Género y discapacidad: el debate necesario

El 1 y 2 de octubre se realizará en Bariloche, Río Negro, el Primer Encuentro Nacional sobre Discapacidad y Género, organizado por la ong Ligüen y la Fundación Invisibles.

Ligüen trabaja temáticas con perspectiva de género e Invisibles, aborda la situación de las personas con discapacidad (PcD). Bibiana Misischia, especialista en educación y coordinadora de proyectos de la Fundación apunta que el primer objetivo “es hacer visible la situación de mujeres y varones con discapacidad desde la perspectiva de género. Hay muchas cuestiones alrededor de lo que es la equidad de género que no aparecen en relación a las personas con discapacidad, y entonces es empezar a ponerlo sobre la mesa, a generar debate y discusiones, y a partir de ahí construir espacios de lucha para poder revertir algunas relaciones de poder que se dan en este sentido”.

El encuentro, no es congreso ni jornada, porque propone que se constituya como un intercambio de experiencias y saberes, “una excusa para que mujeres y varones con discapacidad y sin discapacidad tengan un espacio donde trabajen juntos, piensen juntos y compartan experiencias para ver cómo seguir trabajando en la defensa de sus derechos, y en temáticas que tienen que ver, no sólo con la sexualidad, también con la autonomía económica, la autonomía vinculada al trabajo, con todas las desigualdades que puedan existir en relación al género por nuestra construcción social sobre lo que es ser varón y mujer, y pensar qué pasa en estas relaciones cuando se es varón o mujer con discapacidad. Si son iguales o distintos, si son otros los caminos o los mismos”, dice Misischia.

En Bariloche, habrá talleres de arte, exposiciones sobre relaciones de género y personas con discapacidad desde una perspectiva legal y también psicológica, y debates sobre aquellos tópicos aún no abordados en esta temática poco frecuente.

Invisibles

Es el nombre que eligió esta organización patagónica para mostrar a la sociedad la realidad de las PcD. “Yo siempre les pregunto a los empresarios si ven alguna persona con discapacidad en la calle, y generalmente me dicen que no, entonces intento que busquen las razones de por qué no se los ve en la calle, que reflexionen que no tiene que ver con que no haya personas en esa situación”, explica la especialista.

Inicialmente se volcaron a procurar la accesibilidad física en Bariloche, donde las barreras arquitectónicas son moneda corriente. A pesar de ser un lugar turístico, aún se dificulta que, tanto las autoridades municipales como de Parques Nacionales, tomen conciencia de la necesidad de trabajar para que las personas con discapacidad tengamos el mismo derecho al disfrute del que gozan aquellos turistas sin discapacidad. Además y sobre todo, debería considerarse el derecho de las y los habitantes de Bariloche, que deben poder transitar libremente por la ciudad.

Actualmente trabajan en accesibilidad, capacitación e investigación, tejiendo alianzas con otras instituciones y con el Estado, que no debe deslindar sus obligaciones respecto del colectivo en cuestión.

Bibiana Misischia explica cómo fue el proceso para transversalizar el género en este contexto: “Organizaciones y especialistas hablan de discapacidad, accesibilidad, empleo, pero el tema de género no es algo que se trabaje más allá de algunas cuestiones específicas de sexualidad. En las páginas web de quienes vienen trabajando en el movimiento feminista o en equidad de género, encontrás cuestiones sobre afrodescendientes, o mujeres que viven en zonas rurales, pero la situación de las personas con discapacidad no aparece. Tanto en lo no gubernamental como en lo gubernamental, pareciera que son dos carriles diferentes, cuando en realidad las mujeres y los varones con discapacidad también están atravesados por las cuestiones de discriminación y desigualdad respecto al género”.

Mujeres y niñas con discapacidad: las más vulnerables

Habitualmente la discapacidad se vincula estrechamente con la pobreza, la falta de información y educación, lo que reduce significativamente las oportunidades de desarrollo, y ubica a las mujeres y niñas en esta situación en un lugar de mayor vulnerabilidad. Además, la sociedad en todos sus niveles -familiar, educacional, sanitaria, impulsora de políticas públicas, mediático, etc.-, no registra que las mujeres y niñas con discapacidad, y sobre todo aquellas que tienen discapacidad mental, sean personas sexualmente activas y no se brinda la educación sexual tan necesaria para su disfrute y ejercicio responsable.

De esto se desprende que no es la discapacidad en sí la que ubica a las mujeres y niñas en un lugar de mayor exposición, sino que es la construcción social que se hace de la misma, y los prejuicios que la sociedad alimenta desde sus diversos sectores, los que no reconocen a las mujeres con discapacidad como tales, con los derechos que esto acarrea.

Consultada sobre cuál cree que es la solución ante esta situación Bibiana cree que “hay que seguir trabajando en romper este esquema de desigualdad entre los géneros. Creo que esa es la línea que hay que sostener. Por otro lado, trabajar con las mujeres con discapacidad, sus familias y grupos sociales en hacer consciente su situación como mujeres, en compartir los espacios con otras mujeres en situación potencial de violencia o de mayor vulnerabilidad, para poder ir armando redes de protección frente a estas situaciones. Siempre me imagino de la mano del resto de las mujeres para ir conformando estas redes, y con herramientas muy concretas, prácticas y específicas de cómo protegerse de estas situaciones”.

Trata de jóvenes con discapacidad mental

En la provincia donde se realizará el Encuentro, el diario local “Río Negro”, inició una investigación encabezada por la periodista Susana Yappert, a partir de dos casos de jóvenes con discapacidad mental embarazadas, cuyo embarazo no devino de una relación afectiva previa, sino de que estas jóvenes habían sido captadas por redes de trata y prostitución. Las docentes de la escuela especial Nº 1 detectaron al menos cinco casos de alumnas secuestradas por prostituyentes.

En la investigación, la directora admite que hace tiempo hay «redes merodeando», pero que se sienten «solos» para enfrentarlas. Si bien el abuso intrafamiliar es importante en esta población y la escuela contabiliza estos casos, las docentes visualizan otro fenómeno: la trata. El primer antecedente similar que recuerdan es el de dos niñas que fueron captadas por una red de prostituyentes cuyos cabecillas hoy están presos: Alberto Fasanella, condenado a 19 años, y Andrés Reguera, condenado a 12, por promoción de la corrupción de menores. Una de las víctimas, también discapacitada mental, ahora vive con vih, y hoy está embarazada.

Así, se evidencian las fallas de un sistema sanitario que no fue capaz de evitar un embarazo ni la transmisión del vih; un sistema educativo carente de herramientas, y un sistema judicial que no sólo no ve, tampoco escucha o comprende.

Según una nota publicada por el diario Página 12, un integrante de la Cámara del Crimen de Río Negro (Bariloche), Miguel Lara, le preguntó durante un juicio a una víctima, una joven de 16 años con retraso mental: «Pero decime la verdad, ¿A vos no te gustaba el Pato? ¿Lo tocabas abajo?».

La Ley de Educación Sexual prevé que se brinde información en todas las escuelas, incluidas las especiales, donde debe trabajarse con los mismos materiales que en la educación común. Sin embargo, estos materiales no llegaron aún a todo el país.

Misischia habla de negación de la sexualidad de las chicas con discapacidad: “Si yo no pude pensar y trabajar antes que el embarazo sucediera, si no pude trabajar la sexualidad como parte del proceso de una como ser humano, y al no haber una articulación fuerte con la familia, las propias jóvenes con discapacidad, la escuela y el sistema de salud, no lo piensan como una posibilidad. Es como la negación. Bueno, esto no lo hablemos porque total no va a pasar y después pasa, y como no lo hablamos, no sabemos después que hacer”.

En los servicios de atención a niñas y mujeres en situación de violencia, habitualmente no se tienen herramientas para dar respuesta a las especificidades que tienen las mujeres con discapacidad. Sólo para citar algún ejemplo: poder comunicarse en lengua de señas con niñas y mujeres sordas, que se brinde información accesible para niñas y mujeres ciegas o con disminución visual, que haya gente capaz de expresarse utilizando un lenguaje adecuado y algo simplificado para comunicarse con mujeres con discapacidad intelectual, o que los médicos puedan realizar una revisión médica para aquellas que tienen discapacidad física.

“Yo creo que lo que pasa es que son como compartimentos estancos –aporta Bibiana Misischia-, porque no es que no hay personas que puedan hacer de intérprete en lengua de señas, no es que no hay médicas que trabajen en relación a mujeres con discapacidad. Puede haber muchas, puede haber pocas, pero no es que no hay. El tema es como unir en esos equipos a las personas que puedan tener la mayor cantidad de herramientas”-

Más información:
http://invisibles.org.ar
encuentro@invisibles.org.ar

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