Historias de las victimas del trágico vuelo

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Un país entero se conmocionó  con las 22 historias de las personas que murieron en el avión que se estrelló la noche del miércoles en Río Negro. Sin dudas el caso más impactante es el de la familia Sloper, oriunda de Pico Truncado, quien perdió en el accidente a un bebé de diez meses -Santiago Benjamín- y a su madre Carina Soledad Mansilla. Con el sentimiento comprensible, Daniel -padre y esposo- expresó su congoja y cuestionó en principio a la empresa aérea.

Luego de pasar la noche en el Aeropuerto ayer fue el primero en embarcar por la mañana, vía Aeroparque, para llegar hasta el lugar del hecho. «A las 20 había hablado con su esposa por teléfono. Él iba a traerlos por tierra pero decidieron adelantar el viaje porque el bebé tenía bronco espasmos. Realmente estamos destruidos», expresaron los familiares llegados desde Santa Cruz Norte.

Un hombre que iba a casarse en octubre próximo, un piloto que estaba haciendo un reemplazo o el padre de un joven brutalmente asesinado dos años.

“Mayday, mayday”, fue el desesperado pedido de auxilio del piloto del vuelo 5428, pero el llamado nunca llegó a destino. Guillermo Della Rodolfa, presidente de la Cámara Argentina de Empresas Aéreas, indicó que una nave en la que viajaba de San Fernando, en la provincia de Buenos Aires, a Comodoro Rivadavia, escuchó “por la frecuencia del avión el pedido de auxilio” de la aeronave de la línea Sol siniestrada en Prahuaniyeu.

“Lamentablemente escuchamos el «mayday-mayday’, llamado que no fue recibido por Comodoro Rivadavia porque el avión (de Sol) volaba bajo y como el sistema de comunicaciones es obsoleto no fue escuchado”, explicó Della Rodolfa.

Otra de las historias es la de Gustavo Basaldúa, quien se iba a casar en octubre próximo. Los padres de Basaldúa indicaron que el gerente bancario tenía planeado casarse el 7 de octubre próximo con su novia, y para tal fin “ya había alquilado el salón y comprado los souvenires”.

El copiloto Adriano Bolatti, una de las víctimas de la tragedia aérea en Río Negro, estaba reemplazando a un compañero en el vuelo de la empresa Sol. “El no tenía que volar. Un compañero le dijo que se sentía mal y por eso se ofreció a cubrirlo”, relató Marcelo Díaz, amigo de Bolatti. El copiloto era padre de dos hijos de 8 y 5 años. Una vez conocida la tragedia, el padre de Bolatti sufrió un infarto.

Otra de las personas fallecidas en el accidente fue el geólogo Eduardo Musacchio, quien era padre de Sebastián, un joven asesinado en 2009, en Catamarca. El hijo del geólogo fue decapitado y calcinado, cuando recorría las ruinas El Shincal, a tres kilómetros de la ciudad de Londres.

El reconocido geólogo y docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, Eduardo Mussachio, figuraba entre los pasajeros que iban en el avión que cayó en Río Negro. La noticia causó consternación en el ámbito de la Universidad donde Musacchio (70 años) era ampliamente reconocido por sus trabajos de investigación. También mantenía un vínculo muy cercano con el actual rector Adolfo Geninni de quien fue profesor en la Universidad de La Plata.

El asesinato de su hijo Sebastián, otro golpe trágico que afectó a la familia hace dos años, fue difundido por muchos medios nacionales que en su momento se hicieron eco del crimen. Inclusive el propio catedrático viajó a Catamarca varias veces y estuvo presente durante el juicio que terminó con una dura condena para los dos asesinos. Por su trágico deceso ayer se suspendieron las actividades en la Facultad de Ciencias Naturales mientras que hoy al mediodía la comunidad universitaria le rendirá un homenaje en el Aula Magna.

El destino quiso que Gustavo Basaldúa, amante del fútbol e hincha de Huracán de Parque Patricios, viera frustrados sus sueños. El joven gerente bancario preveía casarse en el mes de noviembre y le había encomendado a su novia, oriunda de la provincia de Entre Ríos, que fuera a buscarlo al Aeropuerto a la hora prevista de arribo.

Morir en el aire

«Cuando este avioncito se caiga no va a quedar nadie…» advirtió como una fatal presunción uno de los trabajadores petroleros de la empresa Key, quien cubría esta ruta con frecuencia, en vuelos de la empresa Sol. Darío Rujenvak, jefe de Suministros y Juan Manuel Ruíz, del área Recursos Humanos habían embarcado en la capital neuquina convocados para una reunión de trabajo.

Otro jerárquico petrolero también compartía el pasaje. Era Antonio López (53), jubilado de Key pero que continuaba trabajando al servicio de una contratista de YPF como inspector. Padre de cuatro hijos y conocido vecino del barrio Roca, había embarcado en Mendoza previendo reencontrarse con sus familiares después de la rutina laboral que le demandaba permanecer lejos de su hogar por varias semanas. Ayer su hijo mayor, su hermano y su esposa fueron trasladados en un vehículo especialmente dispuesto por YPF hasta el lugar del accidente y avanzar en el crudo proceso de traslado del cuerpo.

El ingeniero Juan Carlos Begovic, hombre de confianza en Clear y el grupo Indalo, con veinte años de trayectoria en las empresas de Cristóbal López, también viajaba hacia la ciudad para ser parte de una reunión de directorio. Acostumbrado a los aviones y a cubrir grandes distancias en su rol de hombre de negocios, el profesional perdió la vida en una circunstancia impredecible.

Dejó esposa, dos hijos y una legión de amigos que hoy llora su partida. «Había ido a Mendoza a firmar un convenio. Era una persona excepcional que fue el responsable del desarrollo de Clear en la provincia de Buenos Aires, La Pampa y Mendoza. También estuvo en Catamarca arrancando con el tema de los olivos», recordó ayer su amigo Gustavo Lupiano. Otros dos trabajadores de la empresa, Rubén Di María y Emanuel Morales figuran entre las diecinueve víctimas.

La de Sara Noemí Tula también es una historia particular. Solía atender el puesto de diarios y revistas del Aeropuerto y vivía en el barrio Próspero Palazzo junto a sus dos hijos y su esposo Marcos Andrade, suboficial de la Fuerza Aérea.

En busca de nuevos desafíos, su marido fue recientemente destinado a la provincia de Mendoza y hacia allí la joven mujer había viajado para organizar la llegada del resto de la familia. No tenía determinada la fecha de su regreso a la ciudad y avisó casi sobre la hora que embarcaría en el vuelo de Sol el miércoles por la noche. Sería su último contacto en vida.

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