada” por el subsidio indirecto del sector público argentino a empresas e instituciones extranjeras. Concluyen que si este hecho sucedió en una universidad, seguramente ocurre también en el resto de las instituciones de ciencia y tecnología de la Argentina.

Las grandes universidades del mundo exigen a los científicos que informen a sus oficinas de propiedad intelectual sobre los trabajos que van a publicar, para prever su protección. Harvard tiene normas sobre el particular desde 1934 y las actualiza permanentemente para asegurar sus regalías, los beneficios a los científicos y al público que accede a sus innovaciones a costos menores.

La Universidad de Buenos Aires – UBA, la institución académica que destina más fondos a investigación en la Argentina, con centenares de trabajos publicados por año en ciencias duras, solamente solicitó 39 patentes en 40 años (1973-2013), o sea un promedio de menos de una por año.
El Instituto Pasteur de París, uno de los mayores centros científicos de Europa, creado en 1888, tiene en su haber 5758 solicitudes de patentes para proteger 1752 innovaciones. La UBA, creada en 1821, no llega a un centenar de solicitudes.

Del total de solicitudes de patentes que se hacen en la Argentina, el 84% son de empresas extranjeras con filiales en la región y sólo el 16% de empresas nacionales.

Del panel participaron también Jorge Aguado, Secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Sergio Rodríguez Soria, Director de Innovación, Ministerio de la Producción de Perú; Miguel AngelBlesa, Presidente de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias; Bruno Reynols, Oxford University Innovation y Ruth Alexandra Lockward, Directora de ONAPI, República Dominicana.

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