Rusia puso los ojos en los cielos de Tolar Grande
26/08/2010
A tres semanas de lanzado el primer observatorio astronómico que comenzará a instalar allí el Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE) de Córdoba, dos connotados científicos rusos relevaron un sitio próximo en el cordón del Macón, a 4.600 metros de altura sobre el nivel del mar, con el interés puesto en instalar otro complejo telescópico.
Vladimir Agapov e Igor Molotov, investigadores seniors del Instituto de Matemática Aplicada de Moscú, llegaron a Buenos Aires el domingo 22, embarcaron a Salta al día siguiente y se instalaron desde el martes último en las estribaciones de Los Andes donde proyectos astronómicos de notable envergadura comienzan a pedir pista.
Nuevos horizontes
Los impensados horizontes se abrieron en Tolar Grande tras los estudios de caracterización que encomendó la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral (ESO) en esa zona que hasta abril apareció como firme candidata para la instalación del telescopio más grande del mundo: el E-ELT. En la elección final la dilatada relación de la ESO con Chile inclinó la balanza en favor de Atacama, pero el Macón quedó confirmado como sitio ideal para observaciones estelares.
El propio IATE tomó la punta con el primer proyecto y hoy, a su regreso desde Tolar Grande, los dos renombrados miembros de la Academia de la Ciencia de Rusia avanzarían con el referente de Ciencia y Tecnología de la Provincia, José Germán Viramonte, en una carta de intención con miras a la instalación de un segundo observatorio, en este caso perfilado hacia el estudio, identificación y seguimiento de asteroides y objetos artificiales que orbitan la tierra.
Peligrosa chatarra
El Instituto de Moscú al que pertenecen Agapov y Molotov, en efecto, opera una de las mayores redes internacionales de rastreo y seguimiento de la denominada chatarra o basura espacial, un problema que plantea crecientes riesgos, preocupaciones y desafíos. La red ISON es un reconocido sistema de observatorios que funcionan integradamente en distintos hemisferios. Y el centro científico que la gestó y la opera no es menos renombrado, ya que no es otro que aquel que en 1953 inició en la ex Unión Soviética las investigaciones pioneras en la carrera espacial.
Desarrolló, por citar uno de los hitos hacia la conquista del cosmos, el método de descenso balístico para naves espaciales que se usó el 12 de abril de 1961 para permitir el regreso del primer astronauta, Yuri Gagarin, a la Tierra.
Los dos científicos que en la mañana de hoy se reunirán en la sede de la Fundación Capacitar del NOA con Viramonte y el director del IATE, Diego García Lambas, son los creadores y máximos responsables del Proyecto Pulkon, que incluye tanto a la red internacional ISON como al sistema de radiotelescopios de baja frecuencia LFVN.
La semana pasada, previo a su viaje a Salta, ambos científicos rusos rubricaron acuerdos con los gobiernos de Brasil y Venezuela para la instalación de dos observatorios en esos países. Contando el que ya fue emplazado en Tarija (Bolivia) y el que se espera ver materializado en Tolar Grande, el Proyecto Pulkon pasaría a contar con cuatro complejos integrados en Sudamérica.
La basura de la conquista del cosmos
La basura espacial genera cada vez más preocupación y riesgos de colisiones en la órbita terrestre, donde grandes despojos de cohetes, satélites en desuso y hasta diminutos fragmentos de explosiones suponen una mayúscula amenaza en su errático curso a velocidades de hasta 50 mil kilómetros por hora.
Desde la pasada década se sucedieron varios incidentes de cuidado a causa de la ingobernable chatarra que acrecienta la inseguridad de los satélites en servicio a medida que se multiplican los peligrosos desechos orbitales que dejan las misiones lanzadas al espacio.
Este problema, que plantea difíciles y costosas soluciones, encuentra hoy a más de una agencia científica de Europa y Estados Unidos empeñada en observaciones e investigaciones preventivas. Algunos de estos estudios, como los que se desarrollan a través de red ISON, incluyen acuerdos de cooperación internacional para identificar, medir y realizar un seguimiento de objetos detectados con radares y telescopios ópticos en órbita baja de la tierra, e incluso más allá de la órbita geoestacionaria.
Las explosiones de etapas superiores de los cohetes lanzados desde distintos países es la mayor fuente de basura espacial. Se estima que orbitan la Tierra cerca de 100 toneladas de fragmentos desprendidos de unas 200 explosiones. En la actualidad se tienen catalogados unos 10.000 objetos artificiales, aunque esa cantidad se multiplica por cinco con la estimación de los fragmentos mayores a un centímetro.
Cómo opera la red
La red internacional ISON tiene más de 30 telescopios en 20 observatorios emplazados en ocho países de distintos hemisferios. Con estos sistemas rastrea objetos que orbitan la tierra, como así también asteroides, y suministra información gratuita para su análisis científico y otras aplicaciones.
La organización nació en 2001, a partir de un programa de investigación del Instituto de Matemáticas Aplicadas de Moscú y de la mano de connotados miembros de la Academia Rusa de Ciencias, como los que relevaron en Tolar Grande el posible sitio de emplazamiento de un nuevo telescopio -integrado al sistema ISON- en las alturas del Macón.
Los observatorios de la citada red internacional están instalados en Rusia, Georgia, Ucrania, Moldavia, Tayikistán, Uzbekistán, Italia y Bolivia. En el país vecino, el renombrado instituto científico de la Federación Rusa instaló un moderno complejo astronómico en la localidad de Tarija.
(El Tribuno)
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