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24 de marzo: Reflexionemos sobre un pasado para construir el futuro

Hace 33 años atrás, cuando el pueblo argentino recuperó la democracia, en 1983, se comenzó a construir una nueva historia mirando hacia el futuro. Un futuro que se fue haciendo con coraje aunque nos costó asumir y recuperar esa  memoria activa de lo que fue unos de los períodos más oscuros en lo institucional, social, cultural y económica de toda la historia argentina, tras el  golpe militar del 24 de marzo de 1976 , hace ya 40 años atrás. Hoy seguimos conmemorando esa etapa bastarda de la institucionalidad argentina; y a pesar de que  muchas heridas están sin  cerrar aún, seguimos apostando a la unidad del pueblo argentino para construir una gran nación.

Hoy, a 40 años de aquel 24 de marzo de 1976, seguimos conmemorando el DÍA DE LA MEMORIA, POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA, pero pensando que, a pesar de esa memoria  que duele y hasta carcome el espíritu de muchos argentinos que vivieron en carne propia esos días de la dictadura militar, hoy vemos que nuestros jóvenes, que piensan y trabaja por construirse un futuro mejor, para ellos y para el país, no deja que el olvido ponga un manto de impunidad a lo que fue la política de exterminio más cruel de toda nuestra historia.

Y a meses de celebrar los 200 años de la Declaración de nuestra Independencia, el 9 de julio de 1816, no podemos más que levantar los principios patrióticos de aquel entonces, y reconstruir la senda de lo que firmaron nuestros antepasados, aún con sangre y fuego, de una patria libre y soberana.

Este 24 de marzo, no es un feriado más del calendario; sino, como lo fue siempre para la mayoría de los argentinos, un día de profunda reflexión sobre nuestro pasado. Pero esta reflexión nos lleva a repensar nuestro futuro, en base a las fuertes y profundas heridas que nos dejó siete años de dictadura militar; esos siete años donde unos pocos “iluminados” se creyeron dueños de la vida y muerte de todos los argentinos; y como tal obraron con total impunidad.

Hoy cómo hace tiempo, no podemos dejar de recordar y honrar la memoria de todos esos trabajadores- que de la mano del Movimiento Obrero Organizado-  junto a los estudiantes, fueron los blancos preferidos de la dictadura militar. Y fueron el blanco de los dictadores porque eran argentinos con sólidas convicciones políticas, y convencidos de ser el eje del desarrollo productivo y crecimiento social; presente y futuro de la Argentina.

Y lo que no deben desconocer, especialmente las nuevas generaciones que no vivió esa época, que el golpe del ’76, no fue otra cosa que la culminación de un movimiento enmascarado, de los que se creían iluminados y elegidos para conducir los destinos de un país sometido a los intereses contrarios a los argentinos. Fue un movimiento muy bien pensado para “borrar”, literalmente hablando, todo aquello que tuvieran un pensamiento distinto a los objetivos perversos y antipatria de los cipayos al servicio de la oligarquía internacional.

No podemos olvidar, a los miles de obreros y estudiantes que, día a día iban a formar parte de la larga lista de desaparecidos y muertos, con la excusa de ser “enemigos del Estado”. Muchos de nuestros familiares, amigos y vecinos fueron secuestrados, torturados y luego matados, por el sólo hecho de ser diferentes. Por el sólo hecho de soñar un  país más justo y más inclusivo. Por solamente no corresponder con las políticas de exterminación a que sometieron, los militares y civiles serviles a los intereses foráneos, al pueblo argentino.

Por más que hayan pasado 40 años de aquel golpe artero a la dignidad de la patria y de los argentinos, aún sentimos ese sabor amargo de no haber resuelto, aún, nuestra historia de desencuentros entre los argentinos. Aún tenemos una cuenta pendiente con las actuales generaciones de argentinos que, sin conocer y valorar el significado de lo que fue ese negro período de la historia argentina, difícilmente puedan construir desde el presente, su propio futuro y de la Argentina.

Por lo menos a mí, no me parece bueno que fomentemos el rencor y la intolerancia por ese pasado doloroso, por más que nos cueste por tantos familiares, amigos o compañeros que hayan sido víctima del genocidio de aquel entonces. Tenemos que renacer de nuestras propias miserias, armarnos de tolerancia y razonabilidad, para fortalecernos en los valores de las instituciones y libertades que nos da la democracia, que supimos conquistar, con la sangre derramada por nuestros compatriotas que soñaban una Argentina mejor para ellos y las generaciones futuras.

De nada sirve regodearnos en el morbo de nuestro pasado doloroso… el llorar eternamente nuestros muertos, descuidándonos de los vivos. El rencor y la intolerancia, no es una buena forma para construirnos un futuro mejor.

Es cierto que duele, y mucho, ver como algunos se muestran como campeones de las libertades democráticas, cuando en el pasado no fueron más que hacedores y partícipes, ya sea por acción como por omisión, de los horrores de la dictadura militar. Pero estoy convencido que si no los juzga la justicia, lo hará la historia; y seguro se quemarán en el sabor amargo del remordimiento de su conciencia. Si es que aún la tienen.

La justicia tiene su deber histórico y patriótico de no dejar impune los crímenes de lesa humanidad que cometieron los que, en ese tiempo, tomando las instituciones de la República por asalto e hicieron de nuestro territorio un campo de concentración y exterminio.

Yo aún lloro a mis amigos y compañeros muertos o desaparecidos. Pero quiero que mis hijos, que nuestros jóvenes que no vivieron esa época- y que sólo saben lo que les cuentan sus mayores- reflexionen sincera y seriamente sobre lo que significó ese 24 de marzo de 1976. Que aprendan de nuestros errores; de nuestros desencuentros, y construyan una Argentina grande, con justicia e inclusión social para todos .Quiero que nuestros jóvenes y niños, no miren el pasado con miedo o desconfianza…, sino que lo miren con la objetividad de la lejanía, en el tiempo y el espacio,  para saber hacia dónde deben apuntar sus esfuerzos, pensando en el futuro.

Tampoco quiero que se “bastardee” la memoria de los mártires que dieron su vida para que hoy vivamos una Argentina en democracia. No quiero que las cenizas de tantos muertos por el ideal de un nuevo país, hoy sean la moneda de cambio de aquellos que quieren seguir medrando con la miseria y el dolor de nuestros compatriotas marginados.

Muchos argentinos fueron mártires por sus ideales, y espero que los que aún seguimos con vida, sepamos honrarlos como ellos vivieron y murieron: trabajando y convencidos de lo que querían en sus  ideales y convicciones por una Patria Grande, justa y solidaria.

Por todos ellos, por nosotros… por nuestros hijos y nietos… por  nuestro querido y amado país, ¡SALUD!!! MÁRTIRES DE NUESTRA LIBERTAD y DEMOCRACIA.

Agustín Piñeyro

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