Aún quedan manicomios públicos en trece provincias

05/10/2010

En Argentina todavía son 13 las provincias que tratan a las personas con padecimientos mentales en manicomios públicos, en clara contradicción con las recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS y OMS), que piden que las personas que sufren trastornos psiquiátricos sean atendidas en hospitales generales, fuera del encierro y en la comunidad donde se encuentran sus seres queridos y pueden continuar con su vida cotidiana.



Por otro lado, muchas de las provincias que avanzaron en la sustitución gradual y progresiva de los manicomios, es decir, la desmanicomialización, aún cuentan con problemas para la creación de espacios propicios para atender a los pacientes y sufren limitaciones presupuestarias que complican los tratamientos de recuperación.

Una nueva producción conjunta de la Red de Diarios en Periodismo Social revela la situación en la que viven miles de argentinos con padecimientos psíquicos, que no siempre acceden al tratamiento adecuado y viven casi aislados de sus familias.

Todo esto ocurre al mismo tiempo que un proyecto de ley de Salud Mental, aprobado por unanimidad en la Cámara de Diputados y que avanza en el respeto de los derechos de estas personas, aguarda su tratamiento en el Senado.

Aislados de la familia y el entorno

Una de las razones por las que se promueve la “desmanicomialización” es porque este sistema profundiza el aislamiento de los pacientes con sus familiares directos, dejándolos internados durante años sin posibilidad de estar en contacto con su entorno más cercano.

En Córdoba pueden dar fe de ello.

En esa provincia, aunque avanza el proceso de “desmanicomialización” y si bien hay cada vez menos personas con alguna patología mental que viven en institutos, todavía quedan 1.370 pacientes internados. Y, lo que es peor, unos 600 de ellos no tienen familia a la vista que los puedan recibir, tal como publicó La Voz del Interior.

Son muchos, pero hasta hace poco había muchos más: hace dos años se registraban 1.850 internados, es decir, 480 más. De los 1.370 que quedan, un 40 por ciento ocupa una cama por estadía “breve”, de no más de 45 días de internación, y el resto de estadía “crónica”.

La Provincia comenzó en junio de 2008 a adoptar un paradigma sanitario sobre el cual se habla hace décadas: correrse del histórico modelo asilar para que las personas no vivan durante años –a veces casi toda la vida– en los “manicomios”. Así, se busca que haya menos internaciones, que éstas sean indicadas sólo cuando se presente alguna crisis y que, una vez estabilizado, el paciente sea tratado de manera ambulatoria. Esa es la meta. El año pasado, el Ministerio de Salud provincial y el Poder Judicial firmaron un acuerdo para que las causas civiles ya no sean tramitadas por jueces sino por un equipo prejudicial. En dos años, hubo dos mil internaciones judiciales menos.

Pocos profesionales y atención inadecuada

Sólo en América Latina y el Caribe son 110 los millones de personas con enfermedades mentales: el 80%  de ellos no accede a tratamiento alguno. Los que sí acceden, muchas veces lo hacen en condiciones penosas, también en nuestro país.

Para muestra, vale el ejemplo de lo que ocurre en la provincia de Entre Ríos. Allí, considerando los hospitales psiquiátricos de Paraná, Diamante, Rosario del Tala y Federal, hay 610 personas internadas. En este último, es donde se vive la situación más grave. Se lo conoce como Hospital Raúl Camino, y está ubicado a 5 kilómetros de la ciudad de Federal.

Allí hay un psiquiatra para 150 pacientes. Ningún terapista ocupacional: así, no hay rehabilitación posible, y el hospital se ha vuelto un hospital de “crónicos”. Nadie se va, nadie se cura, ninguno consigue el alta.

El Diario, de Entre Ríos, entrevistó a su director, Daniel Sciortino, quien aseguró: “Nosotros queremos un hospital de rehabilitación. Estamos internando chicos de 18 años, y no puedo permitir que se vuelvan enfermos crónicos a esa edad. Porque acá termina deteriorándose más su salud. Queremos pacientes para rehabilitar. Pero no podemos porque no tenemos recursos humanos. Somos pocos. Tenemos un solo psiquiatra. Un psiquiatra, tres psicólogos, una asistente social, y un profesor de educación física. Y nada más”. Según Sciortino, “a veces nos mandan también pacientes que no tienen a dónde ir. Ahora, nos mandaron un paciente desde Chajarí, que hacía cinco años que estaba en el hospital. El juez lo manda acá porque no tienen adonde mandarlo. Y no es así. Ese paciente no es para estar acá. Es para un geriátrico. Hay internaciones que disponen los jueces con las cuales no estamos de acuerdo, pero te las hacen igual”.

Con esta realidad, la rehabilitación de los pacientes más que difícil, parece imposible.

El camino a la “desmanicomialización”

En Argentina, Río Negro fue la primera provincia en sancionar la ley de desmanicomialización. La ley N° 2440, promulgada en 1991, se propone "la recuperación de la identidad, la dignidad y el respeto de la persona con sufrimiento mental". Concibe la internación psiquiátrica como último recurso, luego del agotamiento de todas las formas y posibilidades terapéuticas previas. El objetivo de máxima es la reinserción comunitaria de aquellos pacientes que para la psiquiatría convencional tendrían un único destino: la internación neuropsiquiátrica.

Hugo Cohen es asesor subregional en Salud Mental para Sudamérica de la OPS/OMS. Según Cohen, el cierre de los manicomios no puede ser inmediato. “Deben crearse los espacios propicios para atender a los pacientes, impulsar el desarrollo de servicios necesarios como la internación en hospitales generales, internación ambulatoria y domiciliaria; también capacitar al personal de salud; brindar apoyo a las familias, construir casas de medio camino y hogares de tránsito”, asegura. Y agrega: “Se requiere también incrementar los recursos presupuestarios, pero con los que ya hay es necesaria su reorientación y reconversión, ya que actualmente más del 70% se destina a los hospitales psiquiátricos”.

Salta es una de las provincias que ya se puso a trabajar en el tema, básicamente en el hospital de salud mental Miguel Ragone, a 30 kilómetros de la Capital, tal lo publicado por el diario El Tribuno. Allí fueron cerradas las celdas de aislamiento de la institución, que funcionaban como parte de una forma de tratamiento que incluyó la separación del paciente del resto de la sociedad. Esas habitaciones, que se pensaron hace décadas para el encierro temporal de personas internadas, ahora se empezaron a usar como consultorios. “Se utilizaban en algún momento para la contención de ciertas patologías pero también podían ser sinónimo de castigo. Los lugares de aislamiento, un eufemismo porque eran como celdas, se eliminaron definitivamente entre esta gestión y la anterior”, señaló Oscar Montivero, gerente del hospital.

El funcionario aseguró que la decisión se tomó como parte de un plan que también busca reducir las internaciones por problemas de salud mental y favorecer otras terapias. Aunque vale aclarar que la metodología de atención generó debate desde principio de año a raíz de un recurso de amparo que señalaba que no había políticas integrales para la recuperación y cuestionaba las internaciones prolongadas en la colonia Nicolás Lozano.

A su vez, el Gobierno de la Provincia también anunció este año un plan de salud mental que incluye la habilitación de casas donde podrán alojarse varios pacientes que estén en condiciones de salir de la internación pero no tengan vivienda. La Provincia también prometió que se incrementarían gradualmente los servicios de psiquiatría y psicología. Actualmente, según información oficial, hay profesionales en los hospitales y en más de 40 centros de salud de la Capital.

Misiones es otra de las provincias que avanza en la “desmanicomialización”, aunque como una política a largo plazo, según informa el diario El Territorio. El propósito, según el Ministerio de Salud de esa provincia, es alcanzar el tratamiento ambulatorio de todos los cerca de cincuenta pacientes que se encuentran internados actualmente en el hospital Carrillo, único centro asistencial psiquiátrico.

Uno de los principales problemas que deberá superar el gobierno provincial para alcanzar los objetivos trazados es incrementar el número de profesionales psiquiátricos, cuyo déficit impide extender la cobertura a todo el territorio de Misiones.

El Subsecretario de Salud, Oscar Herrera, sostuvo que por el faltante “se trabaja más bien con psicólogos y licenciados, que fundamentalmente trabajan con lo preventivo”.

“La tendencia es ir conformando equipos en los hospitales, para que los pacientes con trastornos neuropsiquiátricos o con problemas de salud puedan ser internados y asistidos en cualquier hospital y con ello trabaja el gabinete de lo que es salud mental”, aseguró el funcionario.

Respecto al cierre definitivo de los hospitales psiquiátricos, Herrera señaló que “es una política nacional y Misiones sería una de las primeras provincias en implementarlo y ponerlo en marcha. La idea es evitar la internación en hospitales psiquiátricos, es tratar ambulatoriamente a los pacientes”.

Por su lado, Santa Cruz prueba con éxito el programa de “externación” de pacientes, que permitió acelerar la recuperación y reinserción de al menos 50 personas en los últimos años. La iniciativa depende del Programa Provincial de Salud Mental y Patologías de Consumo. Así lo explica a La Opinión Austral su coordinarora, la psicóloga Laura Gottig: “La tendencia es que estas personas puedan re-vincularse con sus grupos familiares de origen. La desvinculación se produce por temor, por una mala experiencia, y aparte, que hay todo un prejuicio con respecto al paciente con trastorno psiquiátrico severo, concretamente el paciente esquizofrénico, hay mucho temor”. Por el contrario habló de un paciente que, “si bien no se va a curar, porque tiene una enfermedad crónica, teniendo un tratamiento adecuado puede vivir inserto en la sociedad, y dentro de su núcleo familiar”. “Tiene que contar con el tratamiento farmacológico adecuado, y en caso de una descompensación, se interna en el CSM el tiempo necesario hasta que supere ese cuadro agudo”, detalló.

En Santa Cruz, son casi medio centenar los pacientes actualmente externados, que eran residentes del programa de Salud Mental de larga data. En muchos casos se acercan gradualmente o visitan a la familia, mientras residen en pensiones que ofrece la comunidad, adonde los visita el equipo de profesionales para controlar la continuidad de su tratamiento terapéutico, farmacológico y vinculación social.

La pobreza, otra razón para seguir internado

Nadie podría pensar que la pobreza es una razón para seguir internado en un establecimiento psiquiátrico. Sin embargo, esto es una realidad para muchos argentinos, que, pese a haber superado la crisis que determinó el motivo de su internación, continúan encerrados por razones sociales como la pobreza.

Actualmente, en el Hospital Neuropsiquiátrico de La Merced, en el departamento Paclín, en Catamarca, hay 34 pacientes internados por diversos problemas psiquiátricos o psicológicos. De este universo, según manifestaron autoridades del centro de salud y de la Dirección de Salud Mental de la provincia al diario El Ancasti, la mitad tiene actualmente problemas denominados "sociales".

Éstos son, esencialmente, falta de posibilidades de regresar con sus familias, un olvido liso y llano, o directamente el abandono.

El director de Salud Mental de la provincia, Luis Segura, manifestó, sin embargo, que se está trabajando en la puesta en marcha de un proyecto que propone la Externación y la Reinserción de los pacientes con sus familias, a tono con lo que proponen la OMS y la OPS. "Del total de enfermos que tenemos actualmente, más del 90% llegó por una recomendación de la Justicia, es decir, que se recomendó su internación por una orden judicial. Algunos de ellos, sin embargo, ya podrían salir, pero es un trámite muy largo que la Justicia también prolonga", aseguró Segura.

Los pacientes, sujetos de derechos

En octubre del año pasado, la Cámara de Diputados aprobó la Ley Nacional de Salud Mental. El proyecto promueve en su contenido la efectiva vigencia de los derechos ciudadanos de las personas con trastornos mentales. Propone la creación de un sistema de salud mental accesible y no discriminatorio y apunta al logro de la plena inclusión de la persona en la comunidad. Responde estrictamente a la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, suscripta por el país en la sede de las ONU en 2006, y ratificada en el Congreso de la Nación.

Ahora, el proyecto aguarda su tratamiento en Senadores.

Según Cohen, “se trata de un paso gigantesco para el país en la dirección trazada por la OMS y la OPS, ya que está basado en evidencias científicas, convenciones internacionales y el respeto por los derechos humanos”. Para el profesional, “es esencial considerar a las personas con padecimiento psíquico como sujetos de derechos y preservar su calidad de vida. No hay salud sin salud mental. Y no hay salud mental si no se la hace accesible a las personas que requieren de servicios. Por eso resulta importante también integrar la salud mental a la atención primaria, primer escalón de asistencia”.

Es que, según afirman los expertos, el alcohol y la depresión son los principales problemas de salud mental en el mundo, seguidos de otros como la esquizofrenia, el Parkinson; las demencias y la epilepsia. Pero no sólo eso, los desórdenes neuropsiquiátricos ocupan el primer puesto entre las problemáticas de salud mundiales seguidos por las lesiones (accidentes, violencia) y el HIV.

Por ello, “urge el desarrollo de los servicios adecuados, intersectoriales y basados en la comunidad; de esta manera se hará efectivo el respeto de sus derechos ciudadanos y se romperá con el estigma y la discriminación”, afirma Cohen.

La experiencia de la provincia de Santa Fe parece ir en ese sentido.

El diario El Litoral realizó una recorrida por los centros de salud de la ciudad para conocer de cerca el trabajo de los 38 psicólogos que allí trabajan. Según esos profesionales, la gente llega preocupada por sus conflictos de pareja, por las presiones económicas y por lo que les pasa a sus hijos, que se portan mal en la escuela y en casa. En realidad, éstos son los mismos problemas que llevan a todo el mundo al psicólogo. Pero en los barrios hay una angustia todavía más profunda.

“La gente está obligada a vivir en la inmediatez”, opina Ángeles Ramírez, psicóloga del Centro de Salud de Juventud del Norte. La sensación de estancamiento, falta de futuro y horizonte es una carga pesada, que asfixia la esperanza y la ilusión de construir un proyecto personal y familiar

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