L@ Hor@ de Salta en Chile

Nuestra travesía comenzó el pasado martes 8, invitados por la Fundación Padre E. Martearena quien impulsó, con un grupo de ONG de la provincia, la campaña “ONG Unidas por Chile” que tenía como fin llevar donaciones y ayuda humanitaria al hermano país de Chile.

Fue así que nos embarcamos en un viaje, que en algunos momentos se tornó un tanto incierto en el sentido de que, no sabíamos con que panorama nos encontraríamos, más allá de que mucho se conocía por imágenes o comentarios vistos u oídos en la televisión nacional o internacional.

El viaje, que duró poco más de un día y medio, nos llevó hasta la ciudad de Santiago, capital de ese país, en donde ya se podían apreciar los primeros vestigios de lo que dejó el terremoto del pasado 27 de febrero. No tardo mucho en invadirnos el asombro de ver ese panorama que mezclaba la belleza del lugar con las cicatrices de la tragedia.

Ya con los últimos rayos del atardecer y con la noche casi a cuestas, al desembarcar en una de las terminales de micro, ya se percibía el aire de incertidumbre que afectaba a las miles de personas quienes, como espectadores involuntarios, esperaban atentos por una nueva replica.

En poco menos de dos horas, nos encontrábamos viajando una vez más, esta vez con destino al sur de Chile, más precisamente a San José de Parral, ubicada a mas de 300 km de la ciudad capital de la nación, sitio donde nos aguardarían transportes provistos por ONEMI (Organismo Nacional de Emergencia y Manejo de Incidentes) para llevarnos al sitio acordado para llevar todo, Cauquenes.

Después de recorrer a paso lento algunas rutas que, en algunos puntos estaban muy deterioradas por los saldos que dejo el terremoto, llegamos a Parral. A altas horas de la madrugada del jueves y con una baja temperatura característica del mismo, nos dimos con la sorpresa de que los transportes que debían esperarnos en el cruce para luego llevarnos a Cauquenes no estaban allí. No tardó en llegar el desconcierto y las muchas dudas, como así también la tardía respuesta de que no estaban por la inseguridad de viajar de noche y por el toque de queda de que rige algunos sitios de la región.

Así como no tardó en llegar la respuesta por parte de las autoridades de ONEMI, no tardó en llegar la ayuda de las fuerzas armadas y de seguridad, quienes más allá de la tarea que tenían, tuvieron la gentileza de llevarnos, a los 20 voluntarios como a los periodistas y las donaciones, hacia un lugar mucho más seguro.

Minutos después de llevarnos hasta el sitio donde estaríamos esa noche, la guardia del hospital municipal, el suboficial a cargo del operativo de seguridad, nos invitó a los periodistas a recorrer la localidad. No tardamos en recorrer muchas cuadras, para ver las primeras imágenes de la destrucción. Escombros y más escombros. Destrucción y tragedia a simple vista.

El suboficial, a medida que íbamos recorriendo la zona, nos informó que la localidad sufrió un daño material aproximado del 60% entre los que se puede destacar la pérdida de los pabellones del Hospital municipal, el Destacamento de Carabineros, varias escuelas, la municipalidad, entre otros; como así también cerca de 10 víctimas fatales y más de 700 heridos. Cabe destacar que Parral es una localidad de aproximadamente 100 mil habitantes y es la cuna del célebre poeta chileno Pablo Neruda; quien como diría un colega, realmente “podría escribir los versos más tristes esta noche…”. A la mañana siguiente, después de mucha espera, y tras la gentileza del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Parral y de Cauquenes, nos llegó el transporte necesitado.

Durante la espera del transporte, no tardó la tierra en darnos la “bienvenida”. Uno de los sismos mas grandes después del terremoto, 7.3° en la escala de Richter con epicentro en Rancagua a 90 km de Santiago. Como si no fuera poco ver un adelanto de la destrucción, nos tocó vivir en una mínima expresión, “a flor de piel” algo de lo que afectó a la gente.

Cada una de las posteriores replicas, nos metía más en la realidad la población, nos convirtió de ajenos espectadores a participantes directos. En medio de las réplicas, llegó el transporte que nos llevó hacia Cauquenes, a 60 km de distancia. Camino a la ciudad, podíamos ver más daños en el camino y en casas y construcciones a las afueras. Al llegar a Cauquenes, ciudad cabecera de la provincia de Cauquenes en la VII Región de Maule, apreciamos más daños, obviamente, mientras uno más se adentraba en el territorio chileno, más daño encontraba, algo lógico pero que superaba lo imaginado.

En cada cuadra, en cada esquina, se podían apreciar viviendas destruidas, o con una marca que no solo indicaba el estado catastrófico de las construcciones, sino que marcaba profundo las vidas de sus dueños y habitantes. NOH, marca que significaba No Habitable, y que indicaba que en poco tiempo, los pocos restos de edificación serían derrumbados. Por doquier, se encontraban escombros de adobe en las calles, grietas en las calles y en casas que si bien, no se perdieron, fueron dañadas.

Ya en Cauquenes, nos recibieron los Bomberos Voluntarios en su cuartel, lugar donde nos albergaron; fue allí donde hicimos base, periodistas como voluntarios. No tardamos en llegar, cuando nos embarcamos junto al personal del Cuerpo, a hacer una recorrida por la zona. Como ya casi acostumbrados, nos asombrábamos cada vez más.

Mientras realizábamos el recorrido, tanto bomberos, como la gente que encontrábamos a nuestro paso, nos relataban los testimonios más fuertes de lo que vivieron aquella madrugada de febrero, de lo que perdieron, de lo que recuperaron. Ver y escuchar tantas cosas duras, nos llevó al límite de la labor periodística, casi al borde de las lágrimas.

Después de realizar la ronda de reconocimiento por el lugar, nos sorprendió la hospitalidad que, más allá de la situación, tienen los caqueninos. Don Pedro y su familia, habitantes de la zona, nos acogieron en su casa y nos recibieron a los medios salteños con una comida típica del lugar. Llegada la noche, con muchas horas de viaje y muchas imágenes e historias fuertes en nuestra mente, buscábamos el descanso necesitado, lo cual llegó, pero no en forma completa, ya que durante la noche, se registraron sismos de poca magnitud pero que mantenían a la población alerta ante cualquier imprevisto.

A primeras horas de la mañana, Alejandro Recabal, comandante de la segunda compañía de bomberos de Cauquenes, de quien depende la localidad y toda la provincia, nos conversó con los presentes respecto a las tareas que los bomberos realizan en el lugar y sobre medidas de seguridad para moverse en la ciudad.

Minutos después, nos informaron que la comitiva salteña y una comitiva de Viña del Mar, llevarían más de una tonelada donaciones a una zona rural no muy lejos de allí. El destino elegido, Sauzal, a 35 km de Cauquenes; una localidad rural que vive de la viticultura.

En la oportunidad, con la colaboración de bomberos voluntarios de Cauquenes y de Sauzal, los medios pudimos recorrer las zonas más afectadas. No vasto recorrer mucho, ya en los primeros metros, pudimos apreciar los rastros de la devastación. Las estadísticas, lamentables. El 80% de las viviendas de la localidad, sufrieron daños irremediables. Las pocas que quedaron casi en pie debían ser derribadas.

Curiosamente, a pesar de toda esa destrucción y de las múltiples perdidas que tuvieron, los habitantes del lugar se organizaron para realizar una suerte de olla popular en donde cada uno aportaba lo poco que le quedaba para sumar a que el pueblo se alimentara. Las docentes del lugar, aportaron las instalaciones de la escuela que, por milagro no sufrió daños, para poder servir de cobijo para los damnificados.

Ni las iglesias se salvaron. Tanto las iglesias católicas como evangélicas no quedaron en pie. Iglesias que representaban un símbolo del cristianismo en la zona. Algunos vecinos de la zona, nos comentaron que, “la parroquia católica al día siguiente del terremoto cumplía 200 años”. Agradecimiento y hospitalidad, es lo que los habitantes de la zona reflejaban y nos hacían sentir. Valor, compromiso y servicio, es lo que bomberos, docentes y enfermeros del lugar nos mostraban. Ya con los últimos rayos de sol, y con muchas historias escuchadas, retomamos la vuelta a nuestro campamento base en Cauquenes

Al llegar a Cauquenes, nos dimos con la noticia de que, el alcalde de la ciudad, Juan Carlos Muñoz, recibiría a los voluntarios como a los medios salteños. Llegado el momento, el funcionario manifestó su agradecimiento al pueblo de Salta y reconoció que “hoy, más que nunca, nuestros pueblos están más hermanados que nunca”. Posteriormente, se mostró optimista sobre la reconstrucción de Cauquenes y Chile.

Pocos minutos después de la entrevista brindada a los medios, fuimos invitados a presenciar la visita que el presidente electo de Chile, Sebastián Piñera, realizaría al día siguiente en la ciudad. Muy temprano en la mañana del sábado, en un transporte enviado por el municipio, con las ansias propias de la situación, nos vimos dirigiéndonos hacia el aeródromo de la ciudad; lugar donde se encontraban depositadas algunas de las donaciones que se enviaron desde diferentes puntos. Allí aguardaban autoridades gubernamentales, representantes de las fuerzas armadas y de seguridad, representantes de las diversas compañías de bomberos voluntarios y miembros de la comunidad en general.

Tras una espera de aproximadamente dos horas, se vieron en el cielo, los helicópteros que trasladaban al primer mandatario y a la comitiva presidencial. Ya en tierra, el mandatario, brindó sus saludos a los allí presentes y recorrió las instalaciones con motivo de realizar un sondeo de las donaciones. En otro sentido, se entrevistó con funcionarios locales, miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, como también bomberos voluntarios en busca de un mejor panorama de la situación de la provincia y de buscar soluciones a la necesidad de los habitantes.

Minutos después de arribar al lugar, y de su reunión, el mandatario continuó saludando a los voluntarios chilenos, a miembros de la comunidad y a los 20 voluntarios de las ONG salteñas. Luego, brindo una informal entrevista a los medios salteños, entre los que se encontraba L@ Hor@. En la ocasión, manifestó, “es una tragedia muy dura la que afectó a la Nación, pero somos un pueblo que está unido y tiene la fuerza, la voluntad y la unidad para levantarse…”.

Por otra parte, expresó, “será una larga y dura tarea comenzar este proceso de reconstrucción, pero tenemos las herramientas necesarias para comenzar este proceso…”

Consultado por otros aspectos, no quiso explayarse sobre otros asuntos, pero aprovechó la ocasión para brindar su agradecimiento a los salteños; “envío mis sinceros saludos y mi agradecimiento en nombre del pueblo de Chile, al pueblo argentino y los hermanos de la provincia de Salta, gracias por el apoyo y el afecto que nos brindan…”

Posteriormente, después de recorrer el aeródromo y de saludar y entrevistarse con los allí presentes, el mandatario nacional se dirigió a realizar un reconocimiento de los daños sufridos en la ciudad y visitar a algunas de las víctimas y conocer su situación. Más tarde se dirigió a la localidad de Pelluhue.

Horas después de la visita presidencial a Cauquenes, nos dirigimos, guiados por Alejandro Recabal, hacia Pelluhue, una localidad portuaria a 40 km de distancia. Pelluhue una ciudad costera, que en sus albores vivió de la pesca, la cual fuera una de las más afectadas por el tsunami posterior al terremoto. Según algunos datos aportados por organismos y autoridades, en aquel momento “sólo quedaron 7 mil de las 15 mil viviendas que habían y centenares de desaparecidos y víctimas fatales”. Calculan que aquel 27 de febrero, la población subió a 30 habitantes, ya que el lugar se caracterizaba por ser un atractivo turístico de la región.

En la playa sólo se podía apreciar un sinfín de escombros, y objetos sin dueño. El lugar estaba impregnado por un olor a peces mezclado con un olor a cuerpos en descomposición. Víctimas fatales de una tragedia que los sorprendió, que les arrebato la vida en un santiamén. Desolación, destrucción y un cuadro pintado con catástrofe. Por todos lados se podían encontrar electrodomésticos, juguetes, cochecitos, todo lo que uno pueda o no imaginarse. Cruces y banderas por doquier, recordando a la tierra y a la mar que embravecida que con sus aguas se llevó lo más preciado que aquellas personas podían tener, sus vidas.

Al regresar, ya con una imponente puesta de sol que en cierta forma lleva a reflexionar que así como se pone el sol, y da fin a un nuevo día, así al día siguiente da inicio a una nueva salida que simboliza el inicio de algo nuevo. Es así que el sol se puso sobre esas localidades, pero tendrán la oportunidad de un nuevo comienzo.

Mientras recorríamos algunas de las calles, vimos a un grupo de estudiantes universitarios que se alistaron en el marco del programa “Un techo para Chile”, los cuales, sin mucho conocimiento, se dedicaron a la construcción de media-aguas, una suerte de casas prefabricadas de bajo costo que servirían de techo provisorio para los damnificados.

Pocas horas después y con nuestras mentes cargadas de todo lo vivido, nos encontramos una vez más en Cauquenes, cansados por el largo trayecto y todo lo compartido durante el día. Poco bastaron los pequeños sismos para evitarnos el descanso.

A primeras horas de la mañana, ya en domingo, nos embarcamos nuevamente rumbo a Santiago, donde arribaríamos seis horas más tarde.

Ya en Santiago, pasadas unas horas, una vez más nos invadió la incertidumbre. Un sismo de pequeña magnitud sacudió la tierra y dejó al país sin electricidad y en algunas zonas sin servicios básicos y como no podía faltar el pánico presente en las calles.

Al igual que a nuestra llegada, la tierra nos despedía con un nuevo sismo y una oscuridad que nos decía que la luz de ese país pronto comenzaría a resplandecer y se levantarían de nuevo de la oscuridad de la tragedia.

David Yañuk

prensa L@ Hor@

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