Ocho condenados por estafa y tentativa de estafa

La jueza Paola Marocco, vocal de la Sala VII del Tribunal de Juicio, condenó a Iván Alexander Cornejo Serrano (40), José Orlando Nunura Atoche (39), Edgar Enrique Nunura Atoche (59) Alan Guevara Ramírez (34), Yrvin Vladimir Nunura Berru (28), Pier Paolo Paulini Floreano (36), César Wilfredo Salazar Agurto (30) y Oscar Alexander Salazar Agurto (39) a la pena de tres años de prisión de ejecución condicional por resultar autores material y penalmente responsables de los delitos de estafa (seis hechos) y estafa en grado tentativa, en concurso real.

La jueza dispuso que los condenados permanezcan en libertad en orden a la modalidad de la pena impuesta, sin perjuicio de lo dispuesto por otro tribunal. Todos ellos deberán cumplir las siguientes reglas de conducta con apercibimiento de revocarse la condicionalidad de la condena en caso de incumplimiento: fijar residencia en la ciudad de Salta, comunicar al tribunal cualquier cambio y someterse al cuidado del Patronato de Presos y Liberados; abstenerse de concurrir al domicilio donde residen las víctimas; prohibición de acercarse y de comunicarse con ellas por cualquier medio; prohibición de ejercer actos de violencia física o psíquica en contra de los damnificados; abstenerse de usar estupefacientes y de abusar de bebidas alcohólicas.

La jueza hizo lugar a la reparación del daño ofrecida y dispuso la restitución a las víctimas del dinero que se encuentra depositado en cuenta judicial del Banco Macro, en el marco de esta causa. A tal fin, ordenó librar las órdenes de pago correspondientes.
La magistrada ordenó además comunicar el veredicto a la Dirección General de Migraciones, para que se aplique la normativa que dispone la expulsión del país de los condenados, todos ellos de nacionalidad peruana.

Finalmente, la jueza dispuso que se asigne consigna policial ambulatoria en el domicilio de las víctimas durante 45 días.

Los acusados fueron denunciados por una serie de hechos ocurridos en la ciudad de Salta, en junio de este año. Los ocho desempeñaban diferentes roles en un ardid que repetían con diferentes víctimas. Ubicados en la vía pública, simulaban detectar a simple vista desperfectos mecánicos graves en automóviles que circulaban por el lugar. Les daban aviso a los conductores quienes, preocupados, detenían la marcha. Luego se presentaban como mecánicos o técnicos idóneos en la materia, revisaban el vehículo confirmando el falso desperfecto y les ofrecían a los damnificados venderles el repuesto indicado y hacerse cargo del arreglo en un supuesto taller. A cambio, les cobraban importantes sumas de dinero.

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