El aporte del periodismo a la Revolución de Mayo

Creadme que me siento orgulloso de expresar mi pensamiento en esta casa de formación de futuros periodistas que lleva el nombre del insigne Mariano Moreno, periodista y pieza principal en el primer grito libertario de nuestra nacionalidad.

En esta ocasión me veré obligado a apelar a la lectura del trabajo elaborado para que esta exposición  en razón que debo precisar documentos vinculados al tema a desarrollar: la formación del periodismo, su influencia en el movimiento emancipador y su proyección en la actualidad.

Decía Gracián: «Hombre sin noticia, mundo a oscuras». La noticia, reflejada a través de la prensa, representa ya no el pan nuestro de cada día sino al aire que se respira y la comunión espiritual del hombre con el hombre.

Claro está que el periodismo, por mucha grandeza que haya alcanzado, no es infalible, ni perfecto, ni desinteresado, porque esas cualidades reunidas no están en  cosa alguna en este bajo suelo. Pero hay sin duda, sí, un periodismo serio que aspira a la imparcialidad y aspira a la perfección y hace cuanto puede, por lograrlo.

Su  función informativa es también formativa de la opinión, puede ser orientadora en sus críticas, fustigadora o apaciguadora.

Desde muchos años antes del primer grito libertario de 18l0 en distintos lugares del actual suelo patrio -al igual que en la mayoría de los pueblos del nuevo continente- aparecían clavados o pegados

En las paredes manifiestos anónimos escritos a mano donde con ironía agresiva, con burla punzante y con desgarrado descaro se criticaba tal o cual medida de gobierno o la conducta de algunos funcionarios.

Claro está que esta costumbre -o mala costumbre- de expresión motivó que el gobernante de turno iniciara expedientes en procura de establecer la identidad del autor o los autores.

Por ejemplo, en 1776, en Buenos Aires, salió a la luz un manifiesto titulado «La Verdad Desnuda». En él se denunciaba los «excesos» del gobierno del virrey don Pedro  de Cevallos.

Este tipo de expresiones para muchos no es considerado como un antepasado del periodismo. Pero no obstante ello, para otros historiadores,  éste género de opinión fue semilla fértil en la época colonial para llegar a crear conciencia de un árbol que daría su fruto el 25 de mayo de 1810. Estoy hablando de hace 189 años.

La primera máquina impresora que hubo en el país fue construida por la Orden de los Jesuitas en la Reducción de Nuestra Señora de Loreto, con madera misionera y tipos de estaño, en el año 1700. La primera publicación impresa aquí fue la traducción al idioma guaraní de un libro del Padre Neumann: «Martirologio Romano».

Después la impresora fue destinada a Córdoba, al Colegio de Monserrat, hasta que Carlos III dispuso la expulsión de los Jesuitas de España y de todos sus dominios. La máquina fue depositada en los sótanos del establecimiento hasta que el virrey del Río de la Plata, don Juan José Vértiz, la compró y la hizo trasladar desarmada a lomo de mula a Buenos Aires para instalarla luego en la Casa de los Niños Expósitos y para que con su uso «ayudase con las ganancias al sostenimiento de la benemérita institución»

Fte Andres Mendieta

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