Boletín Litúrgico de Diciembre - Arzobispado de Salta

06/12/2010

Guión para la celebración de la Eucaristía, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (8 de diciembre), Celebración de la Eucaristía tercer domingo de Adviento y Celebración de la Eucaristía, cuarto domingo de Adviento.


SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (CICLO A)

Guión para la celebración de la Eucaristía

8 de diciembre de 2010

AMBIENTACIÓN (opcional): Celebramos hoy la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Esta fiesta nos hace descubrir la cercanía del Señor que no nos deja abandonados a nuestra propia suerte. Con alegría nos disponemos a iniciar esta celebración de acción de gracias y de alabanza.

ENTRADA: Nuestra mirada se dirige a María, ella es la primera redimida y modelo de todo amigo de Jesús.

LITURGIA DE LA PALABRA: La Palabra de Dios permanece para siempre. Y esa Palabra es la Buena Noticia que en este me momento se nos anuncia.[1]

ORACIÓN UNIVERSAL: A cada intención nos unimos orando:

“Dios de misericordia, escúchanos

Te pedimos por la Iglesia; para que en este Adviento se renueve en el servicio a los más necesitados. Oremos…

Te pedimos por nuestros gobernantes; para que sean verdaderos defensores y promotores de la vida. Oremos…

Te pedimos por nuestros ancianos y enfermos; para que se sientan reconfortados con nuestros gestos de cariño durante este Adviento. Oremos…

Te pedimos por nuestra comunidad; para que viviendo como verdaderos hermanos, hijos de un mismo Padre Dios, demos testimonio de solidaridad, justicia y verdad. Oremos…

Recordemos que si hay procesión con los dones, la asamblea toma asiento, no permanece de pie, así nos lo enseña la Ordenación General del Misal Romano en los nn. 43-44.

PRESENTACIÓN DE LOS DONES: Como María, queremos presentar ahora en el altar con el pan y el vino nuestro “sí” generoso al Señor que nos invita a ser sus discípulos.

COMUNIÓN: Somos invitados a compartir el pan que nos transforma y renueva y sacia plenamente nuestra hambre de Dios.

DESPEDIDA: Junto a María proclamemos las grandezas del Señor de la que fuimos testigos en esta celebración.

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO (CICLO LITÚRGICO A)

Guión para la celebración de la Eucaristía

12 de diciembre de 2010

AMBIENTACIÓN (opcional): El tercer domingo de Adviento es una gran invitación a la alegría. Alegría por el cumplimiento de la promesa de la salvación; alegría por la presencia del Señor en medio de nosotros, en cada acontecimiento de nuestra historia. Nos ponemos de pie para dar inicio a esta celebración cantando.

ENTRADA: La presencia de Jesús se manifiesta cada vez que nos reunimos como hermanos a compartir su Palabra y su Pan. Vivamos este encuentro con gozo.

LITURGIA DE LA PALABRA: La Palabra de Dios es fuente de verdadera alegría para aquellos que buscan al Señor de corazón.

ORACIÓN UNIVERSAL: A cada intención nos unimos orando:

“Señor, alegría nuestra, escúchanos”

Nuestra Iglesia espera tu venida en medio de un mundo conmocionado por la violencia y los atentados contra los derechos humanos, por eso te pedimos…

Nuestra patria todavía sufre por los individualismos, por la falta de solidaridad de muchos, necesitamos unirnos para trabajar por el bien común, por eso te pedimos…

Nuestros niños y jóvenes necesitan conocer tu amor a través de nuestro testimonio, por esto te pedimos…

Nuestra comunidad parroquial quiere crecer en fraternidad y respeto por eso te pedimos…

Recordemos que si hay procesión con los dones, la asamblea toma asiento, no permanece de pie, así nos lo enseña la Ordenación General del Misal Romano en los nn. 43-44.

PRESENTACIÓN DE LOS DONES: Los dones del pan y el vino van hacia tu altar con ellos va toda nuestra existencia que quiere convertirse en ofrenda agradable a tus ojos.

COMUNIÓN: La alegría del cristiano está en saberse amado por Jesús que se entregó hasta el fin. Vayamos a su encuentro él se hace alimento de aquel que lo busca de corazón.

DESPEDIDA: La verdadera alegría no puede guardarse, tiene que ser compartida. Contagiemos a todos nuestros hermanos la alegría que viene de lo alto.

DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO (CICLO LITÚRGICO A)

Guión para la celebración de la Eucaristía

19 de diciembre de 2010

AMBIENTACIÓN (opcional): El tiempo de la espera va llegando a su final, la gracia de una nueva Navidad está muy cerca es por eso que iniciamos esta celebración del último domingo de Adviento cantando alegremente.

ENTRADA: Nos reunimos a celebrar la vida que viene de lo alto porque creemos en un Dios que es fiel a sus promesas.

LITURGIA DE LA PALABRA: La Palabra que ahora vamos a escuchar es “Dios con nosotros”. La escuchamos con atención para que obre en nosotros.

ORACIÓN UNIVERSAL: A cada intención nos unimos orando:

“Dios siempre presente, escúchanos

Te pedimos por nuestros pastores; que den testimonio de tu presencia en el servicio del anuncio, la escucha y el caminar cotidiano. Oremos…

Te pedimos por nuestros gobernantes; que tomen conciencia del servicio que deben prestar y asuman sus tareas con responsabilidad y generosidad. Oremos…

Te pedimos por los que se encuentran presos del miedo y la tristeza; para que al celebrar la Navidad experimenten la alegría de tu presencia amorosa entre nosotros. Oremos…

Te pedimos por nuestra comunidad; para que seamos fieles al proyecto de amor que nos invitas a vivir. Oremos.

Recordemos que si hay procesión con los dones, la asamblea toma asiento, no permanece de pie, así nos lo enseña la Ordenación General del Misal Romano en los nn. 43-44.

PRESENTACIÓN DE LOS DONES: Entreguemos ahora nuestro corazón y lo presentemos en la mesa de los hijos de Dios con el pan y el vino.

COMUNIÓN: Jesús, el Emanuel, el Dios con nosotros, se hizo pan partido y compartido. Somos invitados a compartir el alimento que transforma nuestras vidas.

DESPEDIDA: Hagamos presente en el mundo el amor que viene de Dios con nuestra alegría y generosidad.

ORACIÓN DE LOS FIELES PARA LOS DÍAS DE SEMANA

“En la oración universal u oración de los fieles, el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres”. Así expresa la Introducción del Misal el sentido de este momento de la celebración (en la tercera edición, nº 69). Por eso, podemos decir que lo más importante de la oración de los fieles es cuando toda la asamblea, respondiendo a las intenciones que propone el lector, ora conjuntamente con la respuesta como pueblo sacerdotal que intercede ante Dios por la humanidad.

SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO DE ADVIENTO

Lunes II

A cada intención nos unimos orando: VENGA A NOSOTROS TU REINO, SEÑOR

Para que despierte el corazón de los fieles y los prepare para la venida gozosa de su Hijo. Oremos.

Para que la venida del Príncipe de la paz apague los odios y las violencias, ponga fin a la injusticia y establezca su reino en medio de los hombres. Oremos.

Para que el Señor conforte a los oprimidos, proporcione a los pueblos el desarrollo necesario, vele con su providencia por los pobres y necesitados. Oremos.

Para que la venida de Cristo sea para todos nosotros, y para los hombres todos, fuente de paz, de gracia y de alegría. Oremos.

Martes II

A cada intención nos unimos orando: VEN, SEÑOR JESÚS

Para que la Iglesia sea signo vivo de esperanza y comunique a todos los hombres la Buena Noticia. Oremos

Para que los que gobiernan las naciones trabajen para eliminar las injusticias, las guerras y toda forma de violencia y terrorismo. Oremos.

Para que los que están tristes y desesperanzados encuentren serenidad y esperanza en la venida de Cristo y en la solidaridad de los hermanos. Oremos.

Para que todos los cristianos, sobre todo en los días de la Navidad, nos esforcemos por ser portadores de alegría y paz en el ambiente en que vivimos. Oremos.

Miércoles II

A cada intención nos unimos orando: ESCÚCHANOS, PADRE

Para que cuando venga y llame el Señor no encuentre a su Iglesia adormecida en la tristeza o el pecado, sino velando gozosa en la alabanza divina. Oremos.

Para que ilumine y fortalezca con su gracia a los que rigen los destinos de los pueblos, y en el mundo se abran caminos de paz y no de destrucción. Oremos.

Para que el Señor alivie los dolores de los enfermos, dé paz y serenidad a quienes carecen de ellas, y libre al mundo de todos los males. Oremos.

Para que nuestra comunidad manifieste a los demás, con su vida y sus obras, el amor que Cristo vino a traer a la tierra. Oremos.

Jueves II

A cada intención nos unimos orando: SEÑOR, ESCÚCHANOS.

Por nuestra madre la Iglesia: para que, purificada por el fuego del Espíritu, lleve la alegría al mundo. Oremos.

Por los que rigen las naciones: para que su justicia renueve el gozo y la esperanza de los que sufren a causa del hambre, del paro, de la pobreza. Oremos.

Por los que lloran en su dolor o en su soledad: para que el Señor les haga sentir su presencia y convierta su tristeza en alegría. Oremos.

Por los hombres de todos los pueblos: para que el respeto de los derechos humanos les procure el gozo de la paz y el bienestar. Oremos.

Por nuestra comunidad: para que la palabra del Señor encuentre en nosotros una respuesta generosa de amor compartido y de justicia. Oremos.

Viernes II

A cada intención nos unimos orando: ESCÚCHANOS, PADRE.

Para que la Iglesia sea, ante el mundo, signo del amor misericordioso de Dios manifestado en Cristo Jesús. Oremos.

Para que los que están lejos de su patria y de sus hogares encuentren seguridad en Cristo Salvador, y en nosotros acogida fraterna. Oremos.

Para que los pobres, los enfermos y necesitados hallen en esta Navidad el consuelo y la esperanza que Jesús vino a traernos con su nacimiento. Oremos.

Para que todos nosotros llevemos una vida irreprochable de amor y ayuda a los más necesitados, y así estemos dignamente dispuestos a la venida de Jesucristo. Oremos.

Sábado II

A cada intención nos unimos orando: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por la Iglesia: para que, al estilo de los profetas y de María, invoque y anuncie la venida salvadora de Jesús. Oremos.

Por los gobernantes y cuantos ejercen algún tipo de poder sobre los pueblos: para que realicen la liberación del hombre en el respeto de los valores de la libertad y del progreso. Oremos.

Por cuantos vacilan en su fe: para que, por intercesión de María, la Virgen creyente, sean fortalecidos en la práctica coherente de la vida cristiana. Oremos.

Por nuestra asamblea: para que el ejemplo y la mediación de María nos ayuden en esta Navidad a crecer en la fe, en la esperanza y en la caridad. Oremos.

TERCERA SEMANA DEL TIEMPO DE ADVIENTO

Lunes III

A cada intención nos unimos orando: ESÚCHANOS, PADRE

Para que la Iglesia espere siempre en el Señor, y se presente ante nuestro mundo como una reserva eficaz de esperanza segura y alegre. Oremos.

Para que todos los hombres lleguen a creer en Cristo y descubran en él manifestación definitiva del amor de Dios al mundo. Oremos.

Para que los graves problemas de nuestro tiempo encuentren vías de solución en el poder de Dios y en la buena voluntad de los hombres. Oremos.

Para que el Señor nos haga rebosar a todos nosotros de amor mutuo los unos hacia los otros. Oremos.

Martes III

A cada intención nos unimos orando: PADRE, ESCÚCHANOS

Por la Iglesia: para que, viviendo la palabra de Dios y los sacramentos, se prepare a recibir dignamente la salvación. Oremos.

Por los pastores de la Iglesia: para que Dios guíe sus pasos y les dé un corazón generoso y servicial. Oremos.

Por los pecadores y cuantos están alejados de Dios: para que, en la venida de Cristo, alcancen la luz y el perdón que necesitan. Oremos.

Por los que sufren en el alma o en el cuerpo: para que la esperanza en el retorno del Señor les mantenga confiados y responsables. Oremos.

Por todos cuantos celebramos esta Eucaristía: para que, con la ayuda divina, seamos fieles en la tarea de la conversión y nos dispongamos convenientemente a la venida de Jesucristo. Oremos.

Miércoles III

A cada intención nos unimos orando: PADRE MISERICORDIOSO, ESCÚCHANOS

Para que visite a su santa Iglesia, le conceda la unidad y la libertad, y la gobierne con su asistencia. Oremos.

Para que, bajo la protección divina, nuestros tiempos sean tranquilos y nuestra vida feliz. Oremos.

Para que no falte a nadie libertad, escuela, hogar y el pan de cada día. Oremos.

Para que cuantos recordamos, con piedad, su primera venida, merezcamos llegar, con sentimientos de fiesta, a su gloriosa aparición al fin de los tiempos. Oremos.

Jueves III

A cada intención nos unimos orando: PADRE MISERICORDIOSO, ESCÚCHANOS

Por la Iglesia: para que aguarde con una vida evangélica la manifestación gloriosa de Jesucristo. Oremos.

Por los gobernantes de las naciones: para que trabajen en bien de los hombres, especialmente de los más indefensos y necesitados. Oremos.

Por los pobres, por los enfermos y por cuantos sufren en el alma y en el cuerpo: para que en la venida de Cristo Jesús y en nuestra solidaridad hallen el consuelo y la fortaleza que necesitan. Oremos.

Por los que estamos aquí reunidos: para que, por la vigilancia, la oración y el amor fraterno, nos preparemos a celebrar dignamente el misterio de la venida de Cristo. Oremos.

SEMANA DEL 17 AL 24 DE DICIEMBRE

Viernes 17 de diciembre

A cada intención nos unimos orando: ESCÚCHANOS, SEÑOR

Para que el Espíritu del Señor renueve a su Iglesia, la visite con su gracia y la haga faro de luz y guía para los hombres. Oremos.

Para que todos los hombres vivan en la paz, en la justicia y en el amor. Oremos.

Para que los gobernantes de las naciones, con su acción temporal, dispongan los caminos del reino de Dios en la tierra. Oremos.

Para que todos y cada uno de nosotros seamos capaces de reconocer al Señor que viene en cada hombre, sobre todo en los pobres y necesitados, en los oprimidos y marginados. Oremos.

Sábado 18 de diciembre

A cada intención nos unimos orando: ESCÚCHANOS, PADRE

Por la santa Iglesia: para que, a ejemplo de María, sepa acoger con docilidad y amor toda palabra de Dios. Oremos.

Por los hombres llamados a gobernar los pueblos: para que sepan llevar a cumplimiento las expectativas de justicia y de paz que están en el corazón de todos. Oremos.

Por las mujeres de nuestro tiempo: para que, mirando a María, que llevó en su seno al Hijo de Dios, descubran la grandeza de su misión de madres y guardianas de la vida en la Iglesia y en la sociedad. Oremos.

Por nuestra asamblea: para que cada uno de nosotros, bajo la guía de María, crezca en la fe y en el deseo de ir al encuentro del Señor, intensificando la oración y el empeño de las buenas obras. Oremos.

Lunes 20 de diciembre

A cada intención nos unimos orando: AUXILIA A TU PUEBLO, SEÑOR

Para que el Espíritu Santo ilumine al Papa, a los obispos, sacerdotes y diáconos, para que anuncien y proclamen a Jesús como único Salvador de todos los hombres. Te pedimos...

Para que los gobiernos de las naciones busquen soluciones de paz, justicia y amor a los conflictos nacionales e internacionales. Te pedimos...

Para que todos los que sufren a causa de la violencia, de la guerra, de la falta de vivienda y de trabajo, sean confortados por la ayuda generosa de los hermanos. Te pedimos...

Para que todos nos comprometamos a seguir viviendo el espíritu del Adviento del Señor, escuchando con docilidad la Palabra y practicando una caridad generosa hacia los más necesitados. Te pedimos...

Martes 21 de diciembre

A cada intención nos unimos orando: AUXILIA A TU PUEBLO, SEÑOR

Para que llene con sus dones al Romano Pontífice, a nuestro Obispo y al episcopado universal. Te pedimos...

Para que dirija los pensamientos de nuestros gobernantes hacia la justicia, la libertad y el bien de todos, principalmente de los más débiles. Te pedimos...

Para que conceda la libertad a cuantos sufren persecución. Te pedimos...

Para que el día de su llegada nos encuentre a todos velando. Te pedimos...

Miércoles 22 de diciembre

A cada intención nos unimos orando: MUÉSTRANOS TU MISERICORDIA, PADRE.

Para que el Señor visite y defienda siempre a su santa Iglesia. Te pedimos...

Para que el Señor nos conceda que, bajo su protección, nuestros tiempos sean tranquilos. Te pedimos...

Para que el Señor conceda la libertad a todos los que sufren cualquier clase de persecución. Te pedimos...

Jueves 23 de diciembre

A cada intención nos unimos orando: ESCÚCHANOS, PADRE

Por la Iglesia, extendida por todo el mundo: para que, en actitud constante de pobreza y de servicio, proclame ante todos los hombres que Jesús es el Señor. Te pedimos...

Por el pueblo de Israel: para que el Señor, siempre fiel a sus promesas, le conceda el don de la paz, de la estabilidad y del progreso. Te pedimos...

Por los cristianos: para que la Navidad nos estimule a ser entre los hombres auténticos del espíritu evangélico de la caridad. Te pedimos...

Para que el Señor nos dé permanecer en la verdad y así ser testigos de su amor ante todos los hombres. Te pedimos...

Viernes 24 de diciembre

A cada intención nos unimos orando: MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA

Por la santa Iglesia: para que el Señor la ayude a descubrir y a vivir la novedad de la primera Navidad en la espera de su venida gloriosa. Te pedimos...

Por los que buscan un lugar en la vida y en la sociedad: para que cada hombre tenga el derecho y la posibilidad de realizar la propia vocación personal y social. Te pedimos...

Por la justicia, la paz y la solidaridad entre los pueblos, por encima de todo egoísmo e interés particular de reza, color, religión o ideología. Te pedimos...

Por cuantos participamos en esta celebración eucarística: para que, llenos del Espíritu, como María, vayamos preparando en nosotros y en el mundo los caminos para la venida del Señor. Te pedimos...

Aportes pastorales


NAVIDAD

Sabemos muy bien que el tiempo no para… y que una nueva Navidad ya está cerca. La Navidad es principalmente una solemnidad, pero también constituye un tiempo festivo y como tal debe distinguirse del tiempo del Adviento que es el que la precede y la prepara. Es por eso que en estos días las celebraciones deben ser más festivas (flores, luces, cantos, etc.) y recordar que este tiempo festivo se prolonga hasta la fiesta del Bautismo del Señor, inclusive.

El hecho de que el tiempo de Navidad constituya un período festivo prolongado, no puede hacernos nunca olvidar la supremacía del tiempo Pascual y la necesidad de lograr un equilibrio entre Navidad y Pascua, equilibrio que debe manifestarse en la manera de celebrar.

Esta faceta hay que trabajarla pastoralmente en muchas de nuestras comunidades, ya que es una realidad innegable de que, para muchos, Navidad continúa siendo la fiesta más importante del año y se la sitúa de modo equivocado como igual o incluso por encima de la Pascua.

En concreto:

La ambientación del espacio celebrativo: Es recomendable colocar durante estos días una imagen del Niño Jesús, del Belén o Pesebre en un lugar oportuno, pero teniendo en cuenta el principio primario de que nunca ofusque los elementos litúrgicos sacramentales (sede, ambón, altar), es decir, nunca deberíamos armar el Belén o colocar la imagen del Niño Jesús sobre o delante del altar, por ejemplo.

Una ubicación significativa podría ser el lugar que ocupó la corona de adviento en su momento, por ejemplo, readornarla, iluminarla con más cirios o adornos ya propios de la Navidad.

Además del Belén o Pesebre y de la imagen del Niño Jesús, hay otro signo que se ha convertido en característico de la Navidad: el Árbol y que sin miedo podemos decir que forma parte de nuestra cultura latinoamericana, ¿o no hay casas o familias que no tengan su “arbolito de Navidad” armado el 8 de Diciembre? Por eso, no debemos temer de incorporarlo a la ornamentación del Aula eucarística, todo esto puede relacionarse muy fácilmente con el acontecimiento de la Navidad y así el árbol no aparece opuesto al Belén o Pesebre, sino como un complemento simbólico y pedagógico de la teología de la Navidad.

Su origen lo podemos situar hacia fines del siglo XVI y ya desde el principio tuvo una clara intención cristiana. El árbol, por una parte nos recuerda el árbol del Paraíso, según el libro del Génesis: árbol de vida y fecundidad. Por otra, el árbol que, según el libro del Apocalipsis estará plantado como símbolo de vida y fecundidad, en el cielo. Y en medio está el árbol de la Cruz, en el que nos ha salvado Cristo.

Además del simbolismo de la vida y de los frutos (adornos), se le une a este árbol el de la luz (lucecillas que se le colocan). Cristo es la Luz y la estrella guió a los Magos de Oriente a donde estaba el recién nacido. No olvidemos que en el Bendicional encontramos una oración para bendecir el Árbol de Navidad y también otra para el Belén o Pesebre.

Para la ambientación del Aula eucarística, no debemos adelantarnos demasiado, será mejor que poco a poco el lugar se vaya preparando para la Solemnidad del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, todo a su tiempo con paciencia. Importante: no dejarnos llevar por la vorágine de lo comercial y externo.

Preparar bien la celebración de la Eucaristía: Es una buena ocasión para reunir y hacer intervenir a gente diversa de la parroquia. No se trata de reunirse para inventar algo nuevo, sino para facilitar que todos entiendan el sentido de lo que celebramos y será un elemento que nos ayudará a acercar la Misa a la vida de la comunidad que celebra. Por ejemplo, donde sea apropiado se puede hacer una breve vigilia con un canto o una poesía que acompañen la colocación del Niño Jesús antes de la entrada del celebrante y los ministros.

Claro está que la propia celebración merece todas las atenciones: buenos lectores, ministros suficientes para acompañar al presidente, cantos abundantes y conocidos, proclamación de la Calenda, adoración del Niño Jesús con villancicos, donde es costumbre.

Algo a tener en cuenta en el tiempo de Navidad es saber distinguir entre los cantos de contenido adecuado para la celebración Eucarística y los villancicos. Hay que tener bien en claro el criterio de elección para cada momento. Se puede preparar un cancionero con las letras de los cantos y villancicos e incluso ¿por qué no?, convocar a los niños y jóvenes paras los días del tiempo de Navidad a un encuentro festivo para tomar algo juntos y cantar villancicos.

Después del día de la Navidad: Siempre se constata que las celebraciones del tiempo de Navidad parece que se agotan el mismo 24 de Diciembre. Es por eso que debemos esforzarnos para orientar nuestras capacidades para que el ambiente festivo en la quincena Navidad-Epifanía, no bajen el tono.

La Calenda o Anuncio de la Navidad: Su proclamación en todas las misas del 24 y 25 será un elemento para solemnizar la Navidad, proveniente de la antigua liturgia romana y recuperada en el pasado Jubileo del año 2000. Es un elemento válido de ambientación pedagógica de la Navidad.

La comunidad contesta a este anuncio con el canto del Gloria.

El Anuncio se puede proclamar de la siguiente manera:

ü Procesión de entrada con un canto de entrada largo y vivo.

ü Saludo del celebrante.

ü Monición introductoria del monitor y anuncio de la Calenda.

ü Sube un lector al ambón, se crea un silencio expectante.

ü El lector proclama el Anuncio.

ü Terminado se canta el Gloria.

Texto:

Les anunciamos, hermanos una buena noticia,

una gran alegría para todo el pueblo;

escúchenla con corazón gozoso.

Habían pasado miles y miles de años

desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra

e hizo al hombre a su imagen y semejanza;

y miles y miles de años desde que cesó el diluvio

y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris,

signo de alianza y de paz.

Cerca de dos mil años después de que Abrahán,

nuestro padre en la fe, dejó su patria;

1250 años después de que los israelitas,

guiados por Moisés, salieran de Egipto;

mil años después de la unción de David como rey;

en el año 752 de la fundación de Roma;

en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,

mientras sobre toda la tierra reinaba la paz,

hace 2010 años,

en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,

ocupado entonces por los romanos,

en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,

de María virgen, esposa de José,

de la casa y familia de David,

nació Jesús,

Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero,

llamado Mesías y Cristo,

que es el Salvador que la humanidad esperaba.

Agregamos también el anuncio de las fiestas del Año que se hace el día de la Epifanía, el 6 de Enero, después del Evangelio, así lo recomienda el Ceremonial de los Obispos (CE 240), su sentido es conectar la celebración de la Navidad con la Pascua y con el desarrollo de todo el año litúrgico. En algunos sitios se acostumbra a colgar este anuncio en la puerta de la Iglesia desde la Epifanía hasta el Domingo anterior a la Cuaresma.

La gloria del Señor se ha manifestado en Belén

y seguirá manifestándose entre nosotros,

hasta el día de su retorno glorioso.

Por eso les anuncio con gozo, hermanos y hermanas,

que así que como nos hemos alegrado en estas fiestas

de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo.

Nos alegraremos también en la gran celebración pascual

de la Resurrección de nuestro Salvador.

Así, pues, recordemos que este año

la ejercitación de la Cuaresma,

que nos prepara para la Pascua,

comenzará el día…de …,miércoles de Ceniza,

y del … al… de …celebraremos con fe

la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesús,

en el Triduo Pascual.

Al cabo de cincuenta días,

al término de la gran fiesta de la cincuentena pascual,

el domingo… de ….,

celebraremos la solemnidad de Pentecostés,

el don que Jesús resucitado hace a su Iglesia:

su Espíritu Santo.

Cada domingo nos reuniremos para celebrar la Eucaristía

conmemorando la Pascua del Señor.

Y veneraremos también la memoria de la Virgen en sus fiestas,

y de tantos hermanos santos y santas

que nos acompañarán en nuestro camino.

Y ya al finalizar el año,

el día…de ...,

iniciaremos un nuevo año litúrgico

con la celebración del domingo primero

del Adviento de nuestro Señor Jesucristo.

A él todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Bueno, querido amigos, espero que todo esto nos ayude a celebrar la Pascua de Jesús en el misterio de una nueva Navidad. A él todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos…

NAVIDAD, RITO FAMILIAR[2]

La fecha del 25 de diciembre ha acumulado, en su caminar histórico, un espeso musgo de ritos y significaciones; en nuestros días sigue siendo un símbolo imprescindible del paisaje socio-cultural. En nuestro estadio precristiano, era la fiesta cósmico-política del “sol invicto”, ligada al solsticio de invierno y al culto del emperador. Pero en el siglo IV, en el clima de la paz constantiniana (y de las luchas cristológicas) la fiesta pagana se reconvierte, se “cristianiza” valiéndose del mismo simbolismo de la luz y del sol. La Iglesia celebra ahora el misterio de la Encarnación, con todos sus armónicos.

En la Edad media la fiesta adquiere un nuevo perfil. Evocando el relato lucano, Francisco de Asís organiza una paraliturgia que representa el misterio del Nacimiento. Desde ahí arranca la costumbre de los pesebres o belenes y de otros motivos que dan amplio juego a la religiosidad popular. Navidad cultiva, ante todo, la piedad del afecto y de las ternuras humanas. Como afirma el historiador E. Delaruelle: “Una fe teologal en la encarnación se acompaña de un vuelo imaginativo… La sociedad medieval no daba lugar al niño; a través del evangelio, Francisco de Asís lo redescubre; pero al mismo tiempo invita a un sentimiento religioso que no será solamente adoración, sino que acogerá todas las emociones humanas”.

En la época moderna llega el “giro antropológico” de la fiesta, ya en gran parte secularizada. Navidad es ahora un símbolo de fraternidad entre los seres humanos, de la solidaridad entre razas y pueblos. Como cualquier otro símbolo, la Navidad se ve expuesta a la ambigüedad y a la manipulación; Navidad en nuestros días es vender y comprar, el apogeo de la “sociedad de consumo”. Y con todo, no cabría desdeñar la función social de esta fiesta: aunque para muchos ya no es una fiesta religiosa, sigue siendo un rito familiar.

A medida que las sociedades adquieren mayor movilidad, los ritos se vuelven más necesarios. Hoy más que nunca todo el sistema de parentesco depende de un ciclo perfectamente definido de celebraciones rituales: bodas, bautizos, primeras comuniones, aniversarios, funerales; y, a la cabeza de todas ellas, la cita anual de la Navidad. En este sentido (y con algo de exageración) se ha llegado a afirmar que en la sociedad moderna los vínculos rituales se han vuelto más fuertes que los de la sangre. De cualquier manera, la evolución histórica de esta fiesta parece confirmar que “si la religión no puede pasar sin rito, el rito puede muy bien pasar sin lo religioso”.

XABIER BASURKO

NAVIDAD: ALGUNAS OBSERVACIONES[3]

1. Preparar la misa de nochebuena

La preparación de la misa de nochebuena es una buena ocasión para reunir y hacer intervenir a gente diversa de la parroquia. No se trata, desde luego, de reunirse como si todo tuviera que ser inventado de nuevo, sino que la preparación incluirá un primer momento explicativo que ayude a los asistentes a conocer mejor cómo se configura la celebración. Esto facilitará que todos entiendan el sentido de lo que celebramos, y les dará pie a sugerir detalles y aspectos que acercarán la misa a la vida de la comunidad que la celebra. También se concretará lo que se hará, se distribuirán servicios, se detallarán horarios para preparar las cosas, etc.

Donde sea apropiado, puede realzar la fiesta alguna vigilia breve introducida de la misa: puede ser el Oficio de Lectura, puede ser una vigilia ya preparada, u otra creada por los miembros de la parroquia. E incluso algo más sencillo: un canto y una poesía que acompañen la colocación del Niño Jesús antes de la entrada del celebrante y los ministros.

También habría que potenciar la ornamentación de la Iglesia a partir de diversas posibilidades: dibujo de un póster navideño, montar el belén, adornar el presbiterio… e incluso organizar una brigada extraordinaria de voluntarios para hacer una limpieza general especial.

Después, claro está, está la propia celebración, que merece todas las atenciones. En este día se han de poner en juego todas las posibilidades y capacidades: ministros suficientes para acompañar al presidente, cantos abundantes y conocidos, homilía bien pensada y transmisora de la Buena Noticia… También la proclamación de la Calenda. Y al acabar, la adoración del Niño Jesús con villancicos.

2. Potenciar el canto litúrgico y el canto popular

Un aspecto importante a tener en cuenta en la preparación de las celebraciones es el tipo de cantos que se van a utilizar. En el tiempo de Navidad, ello implica saber distinguir entre los cantos de contenido adecuado para la Eucaristía y las canciones populares navideñas, o sea los villancicos. Y tener, por tanto, el suficiente y adecuado repertorio de cantos para la Eucaristía, que ayuden a entrar en el sentido del misterio de la Navidad: cantos que sean conocidos, y que ya de entrada y sin mucha dificultad ayuden, año tras año, a revivir los sentimientos de fe y de amor con los que recibimos la venida entre nosotros del Dios hecho hombre. Sin temor a repetir cada año esos mismos cantos, y al mismo tiempo con ganas de ampliar, cuando sea necesario, el repertorio.

Pero ello no quita que también sean muy importantes los villancicos. Porque ocurre que, como actualmente tenemos tanta música por todas partes, cada vez cantamos menos nosotros. Y, durante estos días, la cabeza se nos llena de canciones más o menos navideñas pero desnaturalizadas a través de la televisión o de los altavoces de los grandes almacenes. O sea que sería muy conveniente promover en la parroquia o comunidad el canto de los villancicos de siempre, e invitar también a cantarlos en las familias, en las escuelas, etc. Se puede editar una hoja con las letras y repartirlas, y cantar villancicos al terminar las misas, y aprenderlos en la catequesis, e incluso convocar, uno de los días del tiempo de Navidad, un encuentro festivo para tomar algo juntos y cantar.

3. Después del día de Navidad

Es una constatación casi universal que las celebraciones cristianas del tiempo de Navidad parece que se agoten el mismo día 25 de diciembre. Allí se orientan todos los esfuerzos y capacidades de celebración del nacimiento del Hijo de Dios. Y después, en la quincena de Navidad-Epifanía se nota muchísimo como baja el tono.

Los motivos son varios. Uno, que el protagonismo se lo llevan las diversas celebraciones “civiles”: la fiesta familiar de Navidad y los encuentros navideños de grupos diversos, el Año Nuevo, los juguetes de Reyes… demasiadas cosas llaman la atención y hacen difícil estar atentos a las celebraciones cristianas. Otro, el ambiente de vacaciones (aunque mucha gente no haga), que invita a la dispersión. Y otro, aún, la sensación de “objetivo cumplido” que se tiene el día de Navidad, después de la preparación de Adviento.

Eso no quiere decir, no obstante, que las celebraciones de estos días queden abandonadas: no quedan abandonadas, sino que se mantiene la ornamentación festiva, los cantos navideños, la comunicación amable del misterio que celebramos… aunque, por ejemplo, no se sepa con seguridad si vendrá el monitor o el director de cantos.

Las celebraciones no quedan abandonadas, pero sí se tiene la sensación de que tienen poca vida. Hay que seguir ofreciendo unas celebraciones dignas, intentando organizar que en la medida de lo posible no falten monitores, lectores y cantores, transmitiendo un tono de contemplación gozosa y agradecida del Hijo de Dios hecho hombre para llevar a la máxima dignidad a toda la familia humana…

Y también se podrían, quizá, imaginar algunas actividades concretas, como por ejemplo:

ü Una convocatoria festiva, durante la quincena de Navidad. Puede consistir en una plegaria sencilla y después un piscolabis con villancicos.

ü Una vigilia de oración de final de año. El día 31 a las 10 de la noche, por ejemplo (para que la gente pueda después ir a celebrar “civilmente” el cambio de año; a no ser que la parroquia organice también una celebración “civil”). También se podría pensar en hacerla otro día (¿con piscolabis a continuación?). Pueden utilizarse los modelos que publicamos en las páginas; si no, se pueden leer algunas lecturas navideñas, y recordar hechos (cercanos o lejanos) para dar gracias, para pedir la ayuda de Dios, para pedir perdón… La celebración, de todos modos, no debería ser demasiado larga.

ü Sugerir que en las celebraciones familiares de Año Nuevo, un poco antes de la hora de las uvas, se haga una breve oración de acción de gracias y petición (el padrenuestro y un canto, por ejemplo).

ü Una “misa mayor” de Epifanía. No estaría mal intentar, el día de la Epifanía, concentrar todos los esfuerzos en una misa, haciéndola más solemne y más preparada, invitando a todos a asistir a ella. ¿Podría ser una buena hora la misa vespertina del día 6, cuando ya se han repartido todos los juguetes (los padres con hijos pequeño estarán ocupados, pero el resto ya no)?

JOSEP LLIGADAS

Para reflexionar y compartir


DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO (CICLO LITÚRGICO A)

COMENTARIO BÍBLICO DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura

En esta hermosa poesía profética, Isaías prevé la venida de Jesús, su personalidad, y el Reino de salvación que viene con él. La primera parte de la profecía muestra a Jesús lleno del Espíritu Santo, de sus dones y de sus actitudes evangélicas.

La segunda parte muestra los efectos de su Reino en la humanidad. Los símbolos que se emplean, tomados de la vida rural, apuntan a la justicia, la paz y la fraternidad en las relaciones humanas en todas partes.

Segunda lectura

En esta lectura, San Pablo señala dos cosas.

Primeramente, la necesidad de la Esperanza cristiana, y no sólo para este tiempo de Adviento, sino para toda la vida. Y la lectura de la Biblia es un modo excelente de mantener esta esperanza.

Segundo, la universalidad de esta Esperanza cristiana: Cristo vino en la carne, para el bien tanto de los judíos como de los gentiles, así como vendrá en la gracia en la próxima Navidad para el bien de toda la humanidad.

Evangelio

El Evangelio de hoy introduce a Juan Bautista y su mensaje de conversión para preparar al pueblo para la venida de Jesús y su Reino.

Previamente, el Evangelio pone énfasis en la austeridad de Juan y en su modo de vida santa. Pues sucede que la gente no cree fácilmente en los predicadores que viven cómodamente o que no viven de acuerdo con lo que predican.

De la misma manera, aquí se nos dice sobre la valentía de la fe de Juan para dar testimonio del Reino de Dios y sus exigencias, aún si a veces se encuentra aislado “como voz que clama en el desierto”.

Sólo así aprendemos el contenido de su mensaje al pueblo. Este contiene varias ideas:

a) La primera y más básica es que el Reino de Dios está cercano. Esta es una buena noticia, porque todo mensaje cristiano es una Buena Noticia, y las exigencias que se siguen de este mensaje básico son para capacitar al pueblo a aceptar y gozar de las gracias del Reino;

b) De ahí la necesidad de conversión. Según el Bautista, la conversión no es buenas intenciones, sino que debemos expresar nuestra conversión practicando obras buenas (“dando fruto”);

c) La conversión no permite ni excusas ni coartadas. Todo el mundo la necesita. (“No se confíen en que son hijos de Abraham…”). Como si Juan nos dijera: “No se confíen en que son cristianos practicantes, buenos católicos”. Pues toda persona tiene algo que cambiar, algo que mejorar. Y este Adviento es el tiempo para hacerlo.

Segundo Galilea

Chile

SOLEMNIDAD DE LA IMACULADA CONCEPCIÓN

DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

COMENTARIO BÍBLICO DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Fiesta de la belleza

Diciendo que María es la Inmaculada decimos de ella dos cosas, una negativa y una positiva: negativamente, que ha sido concebida sin la «mancha» del pecado original; positivamente, que ha llegado al mundo llena ya de toda gracia. En esta palabra está la explicación de todo lo que María es. El Evangelio de la fiesta lo subraya haciendo que volvamos a escuchar la palabra del ángel: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».


La palabra gracia tiene dos significados. Puede significar favor, perdón, amnistía, como cuando decimos de un condenado a muerte que ha obtenido gracia. Pero puede significar también belleza, fascinación, amabilidad. El mundo de hoy conoce bien este segundo sentido de gracia, es más, el único que conoce.


También en la Biblia gracia tiene estos dos significados. Indica ante todo y primariamente el favor divino gratuito e inmerecido que, en presencia del pecado, se traduce en perdón y misericordia; pero indica después también la belleza que se deriva de este favor divino, lo que llamamos el estado de gracia.


En María hallamos estos dos significados de gracia. Ella es «llena de gracia» ante todo porque ha sido objeto de un favor y de una elección únicos; ella ha sido también «agraciada», esto es, salvada gratuitamente por la gracia de Cristo. (¡Ella fue preservada del pecado original, «en previsión de los méritos de Cristo»!). Pero es «llena de gracia» también en el sentido de que la elección de Dios la ha hecho resplandeciente, sin mancha, «toda bella», «tota pulchra», como le canta la Iglesia en esta fiesta.


Si la Inmaculada Concepción es la fiesta de la gracia y de la belleza, ésta tiene algo importantísimo que decirnos hoy. La belleza nos toca a todos, es uno de los alicientes más profundos de la acción humana. El amor por ella nos une a todos. «El mundo será salvado por la belleza», dijo Dostoievski. Pero debemos añadir inmediatamente, el mundo también puede perderse por la belleza.


¿Por qué tan frecuentemente la belleza se transforma en una trampa mortal y en causa de delitos y de lágrimas amargas? ¿Por qué muchas personificaciones de la belleza, a partir de la Helena de Homero, han sido causa de enormes lutos y tragedias y muchos modernos mitos de belleza (el último del de Marilyn Monroe) acabaron de forma tan triste?


Pascal dice que existen tres órdenes de grandeza, o categorías de valores, en el mundo: el orden de los cuerpos y de las cosas materiales, el orden de la inteligencia y del genio, y el orden de la bondad o santidad. Pertenecen al primer orden la fuerza, las riquezas materiales; pertenecen al segundo orden el genio, la ciencia, el arte; pertenecen al tercer nivel la bondad, la santidad, la gracia.


Entre cada uno de estos niveles y el sucesivo hay un salto de calidad casi infinito. Al genio no quita ni pone nada el hecho de ser rico o pobre, bello o feo; su grandeza se sitúa en un plano diferente y superior. De la misma forma, al santo no añade ni quita nada el hecho de ser fuerte o débil, rico o pobre, un genio o un iletrado: su grandeza se sitúa en un plano diferente e infinitamente superior. El músico Gounod decía que una gota de santidad vale más que un océano de genio.


Todo lo que Pascal dice de la grandeza en general, se aplica también a la belleza. Existen tres tipos de belleza: la belleza física o de los cuerpos, la belleza intelectual o estética, y la belleza moral y espiritual. Igualmente aquí entre un plano y el sucesivo hay un abismo.


La belleza de María Inmaculada se sitúa en el tercer plano, el de la santidad y de la gracia, más aún, constituye su vértice, después de Cristo. Es belleza interior, hecha de luz, de armonía, de correspondencia perfecta entre la realidad y la imagen que tenía Dios al crear a la mujer. Es Eva en todo su esplendor y perfección, la «nueva Eva».


¿Es que los cristianos despreciamos o tenemos miedo de la belleza, en el sentido ordinario del término? En absoluto. El Cantar de los Cantares celebra esta belleza en la esposa y en el esposo, con entusiasmo insuperado y sin complejos. También ella es creación de Dios, es más, la flor misma de la creación material. Pero decimos que ella debe ser siempre una belleza «humana», y por ello reflejo de un alma y de un espíritu. No puede ser abajada al rango de belleza puramente animal, reducida a puro reclamo para los sentidos, a instrumento de seducción, a sex appeal. Sería deshumanizarla.


Todos podemos hacer algo para entregar a las generaciones que vendrán un mundo un poco más bello y limpio, si no de otra forma eligiendo bien lo que dejamos entrar en nuestra casa y en nuestro corazón, a través de las ventanas de los ojos. Aquello que fue para María el punto de partida en la vida es para todo creyente el punto de llegada. También la Iglesia de hecho está llamada a ser un día «sin mancha ni arruga, sino santa e inmaculada» (Ef 5, 27).

Raniero Cantalamessa, ofmcap

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO (CICLO LITÚRGICO A)

COMENTARIO BÍBLICO DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura

Junto con Juan Bautista y María, Isaías es una importante figura en el tiempo de Adviento. Hoy leemos todavía otra profecía profética, donde Isaías simboliza algunos de los efectos del Reino de Dios que añoramos en este Adviento.

Es un Reino capaz de traer alegría y esperanza a aquellos que están desanimados. (“El desierto se llenará de gozo”). Es un reino que da fuerza a los débiles y valor a los que sufren miedo. Es un Reino que libera de servidumbres. (“Los ciegos verán, los sordos oirán, los mudos cantarán”). Es un Reino que viene en una persona, que es Jesucristo mismo. (“Miren a su Dios, que viene en persona”).

Segunda lectura

En esta lectura el apóstol nos aconseja ser pacientes, mientras esperamos la venida del Señor. Aunque su consejo llega más allá de Adviento y Navidad: esperar con paciencia es una de las cualidades de la vida cristiana.

¿Qué significa esto? Significa que en su sentido último, la iniciativa de nuestro crecimiento humano y cristiano viene de Dios, no de nosotros; es un don de Dios por el cual debemos rezar y aguardar con paciencia y esperanza.

Evangelio

Nuevamente el Evangelio de hoy tiene que ver con Juan Bautista, pero también tiene que ver con las credenciales de Jesús y su credibilidad como el verdadero y definitivo Salvador. Comencemos por esto último. Algunos de los discípulos de Juan -que más adelante se unirían a Jesús- están preocupados por la naturaleza de la misión de Jesús. ¿Es sólo un profeta más, o es realmente el Mesías? (“¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”). Lo que aquí está en cuestión es la credibilidad de Jesús.

Jesús no les da respuesta directa. Más bien los refiere a lo que está sucediendo, a lo que él está haciendo por el bien de la gente, a fin de que estos discípulos puedan sacar sus propias conclusiones, con la ayuda de los profetas bíblicos, con los cuales estaban familiarizados.

Jesús les hace ver cómo los ciegos, los enfermos, los leprosos, etc., son liberados de sus miserias; cómo aún los muertos reciben nueva vida. Les hace ver cómo los pobres y los oprimidos reciben una nueva esperanza.

Con ello, Jesús les está recordando las verdaderas cualidades del Reino de Dios que él trae: un Reino de misericordia, de vida, de esperanza, de liberación. Estas eran las credenciales de Jesús; solamente el Mesías, enviado por Dios podía hacer esto.

En la segunda parte de este texto, Jesús alaba al Bautista como el mayor profeta y santo hasta el momento. Aunque termina con una afirmación misteriosa: “Sin embargo, el menor en el Reino de Dios es mayor que él”. ¿Qué quiere decir? Quiere decir que, a pesar de todo, Juan Bautista aún pertenecía al Antiguo Testamento; es el último de los profetas que anuncia un Reino por venir. Según esto, Jesús está subrayando el privilegio de aquellos que, después de su venida, recibirían la plenitud de este Reino en el Nuevo Testamento.

Segundo Galilea

Chile

DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO (CICLO LITÚRGICO A)

COMENTARIO BÍBLICO DE LA LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura

El pueblo judío tenía muchos problemas de peligro de invasiones y guerras. Su jefe, Ajaz, tiene miedo y necesita un signo de Dios, para asegurarse de la voluntad de Dios de salvar al pueblo, de acuerdo con sus antiguas promesas.

Dios salvará a su pueblo y le ofrecerá un signo, pero no de la manera que ellos esperan.

El signo de la salvación de Dios será la Virgen María que da nacimiento a Jesús, el Dios Misericordioso con nosotros.

Segunda lectura

En este texto San Pablo explica cuál es el corazón del Evangelio predicado por él mismo y ahora por la Iglesia.

El Evangelio es la Buena Noticia del Hijo de Dios hecho hombre para salvarnos; y esta salvación llegará a término cuando nos levantemos de entre los muertos por el poder de Cristo.

Conforme nos acercamos a la Navidad, nos acercamos al primer gran acontecimiento de este Evangelio.

Evangelio

Conforme nos acercamos a la Navidad, el Evangelio de hoy se centra en la madre de Jesús, su concepción milagrosa por obra del Espíritu y su preñez. Este es el misterio de la virgen santa que se hizo madre, a fin de que el Hijo de Dios pudiera habitar entre nosotros.

Con todo, y junto al misterio, la preñez y el nacimiento de Jesús fueron completamente humanos; Jesús se hizo realmente uno de nosotros.

Igualmente la maternidad de María: ella sufrió todas las contingencias y consecuencias de la condición humana; María es también una de nosotros. En el relato del texto de hoy, María se encuentra en una situación embarazosa. No había tenido ninguna intimidad con José, y sin embargo José y la demás gente del pueblo perciben que María está embarazada. ¿Qué había sucedido? El buen José no sabía qué pensar, y rehusaba aceptar que María hubiese hecho algo indebido. Así que decide irse.

En medio de esta crisis, José recibe la palabra de Dios por medio de un ángel. Dios le explica que no ha sucedido nada malo, que el hijo de María es obra del Espíritu, y que este niño ha de ser llamado Jesús (que significa Salvador) porque salvará al pueblo de sus pecados. Y José se queda con María todo el tiempo.

Este relato evangélico nos ofrece una clave más para entender el papel de María en la misión de Jesús: ella no es sólo su madre, sino que también comparte sus sufrimientos a través de Su vida, hasta la cruz.

Segunda Galilea

Chile


[1] Cfr. Verbum Domini 1.

[2] Cf. Centre de Pastoral Litúrgica, Misa Dominical, Nº 16 Año XXXII, 2001, Barcelona.

[3] Cf. Centre de Pastoral Litúrgica, Misa Dominical, Nº 16 Año XXXII, 2001, Barcelona.

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