Gauchito Gil: la devoción popular que atraviesa todas las realidades

El santuario del Gauchito Gil, ubicado sobre la ruta 123 en Corrientes, recibirá este 8 de enero, a más de 100.000 creyentes de todo el país, que van a pedir y a agradecer a este santo popular, cuya devoción atraviesa todas las clases sociales y a quién se le piden todo tipo de milagros.


Para la periodista y escritora Gabriela Saidon, la devoción al Gauchito Gil «tiene mucho que ver con la identidad argentina del pasado y del presente».

La autora del libro «Santos Ruteros» dijo a Télam que la figura de Gil está relacionada «con nuestra identidad, con el gaucho simpático que reivindica su lugar desde la marginalidad».

Y destacó el rol de los seguidores «que acuden a esa figura imperfecta que llega a todas las clases sociales; hay una transversalidad del Gaucho Gil, porque es un santo para pedirle de todo y es, además, un santo de todos».

Dice la leyenda que Antonio Gil -el Gauchito- murió decapitado un 8 de enero de 1878 en el lugar donde se erige su santuario, en el ingreso a la ciudad correntina de Mercedes.

Agrega la tradición popular que su primer milagro lo destinó a su propio verdugo a quien le anticipó que una vez que lo matara, iba a regresar a su casa y encontraría a su hijo muy enfermo, pero que si lo invocaba, el niño sanaría, hecho que sucedió y marcó el inicio del mito.

«El Gauchito tiene fama de cobrador» comparte Saidon «porque si le pedís, le tenés que agradecer y ofrendar».

Coincide la doctora en antropología y especialista en religión Eloísa Martín, quien recuerda que «si los conductores no se detienen «a saludar» al pasar por el santuario del Gauchito Gil, saben que pueden sufrir un accidente o una avería».

Por eso, en el santuario correntino pueden verse desde chapas patentes de vehículos, pasando por camisetas de fútbol y guantes de boxeo de deportistas famosos, hasta vestidos de novia, escarpines de bebes, diplomas profesionales, fotos y las infaltables cintas rojas.

El rojo es el color que identifica a este santo «en homenaje a la sangre que derramó» explica Martín.

La especialista argentina que ahora reside en Brasil, donde es profesora adjunta de la universidad Federal de Río de Janeiro, rescata «como excepcional» la infraestructura del lugar donde se venera a Gil en Corrientes.

El lugar de veneración cada año debe adecuarse a una realidad que, según cifras oficiales, indica que en 2010 acudieron a la celebración de enero 250.000 personas, en el 2011 fueron 500.000 y entre hoy y mañana se esperan 100.000.

Estos datos numéricos parecen apoyar la teoría de Martín para quien «no hay relación entre crisis y crecimiento de las devociones populares, como muchas veces se ha dicho».

Según la antropóloga la aparición de devociones populares «sigue otras lógicas que tienen que ver con tradiciones de canonización propias del lugar adonde surgen o de determinados momentos históricos».

Agrega que «al contrario de lo que el sentido común parecería indicar, las “crisis” -sobre todo las económicas-, dificultan más que favorecen las devociones, pues los devotos no tienen recursos para participar de las fiestas, celebrar rituales, ir a las peregrinaciones».

Y suma otro elemento de reflexión: el rol de los medios de comunicación «que terminan cumpliendo una función casi misionera de divulgación de los santos, de las celebraciones, de las prácticas rituales».

«Esto significa para los organizadores o administradores de los santuarios, publicidad o divulgación del santo y para los potenciales devotos es una especie de catecismo, en el que se explica qué, cómo y dónde se sitúa determinado santo», señala Martín.

Quienes no puedan llegarse hasta Mercedes o hasta algunos de los cientos de monumentos del Gauchito Gil emplazados en ciudades y rutas argentinas, tienen la opción de hacer sus pedidos y promesas en línea a través de www.gauchitogil.net.

Comunidad virtual de devotos que seguirá sumando a los más de 100.000 que ya están apostados en la ruta 123 esperando la medianoche para encender fuegos artificiales y festejar al santo popular.

telam

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.