Raúl Alfonsin: Hace algunos años nacía papá….


Un 12 de marzo de 1927 nacía en Chascomus Raúl Alfonsín, el hombre que se convertiría en el padre de la Democracia moderna, quien encabezó el retorno del país a la senda constitucional, el político que batallo contra dificultades extremas y fuerzas poderosas que no querían la democracia en la Argentina, el estadista que veía que nuestro país no solo necesitaba recuperarse de un desastre económico y financiero sino también de una ruina ética y moral.

Y desde luego que el llevo adelante un profundo cambio en nuestra Argentina y lo hizo con esfuerzos y sacrificios, porque eso exigía el tiempo que se vivía, y principalmente una gran energía encauzada por un preciso sentido de la prudencia y el equilibrio, y reconociendo que todo esto requería un compromiso de todos los ciudadanos, porque como Raúl Alfonsín nos dijo una y mil veces, “el poder de la democracia radica en el pueblo”.

Alfonsín nos dejó algo importantísimo y son 29 años de democracia ininterrumpida porque desde ese año 1983, no hubo ni habrá en nuestro país más presidentes de facto.

Quien no recuerda hoy al pensar en la figura de nuestra padre de la democracia, el estrechar las manos sobre el hombro y saludar agitándolas rápidamente, ese abrazo a las distancia. Quizás muchos como yo, no crecieron solo con las canciones de María Elena Walsh, sino también con aquella frase que día tras día escuchábamos de niños sin comprender, pero que con el tiempo se terminó convirtiendo en nuestra misión, de asegurar un país donde “con la democracia se vive, se come y se educa

Asi crecimos, porque él nos enseñó que la Democracia es la vigencia de la libertad y los derechos, pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza. Y ante esto en su último discurso festejando los 26 años de la democracia supo decirnos “tenemos libertad pero nos falta la igualdad” y lo hizo que comprendamos definitivamente que la Democracia no es sólo garantizar los derechos políticos o el sufragio, sino es extender la ciudadanía cívica y social a todos los habitantes, porque el comprendía cabalmente que la democracia puede subsistir solamente si se logra un fortalecimiento y expansión de la capacidad de autogobierno por parte de los ciudadanos.

Con el tiempo ya en el colegio fueron las clases de historia las que continuaron acercándome a esas ideas tan profundas. Y empecé, como muchos de ustedes a conocer al político, al demócrata, al hombre que quiso, creyó y devolvió la democracia a un país abatido por las dictaduras militares durante años.

Así se convirtió en esa persona que fue siempre sinónimo de honestidad, de justicia, de verdad, sumando a la imagen de un presidente que representó un cambio. Un quiebre en el andar de la historia del país.

Muchas veces no entendí algunas cosas que pasaron como las Leyes de Obediencia Debida, la renuncia antes de tiempo o el Pacto de Olivos. El, en cambio sí lo hizo, entendió que el objetivo que marcaba el éxito del camino iniciado era llegar a las elecciones de 1989, algo que no se había conseguido en los periodos constitucionales del 52, del 58, del 63 y del 73. Y recalcando que era un gobierno que tenía valores y méritos que no pueden ser ignorados, era el primer gobierno de la historia que llegaba a las postrimerías de su mandato sin presos políticos, ni leyes persecutorias, ni organismo de prensa clausurados, ni intervenciones en las provincias, ni en sindicatos ni en universidades. El con su gobierno vino a construir una Democracia y entregar el mando a otro presidente elegido constitucionalmente, era y es un logro que debemos reconocer.

Sobre el juicio a las juntas, Alfonsín llevo adelante algo histórico, existían tres caminos, el olvido, el procesamiento de absolutamente todos los que pudieran resultar imputados o la condena de los principales actores, por su responsabilidad de mando, para quebrar para siempre la norma no escrita, pero hasta el momento vigente en nuestro país, de que el crimen de Estado quedara impune o fuera amnistiado. Durante la campaña del 83, Alfonsín expuso clara y enfáticamente que este último camino era el que había elegido, y así lo hizo y fue un proceso único en el mundo. Por eso a dos días de haber asumido promovió la derogación ante el Congreso de la ley de autoamnistía que consagraba la total impunidad para los responsables de la represión.

Aprendí también de Alfonsín que fue más importante evitar más derramamiento de sangre, en un pueblo que había perdido ya mucha, que cargar con las críticas de estas Leyes.

Con Raúl Alfonsín pude convencerme que la palabra, el honor, la hombría puede más que un sillón en la rosada, o que un cargo en cualquier ámbito de gobierno.

Fue, a través suyo, que entendí aquel precepto que reza “que uno cosecha lo que siembra” y comprendí que las decisiones políticas de entonces tenían otro destino que la mera gloria pasajera, porque esas gestiones estaban predestinadas a alzar las voces críticas del momento, pero acaso también llevaban en su seno el sabio reconocimiento que ofrecería el correr del tiempo.

Raúl Alfonsín ha sido, una personalidad que ha excedido el ámbito partidario, para convertirse en una referencia para miles de argentinos y argentinas. Y que dejo una misión a todos, expresada en cada uno de sus discursos, y principalmente en aquel que diera en Parque Norte. Ha sido el hombre que nos dijo que las banderas que deben levantarse son las de los proyectos progresistas, luchando por el modelo nacional y popular, hablándonos de la Justicia Social, de la Ética de la Solidaridad. Y que supo también entender que es necesaria la unión de loas argentinos como lo plantea en su libro Memoria Politica y como lo hizo siempre en su campaña de 1983 convocando a todos, a los radicales de Alem e Yrigoyen, a los socialistas de Justo y Palacios, a los peronistas de Perón y Evita, a los conservadores de Pellegrini. Convocó al pueblo más allá de su pertenencia partidaria

No sé si la Argentina tendrá en el futuro un político, una persona, un hombre con al menos un mínimo de sus cualidades. Ignoro si existirá algún día un mandatario que, al igual que Alfonsin, enarbole la bandera de la ilusión, proclamando que la esperanza no se esfume, que el cambio todavía es posible. Desconozco que dirán en unos años los libros de historia sobre el padre de la Democracia. No sé, tampoco, si muchos comprenderán estas palabras.

Solo estoy seguro de que dentro de un tiempo, indudablemente con lágrimas en los ojos, como en este momento, les contare a mi hijos y a mis nietos, que un 12 de Marzo hace algunos años atrás en nuestro país nacía mucho más que un gran político, porque nacía un hombre un demócrata que nos enseñó que la honestidad si puede ir de la mano con la política y así convertir en realidad los sueños de un pueblo. Ellos sabrán que ese hombre, para nosotros los hijos de la Democracia, fue de alguna manera nuestro papá.

Matías Assennato
Frente Plural
Concertación FORJA

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