Ahora hacen "meditar" a los presos para bajar sus condenas
18/10/2010
La aplicación del sistema creado por la gurú australiana Isha es un hecho en las 55 unidades penales de la provincia de Buenos Aires. Los impulsores de la medida, que ya lleva dos años "de éxito" en su prueba piloto, aseguran que buscan que los internos "bajen el nivel de estrés de sus cerebros" y mejoren así su conducta, como un paso previo para la reducción de la pena.
Los cursos se realizan incluso en las cárceles de máxima seguridad desde el 28 de julio último. Ya hay 300 internos inscriptos que repiten, en cada clase, tres veces la frase: "El amor me crea, en mi perfección".
Según explicaron las autoridades del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), evaluarán la conducta de los presos que participen de manera voluntaria, y los resultados influirán a la hora de analizar una posible reducción de la pena.
"Lo que enseña es autocontrol mental. Notamos una importante baja en los índices de violencia en las unidades en las que hay internos que lo practican. El sistema baja la ansiedad y la depresión de los internos y contribuye a la readaptación", señaló Javier Mendoza, director del SPB.
No obstante, Alejandro Rodríguez, profesor de este método, lo contradijo en Radio 10. En diálogo con Marcelo Longobardi, el especialista señaló que no se trata estrictamente de control mental sino que "es una técnica que les ayuda a las personas a vivir el momento presente". "Son internos que por su propia voluntad quieren un cambio", aclaró.
Tras calificar los crímenes como "errores" que cometen las personas, Rodríguez dijo estar convencido de que los presos pueden alcanzar la transformación. Y que eso se torna evidente. "Se nota cuando alguien habla del corazón. Se nota en sus actitudes, en su tono de voz, en su mirada; cuando alguien te mira a los ojos, cuando no esquiva la mirada, cuando no titubea, no hay miedo… cualquier persona puede darse cuenta", señaló.
Cada uno de los internos cuenta, al ingresar al penal, con 10 puntos en su haber, que va perdiendo cada vez que realiza una falta grave como pelearse con facas o intentar fugarse. En caso de que esto ocurra, se da intervención al juez y al Grupo de Admisión y Seguimiento de esa unidad carcelaria (que integran autoridades, docentes y el capellán). Si, pasados cuatro meses, el delincuente no incurrió en nuevos incidentes de este calibre, recupera su puntuación. Así se evalúa su conducta, según publicó el diario La Nación.
De acuerdo con los impulsores de la medida, muchos presos hoy están cerca de cumplir este objetivo. "Está funcionando. Hemos visto muchísimos cambios en muchos internos", sostuvo Rodríguez.
"No será automático -agregó Mendoza-, es decir que sólo por participar de los cursos los internos no podrán reducir su pena. Pero esto va a incidir en forma directa: si la persona no se inmiscuye en peleas y se aparta del acontecer violento, si tiene buena conducta, va a conseguir la reducción de la pena o salidas laborales".
Las Madres del Dolor cuestionan la iniciativa
Vivian Perrone, presidente de esta ONG, criticó la inclusión de la "meditación" entre los detenidos como una forma de reducir la condena.
"¿Por qué siempre se habla de reducir la pena? Está bien que se haga algo para que los presos mejoren su conducta, pero una persona que cometió un crimen tiene que cumplir su condena. Portarse bien es su obligación. Que el que se porta mal se quede más tiempo. Hoy, una persona que mató o que violó recibe 20 años, que se convierten en 7 u 8", reflexionó la mujer.
En ese sentido, Rodríguez opinó: "Nosotros no sabemos quién es quién: les enseñamos a seres humanos que quieren un cambio, que se nota que quieren cambiar, y les damos la oportunidad de que lo logren".
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