Cambio Climático: La soberanía alimentaria en peligro…

04/02/2015 - Actualizado: 05/02/2015

Los efectos que está teniendo el cambio climático en nuestro planeta son cada vez más conocidos y certeros. Grandes organizaciones internacionales le dedican en la actualidad fondos consecuentes para seguir investigando al respecto y  lograr anticipar las futuras consecuencias sobre los diversos territorios del mundo. Una de las mayores preocupaciones son los eventuales impactos que podrá tener el cambio climático sobre la agricultura y en qué medida éste podrá comprometer a lo largo del tiempo la soberanía alimentaria en los países más vulnerables. En efecto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) solicito la elaboración de un informe por parte del experto Rodomiro Ortiz titulado “El cambio climático y la producción agrícola” (Febrero 2012). En este informe podemos entonces entender las dramáticas consecuencias que llegara a tener los aumentos de temperatura, la rarificación del agua, la erosión del suelo, la degradación del rendimiento de los cultivos, perjudicando principalmente los pequeños productores y su agricultura familiar de su subsistencia. ¿Qué mañana se le puede prometer a los más vulnerables en materia de subsistencia? ¿Cuáles son las estrategias a adoptar mundialmente para ir contrarrestando estos efectos indeseados que podrían comprometer la soberanía alimentaria? ¿Cuál será el papel de la sociedad mundial en el caso que algunos países ya no puedan saciar sus necesidades básicas alimentarias a una escala jamás vista hasta ahora?

 

Es de público conocimiento que un continente como África padece desde siempre estas necesidades sin lograr mejorar su condición aún en un contexto donde los efectos de los gases a efecto invernadero (GEI) no llegaron todavía a sus destructores impactos previstos por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC 2007). ¿Cómo un continente como África podrá entonces superar estos desafíos que se presentan a futuro, si en la mismísima actualidad miles y miles de personas sufren de desnutrición y donde las tasas de mortalidad infantil superan ampliamente las marcas de promedio mundial? Al igual, en América Latina, continente de grades riquezas naturales y agrícolas, exportador mundial en materia de productos agrícolas, podemos observar en los montes chaqueños de Argentina, Bolivia y Paraguay casos de desnutrición avanzada teniendo, sin embargo, los recursos al alcance de la mano para poder solucionarlos. De hecho, los niños siguen muriendo por falta de alimentos y las madres no logran salvar a sus crías. Estos previos comentarios nos llevan entonces a preguntarnos sobre los efectos colaterales que llegara a tener el cambio climático sobre la actividad agrícola. ¿Quién tendrá entonces acceso a estos preciosos productos? ¿Qué papel deberán cumplir los estados nacionales para asegurar la soberanía alimentaria para todos sus ciudadanos sin excepción? ¿Cuáles serán las luchas de poder sobre la propiedad del suelo y sus usos que llegaremos a enfrentar en futuro cercano?

 

Uno de los primeros efectos conocidos del cambio climático es el aumento de la temperatura global. Este aumento generara a grandes escalas la desertificación de los territorios a través de su empobrecimiento por sobrecalentamiento. Se entiende entonces que los desiertos seguirán avanzando sobre las tierras productivas. Esto tiene entonces un impacto directo sobre la agricultura. El soporte fundamental de esta actividad se verá severamente afectado. La tierra perderá de a poco sus nutrientes que le permiten generar la vida.

 

Diego Sberna copyright 02El segundo efecto será la creciente escasez de agua dulce. Cabe señalar que los GEI tienden a generar la desaparición de los hielos polares pero también de los glaciares montañosos, fuente de agua dulce sumamente importante para los ríos y lagos mediterráneos. Asimismo, estos últimos son la fuente que provee a los cultivos el agua necesaria para poder ser abundantes y fértiles. El recurso hídrico es entonces imprescindible para la agricultura. Sin agua, el crecimiento de las semillas es directamente imposible. No nos olvidemos que es el elemento esencial para nuestra supervivencia como especie.

 

Diego Sberna copyright 06Como tercer efecto y consecuencia lógica de los anteriores, la desaparición de la cobertura vegetal conllevara una drástica erosión de los suelos acentuando la desertificación de los territorios productivos. Un suelo desnudo de cobertura vegetal es entonces sujeto a las intemperies del clima de manera más sensible. El viento, la lluvia, el paso de los animales y del hombre, y el mismo movimiento del suelo van erosionando la superficie acelerando su pauperización y convirtiéndose en algo totalmente inutilizable para la actividad agropecuaria. La biodiversidad se verá entonces totalmente dañada, atentando directamente a la integridad de los ecosistemas.

 

Concluyendo, estos impactos nombrados sobre la agricultura tendrán efectos colaterales sobre el contexto social en general sin precedentes. En casos extremos, podemos pensar que podrá llegar a nacer en estas condiciones estructuras mafiosas sobre el dominio y el tráfico de los bienes alimentarios. Esta soberanía alimentaria tan preciada por los países del primer mundo se verá directamente afectado por los deterioros de la agricultura. El alimento, al convertirse en un producto de difícil acceso y escaso, se transformara en el marco de nuestras economías clásicas y capitalistas en un producto de lujo accesible por unos pocos. Sin llegar a un escenario post apocalíptico donde la tierra se haya convertido en un desierto sin fin con la existencia de unas pocas aldeas dominadas por una oligarquía mafiosa y totalitaria, estamos igual en el derecho de preocuparnos sobre el porvenir de nuestras sociedades en un contexto como el descripto anteriormente. Se presenta entonces como una necesidad el hecho de cambiar de paradigmas, y principalmente en el ámbito de la economía. Nuestra supervivencia como especie depende directamente de nuestra posibilidad de acceder a los alimentos. Desde tiempos ilustres, como el de los cazadores-recolectores, el ser humano se dio cuenta de la importancia de especializar algunos individuos para conseguir la alimentación necesaria para sus tribus. La agricultura llego a posteriori a través del ensayo con pruebas y errores. Se presentó como una alternativa al nomadismo de los cazadores-recolectores para llegar a un esquema de asentamiento humano conocido como el sedentarismo. Terminando sobre esta digresión temporal hacia nuestros más antiguos antepasados (-25 000 AP aprox.), entendemos que nuestra civilización globalizada tiene grandes desafíos en tiempos venideros. De la soberanía alimentaria depende nuestra supervivencia. ¿Seremos tan irracionales como para ser nuestro propio factor de extinción? Terminaremos esta breve reflexión sobre las sabias y acertada palabras de Hubert Reeves:

 “El hombre es la especie más insensata, adora a un Dios invisible y masacra a una naturaleza visible sin darse cuenta que esta naturaleza que está matando, es este Dios invisible que venera.”

Salta, 2 de febrero de 2015

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Diego SBERNA

Experto en Conservación del Ambiente,

Ecología el Paisaje y Antropología.

 

Fuente: Diego SBERNA para L@ Hor@

Foto Portada: Martin Veber (Derechos Reservados)

Fotos contenido: Diego Sberna (Derechos Reservados)

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