Los fumadores no son una plaga

Los fumadores no son una plaga
Existe una discriminación pertinaz hacia los que fuman, que constituyen casi la tercera parte de la población. Se los castiga socialmente, sin que Estado, Gobierno ni sistema de salud aporten soluciones efectivas para contrarrestar la adicción.
Hay un preconcepto discriminatorio hacia el fumador . El Programa Nacional de Control del Tabaco debería ser “de tratamiento de la Enfermedad Adictiva Tabaquismo”, y no de “Control del Tabaco” más relacionado con una plaga . En la página web de dicho programa, y coherentemente con el nombre del plan, se cita este problema casi exclusivamente como de “consumo de tabaco” y “las enfermedades que causa”.
Incluso en el esquema político más general hay discriminación . Para erradicar la delincuencia se centra el énfasis en la modificación de las condiciones de su origen y en la rehabilitación, bajo la hipótesis de que los fuertes castigos no lo harán. Todo lo contrario para los fumadores, que son ni más ni menos que personas con una enfermedad que no pueden controlar.
El problema del tabaquismo no se resolverá ocultando bajo la alfombra a los fumadores. Siguen y seguirán ahí, en alguna parte.
Consecuentemente, en la actualidad se está castigando socialmente a las víctimas, a los enfermos, y sin solucionarles nada.
¿No deberían los fumadores adultos tener incluso el derecho a lugares de esparcimiento privados y exclusivos donde socializar y no sentirse discriminados mientras la venta de nicotina sea legal? En muchos países europeos esto es así. Ciertamente en estos lugares el Estado podría tener presencia activa.
De los cuatro puntos que según el Programa Nacional de Control del Tabaco determinan el alto consumo de tabaco en Argentina, la “baja capacidad de los servicios de salud para la cesación tabáquica” es la única que está lejos de solucionarse.
¿Será que quizás sea muy costoso considerar al tabaquismo una enfermedad tal como lo es? El 30% de los votantes de las últimas elecciones representa 8.900.000 posibles fumadores, de los cuales el 70% querría dejar de fumar. Con este número, deberían abrirse hospitales dedicados a esta enfermedad y las obras sociales y prepagas deberían costear los tratamientos, basados en terapia y medicación.
Hoy el Programa Nacional de Control del Tabaco ofrece un 0800 y una página de Cómo dejar de fumar. Solución rayana con el “arréglense como puedan”.
Las legislaciones que prohíben fumar tabaco tanto en espacios laborales como públicos gozan del beneplácito de la gran mayoría de la población. Si no hubiera mediciones al respecto que lo confirmaran, se esperaría en promedio y como mínimo un 70 a 75% de aprobación, ya que esa cifra representa a la población no fumadora. Estas políticas “libres de humo” redundan en la mejora de la salud de aquellos que dentro del 70% no fumador estaban en contacto con el humo del cigarrillo, los denominados fumadores pasivos.
Ahora bien, ¿cuánto benefician estas políticas al 25-30% fumador? Existe mucha diversidad en cuanto a las mediciones posteriores a las prohibiciones. Lo más significativo es que la cantidad de cigarrillos consumidos por fumador puede haber bajado. Sin embargo, no hay mediciones que prueben de manera irrefutable que la cantidad de fumadores haya disminuido por esta legislación .
El Estado y la sociedad suponen que castigando el hábito de fumar basta para erradicar el problema, o que con el tiempo lo hará. Cuando me refiero al Estado o Gobierno no lo hago en particular a nuestro Estado o a este gobierno, si no a todos ellos a nivel mundial.
Un error consiste en suponer que fumar o dejar de fumar es una cuestión voluntarista.
Y la base de ese error es ignorar que la nicotina es una droga de adicción , quizás la más poderosa de todas y de venta libre. No es casualidad que a nivel mundial el porcentaje de fumadores sea del 20-25%, y aumente al 50% en la población con alguna enfermedad psiquiátrica. Hay factores genéticos subyacentes. La potencia de la nicotina también depende en parte de las variantes genéticas individuales de los receptores nicotínicos y podría influir en la capacidad de abandono del hábito. Esto quiere decir que los fumadores no son personas masoquistas o tontos que, aun sabiendo las consecuencias, quieren morir tarde o temprano de una enfermedad derivado del fumar.
Ya hemos avanzado considerablemente en erradicarle un problema al 70% de la población, creo que es tiempo de solucionárselo al 30% restante.
POR MARCELO ORTELLS INVESTIGADOR DEL CONICET, FACULTAD DE MEDICINA, UNIVERSIDAD DE MORON
Diario Clarin

fumar1

Existe una discriminación pertinaz hacia los que fuman, que constituyen casi la tercera parte de la población. Se los castiga socialmente, sin que Estado, Gobierno ni sistema de salud aporten soluciones efectivas para contrarrestar la adicción. Hay un preconcepto discriminatorio hacia el fumador . El Programa Nacional de Control del Tabaco debería ser “de tratamiento de la Enfermedad Adictiva Tabaquismo”, y no de “Control del Tabaco” más relacionado con una plaga .

En la página web de dicho programa, y coherentemente con el nombre del plan, se cita este problema casi exclusivamente como de “consumo de tabaco” y “las enfermedades que causa”.

Incluso en el esquema político más general hay discriminación . Para erradicar la delincuencia se centra el énfasis en la modificación de las condiciones de su origen y en la rehabilitación, bajo la hipótesis de que los fuertes castigos no lo harán. Todo lo contrario para los fumadores, que son ni más ni menos que personas con una enfermedad que no pueden controlar.

El problema del tabaquismo no se resolverá ocultando bajo la alfombra a los fumadores. Siguen y seguirán ahí, en alguna parte.

Consecuentemente, en la actualidad se está castigando socialmente a las víctimas, a los enfermos, y sin solucionarles nada.

¿No deberían los fumadores adultos tener incluso el derecho a lugares de esparcimiento privados y exclusivos donde socializar y no sentirse discriminados mientras la venta de nicotina sea legal?

En muchos países europeos esto es así.

Ciertamente en estos lugares el Estado podría tener presencia activa.

De los cuatro puntos que según el Programa Nacional de Control del Tabaco determinan el alto consumo de tabaco en Argentina, la “baja capacidad de los servicios de salud para la cesación tabáquica” es la única que está lejos de solucionarse.

¿Será que quizás sea muy costoso considerar al tabaquismo una enfermedad tal como lo es?

El 30% de los votantes de las últimas elecciones representa 8.900.000 posibles fumadores, de los cuales el 70% querría dejar de fumar. Con este número, deberían abrirse hospitales dedicados a esta enfermedad y las obras sociales y prepagas deberían costear los tratamientos, basados en terapia y medicación.

Hoy el Programa Nacional de Control del Tabaco ofrece un 0800 y una página de Cómo dejar de fumar. Solución rayana con el “arréglense como puedan”.

Las legislaciones que prohíben fumar tabaco tanto en espacios laborales como públicos gozan del beneplácito de la gran mayoría de la población. Si no hubiera mediciones al respecto que lo confirmaran, se esperaría en promedio y como mínimo un 70 a 75% de aprobación, ya que esa cifra representa a la población no fumadora.

Estas políticas “libres de humo” redundan en la mejora de la salud de aquellos que dentro del 70% no fumador estaban en contacto con el humo del cigarrillo, los denominados fumadores pasivos.

Ahora bien, ¿cuánto benefician estas políticas al 25-30% fumador? Existe mucha diversidad en cuanto a las mediciones posteriores a las prohibiciones. Lo más significativo es que la cantidad de cigarrillos consumidos por fumador puede haber bajado. Sin embargo, no hay mediciones que prueben de manera irrefutable que la cantidad de fumadores haya disminuido por esta legislación .

El Estado y la sociedad suponen que castigando el hábito de fumar basta para erradicar el problema, o que con el tiempo lo hará. Cuando me refiero al Estado o Gobierno no lo hago en particular a nuestro Estado o a este gobierno, si no a todos ellos a nivel mundial.

Un error consiste en suponer que fumar o dejar de fumar es una cuestión voluntarista.

Y la base de ese error es ignorar que la nicotina es una droga de adicción , quizás la más poderosa de todas y de venta libre. No es casualidad que a nivel mundial el porcentaje de fumadores sea del 20-25%, y aumente al 50% en la población con alguna enfermedad psiquiátrica. Hay factores genéticos subyacentes.

La potencia de la nicotina también depende en parte de las variantes genéticas individuales de los receptores nicotínicos y podría influir en la capacidad de abandono del hábito.

Esto quiere decir que los fumadores no son personas masoquistas o tontos que, aun sabiendo las consecuencias, quieren morir tarde o temprano de una enfermedad derivado del fumar.

Ya hemos avanzado considerablemente en erradicarle un problema al 70% de la población, creo que es tiempo de solucionárselo al 30% restante.

POR MARCELO ORTELLS INVESTIGADOR DEL CONICET, FACULTAD DE MEDICINA, UNIVERSIDAD DE MORON
Diario Clarin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *