El tiempo perdido del Romerismo

14/05/2014

1.En un reportaje del diario El Tribuno(17/3/2014) el senador Juan Carlos Romero expresó que decidió candidatearse nuevamente a gobernador de Salta, para “…volver a poner a Salta en la senda del crecimiento y recuperar el tiempo perdido..”. Además agregó: “…yo creo que el modelo kirchnerista está agotado y vamos a buscar un nuevo esquema de relación de fuerzas con la Nación…”.

Afirma con respecto al Gobierno Nacional que “… nos merecemos un gobierno normal,… que minimice los enfrentamientos,… yo confío en que la gente va a elegir a cualquiera de las fuerzas no kirchneristas. Y en Salta la opción claramente somos nosotros…”.

Decía Arturo Jauretche, refiriéndose a los políticos que habían dejado de comprender al país: ”Se les había atrasado el reloj de la historia. Es una cosa que pasa frecuentemente en política, como en los gimnasios. Se va a éstos para adecuar el músculo a las necesidades del hombre y termina por adecuarse el hombre a las necesidades del músculo. La política, que es simplemente un medio, se les había convertido en fin..”. Si la política no apunta al bien común, que para los peronistas es “la justicia social”, la política no sirve de nada y en esa concepción autoproclamarse “peronista” resulta una falacia.

El peronismo, a diferencia de lo que hacen sus opositores, no se define por la negación. No es “anti”, tiene una propuesta positiva. Solía repetir Perón:”…Yo no he dicho que el peronismo es anticomunista o anticapitalista. Ser “anti” es estar en posición de pelea o lucha, y el peronismo quiere crear, trabajar, engrandecer a la Patria sobre la felicidad de su Pueblo. Los que nos pelean son ellos(los antagonistas)..”.

El senador Romero desea que los argentinos regresemos al tiempo de la “década neoliberal”, que él íntegro y defiende fervientemente, ignorando que actualmente, con sus luces y sombras, transitamos la “década ganada”. En los últimos diez años, el Gobierno Nacional llevó adelante la tarea de reparación social e inclusión de vastos sectores de la comunidad que fueron cruelmente marginados en la década del noventa, como resultado de una política privatista a ultranza que expulsó a miles de personas de sus fuentes de trabajo y de una apertura económica que disparó la desocupación a niveles impensables, especialmente en los sectores industriales y de servicios.

Todo ese panorama obligó al gobierno surgido en mayo de 2003 a encarar distintos frentes de trabajo para la recuperación del retroceso que soportó el PBI, especialmente entre 1998 y 2002, que llegó ese último año a un extremo del 10,9 % de caída. A partir de 2003, comenzó a producirse una recuperación productiva que algunos sectores de la oposición no tardaron en juzgar como un “simple veranito”. Sin embargo, ese veranito fue evidentemente una tendencia desatada por las fuerzas de la producción dinamizadas por un mercado interno potenciado al máximo, que encuentran el apoyo de políticas de mediano y largo plazo que alientan una creciente competitividad y creación de valor agregado.

La historia Argentina debe ser leída como la disputa entre un proyecto de país que aspira a la consolidación del desarrollo económico y social, y aquel otro que resiste la remoción de un orden de privilegios, encarnados en una minoría poderosa, articulado con las relaciones de explotación de nuestra economía que el sistema financiero mundial-bélico y comunicacional, permanentemente intenta imponer.

La Argentina actual desafía – económica, política y culturalmente- una vez más, el mandato hegemónico, “inventando su propia filosofía política”, afirma un editorial del The New York Times de fines de febrero. Aduce que en Argentina “..Había tanto para ser saqueado, tantas riquezas en grano y ganado…”, para cargar luego contra el peronismo.

Asimismo, el diario estadounidense acierta al identificar al peronismo, como el período histórico de consagración del proyecto nacional y popular, que desecha la “Teoría de las Ventajas Comparativas”, con la que se pretende relegar a la Argentina a una dependencia colonial, de sumisión a una matriz económica primarizada de gran impacto ambiental, soslayando la limitación básica de un modelo que no puede emplear a más de un tercio de la población.

Por esas mismas razones se explican las críticas que el senador Romero y otros órganos de inoculación del pensamiento dominante, realizan sistemáticamente contra el kirchnerismo que, como afirmó la Presidenta en su discurso frente a la Asamblea Legislativa, “…yo no sé si kirchnerismo y peronismo son lo mismo, pero se parecen bastante…”.

La Argentina está reconstruyendo una soberanía que había sido arrojada al desván de los recuerdos y que, en su versión siglo XXI, se denomina, en clave de desafío: Soberanía Industrial. Los argentinos nos encontramos en una bisagra histórica: tenemos antiguos desafíos que debemos superar para consolidar, definitivamente, un desarrollo económico industrial de alto nivel tecnológico, con empleos calificados y altos salarios, e integrados en el Estado continental industrial latinoamericano.

A contrapelo de la política antinacional ejecutada en la década del 90, que defiende con ahínco el senador Romero, las administraciones kirchneristas se vieron determinadas, en una feliz continuidad política nunca antes vista en la historia nacional de los siglos XIX y XX, a acometer un conjunto de inversiones y proyectos energéticos sin precedentes, así como otras variadas obras de infraestructura de gran repercusión social, que en los sectores de energía, obras públicas y comunicaciones totalizaron entre 2003 y mediados de 2013 una inversión acumulada superior a los 330.000 millones de pesos.

No debe pasarse por alto que en la década del 90 la ciudadanía argentina pagaba los combustibles más caros del mundo, mientras el gas se exportaba a precio vil a costa de una industria fundida por una competencia desleal. La grave crisis energética que actualmente padece la Argentina, se originó en la descabellada política exportadora de energía que en todas sus formas fomentó el menemismo, con el objetivo encubierto de acelerar al máximo los planes de ganancia de renta de las empresas privadas, con la cobertura del régimen de convertibilidad.

2.Uno de los desafíos a superar es la “restricción externa”. La escasez de divisas encuentra razones estructurales en la expansión de la economía y de la industria, que con un proceso de sustitución de importaciones inconcluso, genera tensiones dada la relación entre crecimiento y demanda de bienes importados, a la vez que presiona sobre la mayor demanda de energía.

El gobierno nacional tiene como objetivo irrenunciable metas de industrialización sustitutiva, agregación de valor en producciones primarias y de economías regionales y mejora de la performance exportadora. El Estado, así como ha generado las condiciones macroeconómicas y los estímulos para su expansión, deberá ejercer una firme conducción de una etapa de profundización y planificación del desarrollo industrial. También es prioritario orientar la renta extraordinaria de la tierra hacia el desarrollo nacional, por ello deberán pensarse nuevas formas de participación del Estado en el mercado granario.

Es inocultable el fracaso de la “teoría del derrame”- que sostiene el senador Romero-, predominante en la década del 90, y que propugnaba la conveniencia de la concentración del ingreso en la cima elitista. Hoy existe un consenso bastante generalizado respecto de la correlación virtuosa entre igualdad distributiva y desarrollo económico industrial.

Este proceso se cristalizó a través de la creación de empleo y mejora de los salarios reales, consolidando una fuerte demanda efectiva- tractor de la inversión y la expansión de la economía- conjuntamente con otras políticas de inclusión implementadas por el Estado( AUH, Plan Progresar, Plan Conectar, etc.).

La intensificación de la puja distributiva, expuesta en la dinámica de los precios, debe interpretarse como el límite que los sectores concentrados pretenden poner al proceso redistributivo en marcha. Para evitar la maniobra es prioritario el perfeccionamiento de las potestades jurídicas del Estado, para intervenir en el conflicto distributivo y poner límites al abuso de los actores con posición dominante.

La nueva etapa económica que se abre en el derrotero del proyecto nacional instaurado en 2003, consiste esencialmente en un proteccionismo industrial para garantizar buenos niveles de empleo; regulación de mercados para impedir la alteración del salario con la suba de precios; y fomento a la inversión para aumentar el empleo formal.

En este sentido se hace necesario implementar más política industrial. Otro factor clave es el direccionamiento del crédito bancario, orientándolo hacia la inversión productiva. En este punto se debe avanzar también en el desarrollo definitivo del mercado de capitales, poniéndolo al servicio de la economía real.

La reforma de la Carta Orgánica del BCRA es un gran avance que ya ha creado hechos concretos como por ejemplo la obligatoriedad de los bancos a prestar un porcentaje determinado de sus fondos a sectores productivos, pero todavía está vigente la ley de entidades financieras que decretó la Dictadura cívico-militar de 1976.

La profundización de la industrialización, la regulación de los mercados y la inversión son las claves del futuro. El movimiento obrero debe intervenir en ese debate con sus visiones y propuestas, decidiendo su propio destino. De otro modo estará colaborando con aquellos sectores que fomentan una restauración conservadora, en contra del empleo, el salario y la industria.

3. El exgobernador Romero gobernó la provincia(1995/2007) según un proyecto político que se sustentó en una ideología muy definida: la neoliberal -conservadora. Uno de los principios fundacionales del liberalismo postula que hay una primacía de lo privado por sobre lo público, porque considera- justamente – que lo público ha surgido como consecuencia de pequeñas cesiones de los particulares.

Lo público es una suerte de espacio que secunda y sigue a la privado y, por lo tanto, el beneficio privado redunda en favor de lo público. De allí que rápidamente liguen el interés personal con el del conjunto del pueblo y el senador Romero trasladara sin más la lógica de la administración empresarial a su gestión gubernamental. Es la política de la no política. Sus acólitos actúan como el CEO de una empresa.

Finalmente debo afirmar, que es sincero el Senador Juan Carlos Romero al no ocultar su coincidencia política e ideológica con el diputado del Frente Renovador, Sergio Massa. La sociedad argentina ya ha pasado la experiencia de votar a quien prometía “salariazos” y “revoluciones productivas”, que luego resultaron en precarización laboral, cierre de fuente de trabajo, congelamiento de haberes y corrupción generalizada.

Habrá generado la sociedad los anticuerpos necesarios para resistir estos cantos de sirena? Nos basta recordar que Ulises tuvo que atarse al mástil de su nave para no ser devorado por los monstruos disfrazados de sirenas, como les sucedía, según los mitos y leyendas griegas, a los marinos que sucumbían ante esas engañosas melodías. Por la salud de la democracia sin condicionamientos, es deseable que así sea. A sabiendas de que “lo que no avanza, retrocede”.

Salta, 14 de mayo de 2014.

Nicolás R. Juárez Campos

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