Agradecimiento

Sr Director
Primero que nada, en nombre de mi familia, quiero agradecer profundamente el detalle que han tenido desde todos los sectores de la sociedad en enviarnos sus palabras de amor, consuelo y consolación. Ha sido increíble ver la cantidad de llamadas, e-mails, y mensajes de texto, homenajes en los medios salteños, expresando amor hacia mi familia por la pérdida de nuestra Abi.

Abigail fue una niña que impactó muchas vidas. Hasta sus últimos días, y después de su partida lo siguió haciendo. Tenía una pasión, quería que las personas conocieran a Jesús y aprendan a caminar y levantarse a pesar de las adversidades, así como ella lo hacía. Esa pasión fue la brújula de su mundo. Estoy seguro que muchas personas aprenderán a no bajar los brazos ante las pruebas como resultado de su ejemplo.
Su funeral fue una gran celebración de una vida vivida con absoluta integridad. Muchas personas expresaron con su presencia, sus palabras y abrazos, el cariño, respeto y admiración que tenían por ella.
La extrañamos mucho. Estamos seguros que está feliz en su nuevo hogar, hablando, corriendo, escribiendo, tocando su violín, haciendo todas las cosas que le apasionaban y que en los últimos tiempos no pudo hacer a causa de su enfermedad. Sé que la disfrutarán mucho en el cielo: su risa, sus bromas, su carisma, su persona.
Sabemos que un día estaremos reunidos de nuevo con ella. Esta es la gran esperanza de los creyentes. Por ahora, se nos adelantó. Abigail dejó un gran vacío en nuestras vidas, pero sin lugar a dudas, su paso por esta tierra quedará eternamente plasmado en nuestros corazones.
“Dios nunca nos abandona, aún en los momentos más difíciles de la vida, siempre habrá una pequeña luz de esperanza, no nos demos por vencidos. Hay que seguir, seguir y nunca bajar los brazos. Decir siempre, sí puedo, sí voy a poder. Seguir mirando hacia adelante.” (Fragmento de “Volver a vivir” por Abigail Yañuk).
De nuevo, gracias por sus muestras de cariño y amor durante este tiempo y muchas gracias al cuerpo médico que lo dio todo por ella.

David M. Yañuk

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