“Gracias por volar con nosotras”

Aunque el porcentaje todavía es bajo, cada vez son más las mujeres que se animan a volar un avión de pasajeros en una aerolínea comercial. En un ambiente masculino por excelencia, no son pocos los obstáculos para las que se lanzan a los cielos.



Muchos hombres todavía se escandalizan cuando, por la calle, ven a una mujer al volante. Deberían saber, sin embargo, que a las damas los autos ya les quedan chicos y hoy se animan a máquinas con algunas toneladas más de peso: los aviones.

A nivel local, el porcentaje de mujeres en aerolíneas comerciales aún es bajo. En Austral hay 4 mujeres piloto en un total de 304 aviadores; en Aerolíneas Argentinas hay 7 entre 850 y en Lan Argentina, 3 entre 185.

Según Nuria Estébez, copiloto de Austral de 27 años, Argentina está atrasada en comparación a otros países: “En United Airlines hay casi la misma cantidad de mujeres que de hombres volando; en Copa Airlines hay cerca de 40 mujeres copiloto y 10 comandantes”.

Abrirse camino en un territorio que hasta hace poco pertenecía exclusivamente a los hombres es un desafío grande. “Las chicas que volamos sabemos a lo que nos exponemos y nos preparamos el triple para compensar eso”, dice Nuria Estébez. “La competencia es mucha y el trabajo es poco. Siempre tenemos que estar rindiendo examen y demostrando que tenemos los mismos conocimientos técnicos que un hombre”.

Al infinito y más allá

En Austral, la primera mujer piloto fue Ana Maluf (de 38 años) en el 2005. Además de ser la pionera en esta aerolínea, también fue la primera mujer en Dinar, donde se desempeñó como piloto desde el 2002 hasta su cierre en 2005.

Maluf asegura que jamás se sintió discriminada por sus compañeros. En todo caso, el principal obstáculo para la mujer piloto son los pasajeros: “La mayoría de las personas tienen mucho miedo a volar y ver a una mujer en la cabina es fuerte”, comenta.

Tal es así que la misma Nuria Estébez vivió en carne propia la reacción de algunas viajeras: “Tuve dos episodios en los que unas señoras se bajaron del vuelo cuando me vieron en la cabina porque dijeron que no querían volar con una mujer”, cuenta.

Esta reacción, al parecer, no es tan descabellada. El psicoanalista Nicolás Wright, que a su vez es Comisario de abordo de Lan Argentina, explica por qué a los pasajeros les da más seguridad que haya un hombre al mando: “El avión es como un gran útero materno, por eso las fobias a volar siempre tienen un componente de claustrofobia (miedo a quedar encerrado en un espacio pequeño). Se necesita a un padre piloto para separar al hijo de la madre y asegurarle que no va a quedar atrapado. El padre impone la ley”.

Wright agrega que las personas con miedo a volar tienen la necesidad de saber quién los está conduciendo. “Es muy importante para ellos ver la figura del comandante, necesitan la contención desde una figura que les inspire confianza en cuanto a la función de guía que cumple”. Pero no todo es color de rosa. El especialista asegura que en el inconsciente de las masas existe la necesidad de tener una autoridad paterna a la cual admirar pero también a la cual asesinar. “Ante cualquier accidente aéreo al primero que se culpa es al piloto. O sea, primero se lo idolatra y después se lo mata”, afirma.

Pioneras de la aviación

La primera dama que obtuvo una licencia de piloto fue la baronesa Raymonde de la Roche, en 1910. En 1932, la aviadora norteamericana Amelia Earhart se hizo célebre por ser la primera mujer en realizar la travesía del Atlántico en solitario. En Sudamérica, la primera aviadora fue la argentina Amalia Celia Figueredo de Pietra, quien hizo

su vuelo de bautismo en 1914 con Jorge Newbery. En 1933, Carola Lorenzini (Argentina) obtuvo su carnet de aviadora civil, en 1935 pasó a la historia por batir el record sudamericano femenino de altura y en 1940 se unió en un raid aeronáutico por las catorce provincias.

Mientras tanto, en 1937, Susana Ferrari Billinghurst marcó un hito en la aviación argentina, al convertirse en la primera mujer en obtener licencia comercial de aviación.

Con semejantes antecedentes, resulta curioso que haya tan pocas mujeres piloto en las líneas aéreas argentinas. El psicólogo Nicolás Wright arriesga una hipótesis sobre el tema: “El manejar es parte de la genética del hombre. El hombre es más impulsivo, descarga por lo motor. Y el piloto debe ejecutar, apretar botones… Es algo más básico, más literal. No sirve que haya un filósofo o psicólogo al mando que reflexione y dude de todo. Se necesita alguien eficiente. La mujer, en cambio, está más del lado de la metáfora y tiene características que en general la llevan a elegir otro tipo de profesiones”, afirma.

En Aerolíneas Argentinas, la primera mujer piloto fue Silvana Arguedas, que ingresó a la empresa en 1988. La segunda fue Viviana Benavente, en 1997. Las dos habían trabajado un tiempo breve antes en LAPA. En Austral, la primera mujer piloto fue la ya mencionada Ana Maluf, en 2005. Nacida en el seno de una familia de aviadores, Maluf cuenta: “En mi familia no hay médicos ni abogados. Mi papá era piloto y también lo eran mis primos y mis tíos. Somos cuatro hermanos de los cuales tres volamos”.

Los comienzos no fueron fáciles. Ana tuvo que convencer a su padre, que quería que estudiara otra cosa, de que le pagara el curso (se calcula que cada hora de vuelo cuesta cerca de 300 pesos y se necesitan 900 horas para ser piloto de línea aérea, aunque la mayoría de los pilotos amortizan el costo dando clases de aviación mientras se forman).

La copiloto Andrea Tarruella, que ingresó el año pasado a Lan Argentina, atravesó un camino similar. Ella también venía de una familia que incluía papá piloto, además de tíos y primos. Pero cuando decidió empezar el curso, al contrario de Ana, su familia estuvo de acuerdo. Finalmente, en 1988 entró a LAPA, empresa en la que estuvo hasta su cierre en 2001.

Nuria Estébez, de 27 años, recorrió un camino distinto al de Maluf y Tarruella. Ella no venía de una familia de aviadores pero iba seguido a Aeropaque con su papá, que la llevaba a ver los aviones despegar. A los 16 años, anunció que quería ser aviadora. “Esa misma tarde -cuenta Nuria- mi papá me llevó a un Aeroclub por zona sur e hice el vuelo de bautismo en una avioneta. A la semana estaba empezando el curso”. (Perfil)

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