Dos de cada tres jóvenes que trabaja lo hace en negro

De las personas de 18 a 24 años el 36% es empleado formal y el 64% no está registrado, según datos de INDEC. Unos 25 de cada cien jóvenes de entre 18 y 24 años no trabaja ni estudia en el país y dos de cada tres de los que están insertos en el mercado laboral, poseen empleos informales.


La marginalidad laboral y social de los jóvenes es un problema complejo que responde a carencias en sus hogares, educación de baja calidad y una legislación laboral no preparada para abrirle sus puertas.
Un estudio de IDESA indica que bajo el discurso de generar normas que protegen a los trabajadores, en la práctica se montan “poderosos mecanismos de discriminación contra los jóvenes”.

“La mejor forma de proteger a los jóvenes es multiplicando las posibilidades de conseguir rápidamente un empleo formal y de alta calidad”, sostiene el análisis.
Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, se observa que el 25 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años no trabaja ni estudia.
El 31% de esos jóvenes sólo estudia y el 44% restante está inserto en el mercado laboral.
De los jóvenes que trabajan, el 36% lo hace como asalariado formal en empresas privadas y el 64 % declara trabajar como asalariado no registrado.
Australia, Dinamarca y Nueva Zelanda lograron modernizar sus sistemas tributarios y modificaron sus planes de estudios educativos.

Entre esos últimos se encuentran los cuentapropistas, quienes se desempeñan en servicio doméstico o como colaboradores sin salario, y los que reciben un plan oficial.
Aunque son muy generales, los datos confirman las enormes dificultades que enfrentan los jóvenes para obtener un trabajo registrado con un salario digno.
Poco menos de un tercio se dedica exclusivamente a estudiar e instruirse para insertarse al mercado laboral, mientras que uno de cada cuatro ni estudia ni trabaja.
Por ello, entre los que consiguen un empleo prevalecen las ocupaciones de muy baja calidad.
El problema nace en la baja calidad y pertinencia de la educación, pero se prolonga y profundiza por la forma en que están diseñadas las instituciones laborales, sostiene el informe.

El título universitario

Sólo 15 de cada cien jóvenes logran obtener un título universitario en la Argentina por lo que 85 salen a buscar trabajo sin ser “profesionales” formales en una actividad y eso complica su ingreso al mercado laboral. El sistema educativo local está organizado para que los estudiantes alcancen un título universitario, pero sin embargo muy pocos llegan a esa meta. La mayoría de los jóvenes es forzada por la situación económica de su familia a ingresar al mercado de trabajo a temprana edad, lo cual conlleva una muy precaria preparación. La educación secundaria en Argentina está organizada para que los jóvenes continúen estudios universitarios, pero no para su ingreso al mercado laboral.
Al afectar al sistema productivo, el Estado obliga a quienes invierten que tributen seis veces antes de comenzar a trabajar.

Es decir, la educación media está pensada para menos del 15 % de los jóvenes que son los que llegan a obtener un título universitario.
El resto, la gran mayoría, carga con la frustración de no alcanzar esta meta y con el enorme desafío de conseguir un empleo sin formación para el trabajo.

(El Tribuno)

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