Evita

07/05/2011

Evita
Evita nació un 7 de mayo de 1919 y su corta vida fue el fuego intenso que abrazó a las causas más justas y más humanas que el mundo pudo ver. Se convirtió en una constructora del espacio político para los trabajadores y con ellos forjó el sueño de una Patria Libre, Justa y Soberana.
En la localidad bonaerense de Los Toldos, un hogar humilde vería crecer a María Eva Duarte como la niña más desafiante y de gran corazón. Su propia hermana, Herminda, la recordaría con estas palabras: “en tu niñez y en tu adolescencia una de tus características dominantes era encontrarle solución a todo; te negabas a aceptar, desde entonces, la idea de lo insoluble. Aun frente al desahucio buscabas algo que salvar. Y lo encontrabas. Tenías más imaginación que los demás, pero no porque inventaras cosas inexistentes; sino porque sabías descubrirle a la realidad todos los matices, todos los trasfondos”.
Así lo que a muchos avergüenza; como la humildad, en Evita era razón y bandera de lucha y lejos de olvidar su origen y procedencia; en vez de preferir el reposo tranquilo y cómodo como esposa del Presidente de la Nación; Evita siguió un trabajo abnegado junto a los pobres, las mujeres, los jóvenes, los ancianos y sobre todo los obreros. Maestra de la dignidad, no cejó un segundo de advertir a los enemigos del poder y la opulencia; que los ricos verdaderos son los que con sus manos y su empeño sostienen el país.
María Eva, Evita para el pueblo que la hizo suya; tuvo palabras simples y profundas para sus compatriotas, como aquella vez que dijo: “En mi labor diaria de buena voluntad y de humilde colaboradora en la Secretaría de Trabajo y Previsión, vivo las impresiones sensitivas más diversas, algunas de emotividad superior a mis posibilidades receptivas para el dolor humano. Pero debo confesar que, si todos los problemas de injusticia social y de dolor despiertan en mí la rebeldía y la voluntad de hacer justicia, el problema de la niñez es, por excelencia, el de mi mayor atención y máximo cariño. El dolor de los niños no lo justifico en ningún sentido, y medito que, en ese orden de asistencia social, la Revolución tiene a su cargo uno de los problemas trascendentales que demandan justicia sin pérdida de tiempo”.
Nos marcó como jefa espiritual de la Nación un rumbo y ese a pesar de los años trágicos de la persecución, del horror y la muerte; hoy vuelve a ser posible con cada decisión política que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner; ha sabido tomar en defensa, sobre todo de la niñez, la mujer y los jóvenes. Con cada niño recuperado de la apropiación; con cada asignación universal, con cada beca estudiantil y con cada medida en contra de la violencia de género; Evita pone el sello indeleble en la acción justa y soberana que la compañera Cristina, lleva adelante y que no deja más que lugar al compromiso y la imitación de todos los gobernantes y ciudadanos que se precien de militantes en un modelo inclusivo, igualitario y popular de país.
Por ello, hoy el recuerdo le gana a la muerte, Evita no pudo, aun con todos los maltratos que recibiera su cuerpo, ser mancillada por la herramienta más efectiva que tienen aquellos que quieren esclavizar al pueblo; la ignorancia. No nos permitimos el olvido, menos lo haremos con la indiferencia. Y a honra de nuestra compañera, solo cabe ser militantes comprometidos. La llama votiva de un homenaje es la antorcha que el pueblo no deja que la apaguen ni los vientos raros de la oligarquía, ni el conveniente despojo del olvido.
Hemos traspasado en la evocación, los siglos y en lugar de enterrar a nuestros compañeros, resucitamos con obras y acciones políticas, la memoria de quienes pertenecen al pueblo. Evita y ahora Néstor Kirchner, demostraron que sólo mueren aquellos que el pueblo destierra de su memoria.

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Evita nació un 7 de mayo de 1919 y su corta vida fue el fuego intenso que abrazó a las causas más justas y más humanas que el mundo pudo ver. Se convirtió en una constructora del espacio político para los trabajadores y con ellos forjó el sueño de una Patria Libre, Justa y Soberana.

En la localidad bonaerense de Los Toldos, un hogar humilde vería crecer a María Eva Duarte como la niña más desafiante y de gran corazón.

Su propia hermana, Herminda, la recordaría con estas palabras: “en tu niñez y en tu adolescencia una de tus características dominantes era encontrarle solución a todo; te negabas a aceptar, desde entonces, la idea de lo insoluble. Aun frente al desahucio buscabas algo que salvar.

Y lo encontrabas.

Tenías más imaginación que los demás, pero no porque inventaras cosas inexistentes; sino porque sabías descubrirle a la realidad todos los matices, todos los trasfondos”.Así lo que a muchos avergüenza; como la humildad, en Evita era razón y bandera de lucha y lejos de olvidar su origen y procedencia; en vez de preferir el reposo tranquilo y cómodo como esposa del Presidente de la Nación; Evita siguió un trabajo abnegado junto a los pobres, las mujeres, los jóvenes, los ancianos y sobre todo los obreros.

Maestra de la dignidad, no cejó un segundo de advertir a los enemigos del poder y la opulencia; que los ricos verdaderos son los que con sus manos y su empeño sostienen el país.

María Eva, Evita para el pueblo que la hizo suya; tuvo palabras simples y profundas para sus compatriotas, como aquella vez que dijo: “En mi labor diaria de buena voluntad y de humilde colaboradora en la Secretaría de Trabajo y Previsión, vivo las impresiones sensitivas más diversas, algunas de emotividad superior a mis posibilidades receptivas para el dolor humano.

Pero debo confesar que, si todos los problemas de injusticia social y de dolor despiertan en mí la rebeldía y la voluntad de hacer justicia, el problema de la niñez es, por excelencia, el de mi mayor atención y máximo cariño.

El dolor de los niños no lo justifico en ningún sentido, y medito que, en ese orden de asistencia social, la Revolución tiene a su cargo uno de los problemas trascendentales que demandan justicia sin pérdida de tiempo”.Nos marcó como jefa espiritual de la Nación un rumbo y ese a pesar de los años trágicos de la persecución, del horror y la muerte; hoy vuelve a ser posible con cada decisión política que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner; ha sabido tomar en defensa, sobre todo de la niñez, la mujer y los jóvenes.

Con cada niño recuperado de la apropiación; con cada asignación universal, con cada beca estudiantil y con cada medida en contra de la violencia de género; Evita pone el sello indeleble en la acción justa y soberana que la compañera Cristina, lleva adelante y que no deja más que lugar al compromiso y la imitación de todos los gobernantes y ciudadanos que se precien de militantes en un modelo inclusivo, igualitario y popular de país.

Por ello, hoy el recuerdo le gana a la muerte, Evita no pudo, aun con todos los maltratos que recibiera su cuerpo, ser mancillada por la herramienta más efectiva que tienen aquellos que quieren esclavizar al pueblo; la ignorancia. No nos permitimos el olvido, menos lo haremos con la indiferencia. Y a honra de nuestra compañera, solo cabe ser militantes comprometidos. La llama votiva de un homenaje es la antorcha que el pueblo no deja que la apaguen ni los vientos raros de la oligarquía, ni el conveniente despojo del olvido.

Hemos traspasado en la evocación, los siglos y en lugar de enterrar a nuestros compañeros, resucitamos con obras y acciones políticas, la memoria de quienes pertenecen al pueblo.

Evita y ahora Néstor Kirchner, demostraron que sólo mueren aquellos que el pueblo destierra de su memoria.

Alejandra Paredes de Navarro

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