Cuaresma y renuncia del Papa
13/02/2013
En el inicio de esta Cuaresma del año 2013 los fieles nos hemos visto conmovidos por la noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI. Aunque siempre hay que vivir a fondo la cuaresma, el hecho de que durante estos días se concrete la renuncia y se convoque a un nuevo cónclave para la elección de un nuevo Sucesor de Pedro nos da nuevas y poderosas razones para vivir con intensidad las prácticas de caridad propias de la cuaresma, es decir, la limosna, el ayuno y la oración.
Limosna: a través de la caridad de dar nuestro dinero y bienes a quien lo necesita, edificamos en el amor de Dios a la Iglesia que quiere renovarse para vivir la Pascua del Señor. En su mensaje para la Cuaresma 2008 el Papa Benedicto XVI explicaba que la limosna “representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales”. Por eso, en este tiempo eclesial de cambio en el Pontificado, con la limosna ayudamos a los necesitados y también nos purificamos como Iglesia para expresar mejor la verdad del Evangelio ante una sociedad de la imagen y el poder. En ese mismo mensaje Benedicto XVI decía: “En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación se plantea continuamente. La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros”.
Ayuno: el sentido profundo del ayuno es la identificación con Cristo que pasó por la Cruz redimiendo así al mundo. Guiados por el Espíritu Santo, los ayunos que hagamos en esta cuaresma podemos ofrecerlos por el Santo Padre, Benedicto XVI, por su salud, por sus intenciones, y también por los Cardenales, para que el Espíritu Santo los asista en la responsabilidad de elegir al nuevo Obispo de Roma. Estos ayunos y mortificaciones contribuyen en lo secreto al tesoro de Gracia que edifica la Iglesia de maneras misteriosas, pues nos disponen a escuchar mejor la Palabra de Dios. En su mensaje para la Cuaresma de 2009, Benedicto XVI decía: “Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios”.
Oración: finalmente, en este tiempo de Cuaresma estamos llamados a una constante oración por la Iglesia, por el Papa, por los Cardenales y por todos los fieles. Es una forma concreta de intercesión. Somos piedras vivas de la Iglesia y la fuerza de la oración de todos los fieles edifica la Iglesia y la ayuda a vivir más fielmente la voluntad de la Trinidad. En su mensaje al Consistorio el 11 de febrero de 2013 comunicando su renuncia, el Papa decía: “confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice”.
Para finalizar, compartimos la reflexión de Mons. Marcelo Colombo, Obispo de Orán, quien en el diario El Tribuno del 12 de febrero de 2013 se refirió a la renuncia del Papa Benedicto XVI, y la relacionó con la Cuaresma. Dijo Mons. Colombo:
La oportunidad que él ha escogido para dar este paso, que es la Cuaresma misma que comenzamos este miércoles, nos da el tono de un tiempo de reflexión. Un tiempo para mirar hacia nuestro interior, un tiempo para fortalecer estas convicciones profundas que nos unen en torno de Jesucristo el Salvador, en el servicio que él nos ha pedido especialmente para con los más pobres y el lugar de la Iglesia como servidora de la humanidad. Entonces que este tiempo sea un modo de reestrenar nuestras convicciones más profundas y ayudados por este clima de expectativa alumbremos una Iglesia nueva. Es curioso que renuncie en el Año de la Fe, él que nos ha invitado a renovar nuestra fe, y ha suscitado en el mundo -como teólogo sobre todo- este deseo de una vuelta a Cristo, a la relación con Cristo.
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