Dos investigadoras de la Universidad Nacional de Salta analizan cómo el Milagro construyó la identidad salteña

09/09/2026

Cada septiembre, miles de personas llegan a la ciudad de Salta después de caminar durante horas o incluso días. Peregrinan, cumplen promesas, acompañan a familiares y vuelven a encontrarse con una tradición que atraviesa generaciones. Pero ¿qué cuentan esas personas sobre la sociedad salteña? ¿Qué transformaciones se producen en el territorio durante esos días? ¿Y cómo una devoción nacida hace más de tres siglos logró mantenerse vigente hasta la actualidad?

Para Daniela Andrea Nava Le Favi, doctora en Comunicación y docente investigadora de la Universidad Nacional de Salta (UNSA), el Milagro puede ser estudiado más allá de su dimensión estrictamente religiosa. Desde sus investigaciones —iniciadas en su tesis de licenciatura y continuadas en su doctorado y estudios posdoctorales— analiza la celebración desde una perspectiva comunicacional y sociosemiótica, en diálogo con la historia, la sociología y la geografía.

La investigadora propone entender al Milagro como un “dispositivo comunicacional y cultural donde se articulan identidades, territorialidades y temporalidades”. En ese marco, las peregrinaciones no son solamente desplazamientos físicos; también son formas de expresar historias personales y familiares, promesas, memorias y maneras de habitar la ciudad.

“No solamente se juega la fe y la creencia, sino un estatuto de ciudadanía, la necesidad y el querer ser vistos y oídos”.

La frase permite mirar las peregrinaciones desde otra perspectiva. Durante los días del Milagro, personas y comunidades que habitualmente tienen una presencia menos visible en la ciudad ocupan el espacio público, hacen escuchar sus voces y ponen en circulación sus propias trayectorias.

Una historia que comenzó hace más de tres siglos

Para comprender la fuerza que adquirió esta celebración es necesario volver al origen. La historiadora Telma Liliana Chaile, graduada de la Facultad de Humanidades de la UNSa, doctora en Historia por la Universidad Nacional de La Plata e integrante del ICSOH, instituto de doble dependencia entre la UNSa y el CONICET, explica que la devoción nació a fines del siglo XVII.

La devoción del Milagro nace en el año 1692, a fines del siglo XVII, en el mes de septiembre, y está claramente asociada a un fenómeno natural; los movimientos sísmicos, los terremotos”.

El terremoto ocurrió el 13 de septiembre de 1692 y tuvo una intensidad VII en la escala de Mercalli, de acuerdo con los registros históricos del INPRES. El epicentro se ubicó en Esteco, aunque el movimiento se sintió con fuerza en la ciudad de Salta y en otras ciudades de la Gobernación del Tucumán.

Los registros de la época son escasos; existen solamente tres fuentes escritas que hacen referencia a lo ocurrido. Una de ellas relata que, después del terremoto, el sacristán Juan Ángelo de Peredo y su ayudante Pedro de Montenegro ingresaron a la Iglesia Matriz y encontraron la imagen de la Limpia y Pura Concepción caída de su nicho, pero prácticamente sin daños. La corona había quedado a un costado y la imagen se encontraba mirando hacia el Sagrario.

A partir de ese acontecimiento se desarrolló una serie de prácticas religiosas y comunitarias. Las imágenes fueron sacadas de los templos, llevadas al espacio público y posteriormente incorporadas a procesiones. En aquella sociedad colonial participaron españoles, afrodescendientes —libres y esclavizados—, indígenas y representantes del clero secular y de distintas órdenes religiosas.

“Pensemos en una sociedad en la que había españoles, afrodescendientes, algunos libres, otros esclavos, personas esclavizadas, indígenas, y los sacerdotes (…) participando de la situación”.

Para Chaile, ese contexto permite comprender que el Milagro no surgió únicamente como una práctica individual de fe. Frente a una situación crítica, el ritual religioso se convirtió en una forma colectiva de interpretar lo sucedido.

La religión fue central en ese momento para tratar de explicar una situación, para darle sentido a un terremoto, a un movimiento imprevisto”.

Con el paso del tiempo, esos acontecimientos fueron dando lugar a una tradición que se incorporó a la identidad de la sociedad salteña y que fue transformándose junto con ella.

Un territorio que cambia con el Milagro

Tres siglos después, aquella relación entre acontecimiento, ritual, comunidad y territorio continúa presente, aunque bajo nuevas formas. Las peregrinaciones masivas, la organización institucional para recibir a quienes llegan desde distintos puntos de la provincia, la cobertura de los medios y, más recientemente, la incorporación de tecnologías digitales, modificaron las formas de participar y comunicar la celebración.

Para Nava Le Favi, el espacio público adquiere durante septiembre características particulares: “El espacio público se transforma durante el tiempo del Milagro; se habilitan otras trayectorias, otras biografías y otras formas de estar presentes, visibles y audibles”.

En ese territorio temporalmente transformado aparecen también diferentes maneras de vivir la devoción. La investigadora señala que, además de la matriz católica que suele ocupar el centro de los discursos públicos y mediáticos, existen otras experiencias vinculadas con memorias familiares, religiosidades andinas y distintas formas de relacionarse con el cuerpo, la salud y el territorio.

La pandemia también marcó un punto de transformación, cuando las prácticas religiosas incorporaron la virtualidad y las transmisiones digitales como nuevas formas de participación y visibilidad. Al mismo tiempo, surgieron y se consolidaron nuevas motivaciones para peregrinar, entre ellas aquellas vinculadas con la salud y el cuidado del cuerpo.

Así, el Milagro conserva elementos centrales de su identidad, pero también incorpora nuevas prácticas, discursos y tecnologías.

El recorrido que une la investigación histórica con la mirada comunicacional permite observar una continuidad; desde aquel terremoto de 1692, en el que una sociedad atravesada por el temor recurrió a rituales para interpretar y enfrentar una situación crítica, hasta las actuales peregrinaciones, en las que miles de personas vuelven a ocupar colectivamente el territorio para expresar sus historias, creencias e identidades.

En ese cruce entre pasado y presente, la Universidad Nacional de Salta aporta una mirada que permite comprender al Milagro como parte de un proceso mucho más amplio; el de una sociedad que, durante más de tres siglos, fue construyendo sentidos, memorias y formas de habitar su territorio alrededor de una de sus celebraciones más significativas.

La investigación universitaria permite así recuperar aquello que muchas veces queda fuera de las narrativas oficiales; las experiencias de quienes peregrinan, las memorias que sostienen las prácticas y las múltiples identidades que encuentran en el espacio público una oportunidad para hacerse visibles y formar parte de una historia colectiva.

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