Sobre el matrimonio igualitario

A medida que nos vamos acercando a las elecciones provinciales de Abril próximo, recobran presencia en los medios de comunicación las expresiones de un candidato a Gobernador referidas al matrimonio igualitario, las cuales se hicieron famosas el año pasado en ocasión de la discusión y sanción de dicha Ley en el ámbito del Congreso Nacional.

Recuerdo que la primera vez que tuve oportunidad de escuchar tal exabrupto por parte del legislador sospeché una pronta rectificación del mismo, no en lo que se refiere a su posición de fondo sobre el tema en cuestión, ya que tiene todo el derecho de mantenerse en sus trece, sino a la figura y a los términos que apeló para sintetizar dicha postura.

Asimismo, supuse erróneamente tal enmienda por parte de éste porque, al margen de haber caído en una grosería innecesaria, el golpe de efecto político en términos mediáticos ya estaba dado y quedaba así sentada su postura de un modo cabal frente a la discusión del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Pero resulta patente para quien se tome en serio la cuestión, que el análisis y la discusión del tema se deben dar por diversos carriles y en diferentes ámbitos. Ya sea que se esté a favor o en contra de la innovación legislativa dispuesta recientemente, en cualquiera de esos casos habrá que reparar en diversos ordenes tales como el biológico, antropológico, social, y, por supuesto, el jurídico, y a partir de tal valoración que se formule en razón de esos estados uno se puede acercar a la verdadera dimensión del tema, que de ninguna manera queda sintetizada a una cuestión simplemente genital, como pretende resumirlo nuestro legislador devenido en candidato a Gobernador.

Vale decir, que lejos de encarar el tema con una simple frase de mal gusto no puede haber enfoque racional y serio sobre el tema pasando por alto los mencionados aspectos.

La misma Iglesia, a pesar de no aprobar las conductas homosexuales y de cumplir con su deber de defender valores que se ven afectados por el reconocimiento del matrimonio igualitario, ordena evitar todo signo de discriminación injusta contra los homosexuales, y a recurrir a la prudencia y respeto en ese sentido, condenando la violencia en palabras o en actos contra ellos. Ciertamente, el reconocimiento de la dignidad de toda persona no se apoya ni define «en función de su orientación sexual«.

Sin embargo, hay algo más al ocuparse de hablar del matrimonio igualitario. Se trata de no desconocer lo que fue una exitosa campaña de difusión y defensa de ideas a través de la militancia cívica y política. Surge de manera evidente que ese modelo a seguir de lucha para cambiar la realidad dista mucho de la cómoda toma de posición consistente en un simple exabrupto homofóbico. Quienes lograron el triunfo legislativo de la causa gay no se quedaron en una retórica hueca sino que pasaron a la acción en defensa de sus intereses por medio de un sinfín de iniciativas públicas, un verdadero ejemplo a seguir sobre cómo generar cambios en la sociedad. Tal vez este aspecto fue determinante a la hora del triunfo de la postura a favor del matrimonio igualitario.

Sentado lo precedentemente expuesto, y al margen de que quien suscribe no comparte tal tipo de unión, queda claro que dichas ofensas innecesarias solo contribuyen a alejar más a los sectores que ya estaban de por sí enfrentados, entorpecen el diálogo con prejuicios y burlas, y, en definitiva, no hacen otra cosa que empobrecer nuestra Democracia.

Dr. Marcelo Nieva Contreras
Dirigente PRO Salta

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