Un hobby-ciencia arraigado en el país

01/03/2012


Diseñan, construyen y organizan lanzamientos. Algunos enseñan y experimentan con modelos de cohetes reales hechos a escala. Otros crean sus propios modelos. En el país hay varias instituciones dedicadas a la práctica de esta actividad y a su difusión entre los chicos de las escuelas primarias y secundarias.

“La actividad de modelismo espacial se inició en los años 1957-58, como consecuencia de la carrera espacial entre Estados Unidos y la URSS”, explicó el instructor Carlos Daneri, vicedirector de la Escuela Argentina de Modelismo Espacial (EAME) Cóndor. “Cuando esos dos países comenzaron a lanzar los primeros satélites y cohetes al espacio —continuó— en el ámbito educativo se vislumbró la intención de reproducir en pequeña escala lo que se hacía en materia de cohetería con el objetivo de incentivar la vocación en jóvenes y adolescentes que a futuro formarían la fuerza de investigación científica y laboral que trabajaría en los programas espaciales”.

Lo que en aquellos países comenzó a fines de la década del 50, en la Argentina llego unos años más tarde: entre mediados de los 60 y principios de los 70. Desde aquel tiempo, en el país se viene desarrollando el modelismo espacial, una actividad definida por sus propios seguidores como un “hobby-ciencia”, ya que está basado en los mismos principios científicos con los que se construyen verdaderos vehículos espaciales.

“Se experimenta con toda la parte de cohetería, diseño, construcción, vuelo y prueba de estos modelos”, expresó Daneri, quien tiene varias décadas de experiencia en la actividad y en el año 2001 fundó junto a otros compañeros la EAME Cóndor, una institución dedicada a la organización de exhibiciones y al dictado de cursos de modelismo espacial en escuelas primarias y secundarias.

“Nosotros dictamos cursos en escuelas como un refuerzo de las materias más duras, como física, matemática y construcciones; de forma que sea una especie de hobby, pero que, a la vez, sea didáctico y sirva como complemento para enseñar en la práctica algunas cosas que se ven en la teoría”, explicó el instructor.

Daneri comentó, además, que este hobby —que atrae por igual a abuelos, hijos y nietos— presenta dos alternativas: o comprar las partes y componentes, como el fuselaje, la ojiva, la madera balsa, y armar con ellos un cohete; o bien, armarlo completamente uno, construyendo todas sus partes, a excepción del motor cohete. “El motor cohete debe ser comercial y estar aprobado por el RENAR (Registro Nacional de Armas), tiene un trámite parecido al de los fuegos artificiales, en cuanto a su evaluación, testeo y aprobación”, detalló.

Por reglamentación, los cohetes de modelismo espacial deben tener un peso no mayor a 1,5 Kg. y un impulso máximo de 320 newtons. Los motores, a su vez, deben tener encendido mecánico por medio de un tablero de control remoto a distancia y rampa de guiado, ya que está completamente prohibido el encendido con mechas.

Además, estos cohetes tienen la característica de que pueden volarse muchas veces, ya que poseen un paracaídas u otro mecanismo de recuperación que les permite aterrizar en forma segura y sin romperse. “Nosotros tenemos modelos de exhibición que tienen más de 50 vuelos”, aseguró Daneri entusiasmado, ya que para volverlos a lanzar, simplemente es necesario reemplazar el motor utilizado por uno nuevo.

Con estas premisas, entonces, “los alumnos, según el nivel, pueden construir y hasta diseñar todo el modelo ellos mismos. Lo único que no van a hacer va a ser construir el motor cohete y manipular los combustibles peligrosos. Pero sí pueden elegir qué motor, qué potencia y qué configuración quieren utilizar para su modelo”, aclaró Daneri.

Otra práctica que también se enseña a los alumnos es a escalar modelos de cohetes reales. “Hay modelos reales, tanto de la NASA como en Europa, e incluso de cohetes argentinos, que se pueden reproducir en escala. Entonces, les enseñamos a los chicos cómo calcular la escala y la proporcionalidad de un modelo real para que pueda volar con un pequeño motor del rango de modelismo espacial. Para eso hay que conseguir la estabilidad aerodinámica, el balanceo y la proporcionalidad de pesos y tamaños adecuada”.

A los alumnos, construir un modelo inicial básico les lleva unas 6 semanas, y cuando finalizan, se organizan unas jornadas de lanzamiento para que prueben sus modelos. Estas jornadas —que se realizan cuatro o cinco veces por año— se desarrollan a campo abierto y con rigurosas normas de seguridad. “En general, las realizamos en un club de aeromodelismo, un aeroclub de aviación o en algún campo descampado que cuente con una zona bastante despejada, sin árboles ni construcciones, para que la gente pueda volar el modelo y recuperarlo”, destacó el instructor.

A estas jornadas asisten tanto los alumnos, como fanáticos del hobby-ciencia que aprovechan la oportunidad “porque tienen todos los servicios de rampa, controles de disparo y de seguridad. Además, ven otros lanzamientos y se influencian para hacer modelos futuros”, afirmó Daneri. Según el instructor, “en estas jornadas, en general, asisten entre 70 y 140 personas y se hacen entre 50 y más de 100 lanzamientos. A veces, los chicos, en el mismo día, con el mismo modelo hacen 3 ó 4 vuelos, dependiendo de la cantidad de motores que quieran utilizar”, aseguró.

¿Y es un hobby caro? “No, si se compara con hobbies similares como el aeromodelismo”, respondió convencido. “Es mucho más barato que un avión, un helicóptero o un autito a radiocontrol. Y es mucho más económico a medida que uno fabrica sus propios componentes y materiales. Pero para hacer un modelo elemental y volarlo un par de veces estamos hablando de un costo que no supera los 150 pesos. Además, una vez armado, el único costo es el del motor porque todo lo demás se puede recuperar y volver a volar”, aseguró.

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