Cástulo Guerra derrochó pasión y entusiasmo en la noche de «Diálogos»

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Cástulo Guerra fue el protagonista de la segunda noche de Diálogos – Entrevistas Culturales el miércoles pasado en el hall de la Casa de la Cultura. Como es habitual, la entrevista estuvo a cargo de Patricia Patocco, directora de la revista Artenautas y la apertura y presentación del ciclo la realizó el secretario de Cultura de la Provincia Mariano Ovejero.



“Lo que queremos hacer desde la Secretaría de Cultura, a través de este ciclo Diálogos, es posibilitar ese encuentro con los artistas. Sabemos que nos han regalado sus obras y también queremos que nos regalen su testimonio de vida. Diálogos es una forma de reconocerlos y homenajearlos. Quiero anunciar además, que a partir de esta edición el ciclo comenzará a grabarse en formato para televisión, porque la idea es que puedan disfrutarlo todos los salteños”, expresó el secretario de Cultura Mariano Ovejero.

El secretario le hizo entrega de una serie de obsequios, especialmente preparados para el actor por la administración de la Casa de la Cultura: dos vinos cafayateños, un poncho salteños, y una colección de libros de autores locales.

Un público numeroso y participativo mantuvo una apasionante charla con el intrépido actor, que pasó su niñez en Salta, sin imaginarse su singular destino: “Mirando hacia el pasado uno encuentra señales, elementos que presagiaban las cosa que un día tendrían lugar en EEUU. A veces uno pierde el sentido, el viento en las velas no sopla. Hoy reviviendo cosas del pasado te das cuenta que eran señales”, contó.

Cástulo Guerra se extendió sobre varios momentos y experiencias de su vida: su infancia, sus días en el circo, el azaroso encuentro con el rodaje de Taras Bulba, su paso por la Facultad de Medicina, sus días de teatro en Tucumán, su viaje a Estados Unidos, el encuentro y la historia con su compañera de vida, su paso por Terminator, entre otras miles anécdotas y sabrosísimos detalles sobre la vida en Hollywood.

“La fascinación por el circo a temprana edad tuvo la culpa de todo” – contó riéndose – “A los 8 años, pasaba todos los días después de la escuela, y observaba. Y un día, el tipo que cuidaba me dice: vos venís todos los días, ¿querés ganarte unos pesos? Tenés que lavarles las patas a los elefantes. Y yo acepté por supuesto. Era un trabajo digno, honrado y te pagaban bien.”

“En una de esas andanzas, en un parque de diversiones había un mago que hacía un truco con una mujer decapitada: El truco de María Escabiutrovich. Yo voy a hacer lo mismo, pensé. Voy a invitar a los chicos de la cuadra y voy a cobrar entrada. Me faltaba María Escabiutrovich. Y la agarré a mi hermana Susana, que siempre estaba por ahí. Puse tres sillas y dejé un espacio. Y la tape con una manta. ¿Cuánto tiempo podés aguantar?, le dije. Me ahogo, me contestó. Y la dejé ahí nomás. Luego, siguiendo el truco original necesitaba una maquina que rugiera. Y fue la bicicleta, para eso puso a uno de mis primos a darle vuelta a la cadena. Los chicos pagaron, llegaron todos puntuales y se fueron muy contentos. Así nació mi fascinación por lo teatral, o lo teatrero. Creas un túnel de fantasía donde la gente decide dejar la no creencia para entrar en el juego.”

“Lo de medicina era el sueño de mi padre. Hice lo que pude para cumplir con los requerimientos. Pero la suerte quiso que viera la obra Seis personajes en busca de un actor, de Díaz Ulloque, que fue uno de los grandes fracasos del teatro tucumano, pero a mi me cambió la vida. Y volví a Salta para enfrentarme con mi papá y decirle que dejaba medicina. Y me planté y le dije: Papá dejo medicina. Pero pasá, conversemos, me contestó, yo entiendo todo, pero yo tengo un amigo que es psicólogo. Va a ir y se va a solucionar todo, dijo. No hay conversación, sentencié. Seis meses se enfermó mi padre después de eso. Un día llegamos a la plaza y aparece el Cuchi Leguizamón y me pregunta: Y chango, ¿como llevas con la medicina? El muchacho ha decidido dejar, contesta mi padre. Estudia teatro ahora. ¡Uh, que formidable!, replica el Cuchi, vos lo que tenés que cuidarte es de hacerte opa actor, ¡y Dios no vaya a permitirte que te hagas opa consentido!”.

Sobre su adaptación a Estados Unidos contó: “Fue muy difícil. Muy lenta mi adaptación. Eran unas soledades enormes. Lo que hacía era estudiar teatro como loco. Cuando entré a mi primer curso, el primer día, saludé y no me contestó nadie. La única que me dijo: acá hay un lugar, fue Christy. Nos hicimos amigos de por vida, quejándonos de cómo extrañábamos nuestros hogares.”

“En el ’75, vine a Argentina con intención de quedarnos. Solo que no era el mejor momento. Vine con Christy, que ya era mi mujer. Con Claudio García Bes hicimos un laboratorio teatral, como un estudio sin la presión de presentar el trabajo final. En el ’77 pudimos presentar esa obra en la Escuela Alberdi.”

Cuando Patocco le preguntó acerca de su paso por Terminator, contó: “Generalmente cuando hacen un casting, llegas y están los 24 de siempre. La misma mielda, decía un productor portoriqueño cuando nos veía. Un día llego yo a un casting. No había nadie. James Cameron estaba buscando locaciones, así que los productores me filmaron la prueba, que era de una sola línea. Dos días más tarde me llaman y me dicen: Cameron quiere verte. Acudo a la cita, espero y espero y finalmente llegan, Cameron y Linda Hamilton. Esto no es un casting, me dice Cameron. Lo que hiciste me disparó muchas cosas, así que volví a escribir tu texto. No va a ser una sola línea. Me pidió que hiciera una improvisación con Linda. Y quedaron contentos. Bienvenido a bordo, me dijo. La verdad fue muy bueno, hasta pusieron mi nombre en los créditos al principio, eso no es común para un actor de reparto. Que me trajo la experiencia: una infinitud de audiciones para guerrillero. Así es Hollywood”, dijo entre carcajadas.

“Ahora me encuentro en Salta porque estoy filmando una serie que se llama El Aparecido, dirigida por Mariano Rosa. Están haciendo ocho episodios y voy a hacer un personaje que hace de cura, que es El Diablo. En febrero me hizo traer José Issa para hacer el proyecto de Güemes”, explicó sobre su presencia en Salta.

Hubo lugar para infinitas anécdotas más. Cástulo Guerra mostró su generosidad contando experiencias, especialmente para los incipientes actores que también se dieron cita en la noche de Diálogos, y el público general, en una edición que desbordó entusiasmo y alegría.

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