Alonso: No toda la culpa es de la naturaleza

Alonso: No toda la culpa es de la naturaleza
“Nuestras rutas vienen sufriendo de falta de mantenimiento y obras de infraestructura esenciales que les permitan mantenerse operables”.
Ni siquiera este 2011 fue un año excepcionalmente lluvioso. Al menos como aquel de 1983/1984, que causó verdaderos estragos. Disparando “volcanes de barro” a doquier en las principales quebradas del Noa y sepultando la estación ferroviaria Purmamarca, cortando rutas como la de Jama, y dejando a muchos salares de la Puna convertidos en lagos. Este año, al menos para el lado de Jujuy, no escuchamos que haya pasado nada de eso, simplemente porque no pasó. La de Jama es una ruta como la gente. En cambio no puede decirse lo mismo de nuestras rutas que vienen sufriendo de falta de mantenimiento y de obras de infraestructura esenciales que les permitan mantenerse operables. En distintos artículos periodísticos hemos venido señalando la complejidad del fenómeno geológico, geomorfológico, tectónico e hidrológico de la región del norte argentino en relación con su historia pasada. Los paleoclimas a lo largo del período Cuaternario fueron dejando su marca impresa en las distintas rocas y en los distintos paisajes. Hay que saber leer el palimpsesto. Ello incluye montañas cargadas de sedimentos en laderas inestables, vaciamientos y rellenos sucesivos de cuencas y valles, cambios en la dirección de cursos de ríos, agradación de los cauces por exceso de material y escasa capacidad de transporte, cambios en los niveles de base regionales, capturas naturales de ríos, desvíos artificiales de ríos, estrangulamientos de los cauces por puentes, defensas, invasión y presión demográfica, entre un sinfín de cuestiones más. El punto es que todo ello va sumando para que las rutas se vuelvan más y más vulnerables. Si se establecen malas trazas, si no están los drenajes correspondientes, si las defensas están en posiciones equivocadas, si los puentes no están defendidos, a la corta o a la larga esas obras sienten de lleno el rigor de la naturaleza. Falta mantenimiento preventivo. Ya vimos lo que pasó con la ruta 51 a Chile, o con la 68 a Cafayate, con la 33 y sus tres muertos por aludes en Escoipe, y ahora con la 34 y sus puentes cortados a Tucumán. Esta última es una vergüenza. Hay que pagar tres peajes hasta Tucumán (habría que pagar un peaje cada 200 km). El tramo Salta-
Torzalito es una autopista impecable. Desde allí hasta Cabeza de Buey es una mala huella. Desde esta última hasta la entrada de Metán, excelente. Luego otra vez una huella pobre, casi un camino colonial, como el viejo camino de postas que por allí pasaba, hasta un poco antes de Tucumán. Esta ruta es el mejor ejemplo de la postergación que sufre el Noa, ya que es un eje económico (esencial), nacional (seis provincias) e internacional (tres países). No hay que darle muchas vueltas al asunto. Salta está abandonada. Una provincia que podría ser un país, con recursos propios abundantes, dependiendo miserablemente de la Nación; castigada con leyes antiproductivas, porteñas, que nos permitan producir abundantemente granos, carnes y alimentos de todo tipo; con rutas destrozadas y un ferrocarril inexistente que hacen imposible llegar con costos razonables al puerto; con un país asimétrico y desigual; con la cerviz baja. En definitiva, no le echemos la culpa al clima: no miremos la paja en el ojo de la naturaleza, sino la viga en el propio.
Ricardo Alonso, Dr. en Ciencias Geológicas y Diputado Provincial por el Frente Salteño
eltribuno

ricardo_alonso

“Nuestras rutas vienen sufriendo de falta de mantenimiento y obras de infraestructura esenciales que les permitan mantenerse operables”.  Ni siquiera este 2011 fue un año excepcionalmente lluvioso.

Al menos como aquel de 1983/1984, que causó verdaderos estragos. Disparando “volcanes de barro” a doquier en las principales quebradas del Noa y sepultando la estación ferroviaria Purmamarca, cortando rutas como la de Jama, y dejando a muchos salares de la Puna convertidos en lagos.

Este año, al menos para el lado de Jujuy, no escuchamos que haya pasado nada de eso, simplemente porque no pasó. La de Jama es una ruta como la gente.

En cambio no puede decirse lo mismo de nuestras rutas que vienen sufriendo de falta de mantenimiento y de obras de infraestructura esenciales que les permitan mantenerse operables.

En distintos artículos periodísticos hemos venido señalando la complejidad del fenómeno geológico, geomorfológico, tectónico e hidrológico de la región del norte argentino en relación con su historia pasada.

Los paleoclimas a lo largo del período Cuaternario fueron dejando su marca impresa en las distintas rocas y en los distintos paisajes. Hay que saber leer el palimpsesto.

Ello incluye montañas cargadas de sedimentos en laderas inestables, vaciamientos y rellenos sucesivos de cuencas y valles, cambios en la dirección de cursos de ríos, agradación de los cauces por exceso de material y escasa capacidad de transporte, cambios en los niveles de base regionales, capturas naturales de ríos, desvíos artificiales de ríos, estrangulamientos de los cauces por puentes, defensas, invasión y presión demográfica, entre un sinfín de cuestiones más.

El punto es que todo ello va sumando para que las rutas se vuelvan más y más vulnerables. Si se establecen malas trazas, si no están los drenajes correspondientes, si las defensas están en posiciones equivocadas, si los puentes no están defendidos, a la corta o a la larga esas obras sienten de lleno el rigor de la naturaleza.

Falta mantenimiento preventivo. Ya vimos lo que pasó con la ruta 51 a Chile, o con la 68 a Cafayate, con la 33 y sus tres muertos por aludes en Escoipe, y ahora con la 34 y sus puentes cortados a Tucumán.

Esta última es una vergüenza. Hay que pagar tres peajes hasta Tucumán (habría que pagar un peaje cada 200 km). El tramo Salta-Torzalito es una autopista impecable.

Desde allí hasta Cabeza de Buey es una mala huella. Desde esta última hasta la entrada de Metán, excelente. Luego otra vez una huella pobre, casi un camino colonial, como el viejo camino de postas que por allí pasaba, hasta un poco antes de Tucumán.

Esta ruta es el mejor ejemplo de la postergación que sufre el Noa, ya que es un eje económico (esencial), nacional (seis provincias) e internacional (tres países). No hay que darle muchas vueltas al asunto.

Salta está abandonada. Una provincia que podría ser un país, con recursos propios abundantes, dependiendo miserablemente de la Nación; castigada con leyes antiproductivas, porteñas, que nos permitan producir abundantemente granos, carnes y alimentos de todo tipo; con rutas destrozadas y un ferrocarril inexistente que hacen imposible llegar con costos razonables al puerto; con un país asimétrico y desigual; con la cerviz baja. En definitiva, no le echemos la culpa al clima: no miremos la paja en el ojo de la naturaleza, sino la viga en el propio.

Ricardo Alonso, Dr. en Ciencias Geológicas y Diputado Provincial por el Frente Salteño
eltribuno

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