EL UCUMAR, ENTRE EL MITO Y LA VERDAD EN LAS SELVAS DE MONTAÑA O YUNGAS

Por Alejandro D. Brown
Presidente
Fundación ProYungas

Las selvas subtropicales de montaña o Yungas (o simplemente “el monte” para los lugareños) se desarrollan sobre las laderas de las montañas húmedas del noroeste de Argentina, en una angosta franja que tapiza las Sierras Subandinas de las Provincias de Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca y continúan hacia el norte, siguiendo a los Andes hasta Colombia y Venezuela. Y por supuesto por ahí, a lo largo y a lo ancho anda el ucumar buscando su sustento, por las umbrías oquedades del bosque nublado, entre peñas y árboles tortuosos cubiertos de musgos, enredaderas y epífitos, muy dentro de la nuboselva. Un ambiente nuevo para los habitantes urbanos de nuestro país que en general desconocían hasta hace apenas una década la existencia de esta vastedad de selvas y biodiversidad. En las 5 millones de hectáreas que ocupa este ambiente en Argentina, habitan mas de la mitad de especies de plantas y animales del país!.

Los lugareños por espacio de miles de años de andar y ganarle lugar al monte conocen sus secretos. Saben perfectamente en que es pródiga la naturaleza y que les pide a cambio. Saben que para sembrar necesitan tumbar el monte, si tumbarlo y quemarlo para que las plantas de maíz crezcan vigorosas, regadas por la lluvia y la esperanza de una buena cosecha. Porque de ello depende la supervivencia de su familia. Y claro también esta el ucumar asechando y disputándole la comida que guardan en el carretón, ahí al filo del monte, donde lo almacenan para ser consumido de a poco. Pero el ucumar no sabe de esperas y en una sola noche es capaz de destruirle tanta expectativa, la seguridad de un año bien alimentado. Porque este bicho mal habido es capaz de tanto daño, de tanta maldad! rezongan con mucho de razón.

Las Yungas se desarrollan entre el tórrido pedemonte a 400 metros sobre el nivel del mar hasta las frescas estribaciones de las montañas, por encima de los 2500 metros. Tan impresionante gradiente altitudinal es aprovechado por los lugareños para desarrollar distintas actividades a lo largo del año y a lo largo del gradiente de alturas. Siembran papas y maíz en el verano fresco en la franja de bosque muy húmedo en las alturas; y bajan con la hacienda al monte en el invierno para que el ganado pueda buscar hierbas palatables en el interior de la selva. Este proceso se llama trashumancia y consiste en este altitudinal peregrinar por las montañas, juntos, la familia, el ganado y sus pocas pertenencias. Espacio de extrema diversidad de plantas y animales, de exuberancia y de clima prepotente y caprichoso, de mitos y leyendas, donde lo natural y real se mezcla con la imaginación y la superstición: la viuda sin cabeza, ser mitológico de las selvas de Anta; coquena, protector de los animales de los cazadores desaprensivos; el susto, siempre cerca de uno asechando; y por supuesto el ucumar….

En ese espacio indefinido entre lo real y lo mítico, deambula el ucumar, un oso, el único oso de Sudamérica, también llamado “oso de anteojos” por las circunvalaciones blancas que rodean los ojos, que contrastan con el resto negro del cuerpo peludo. Este oso que vive adosado a los Andes y a la franja de bosques húmedos yungueños, desde Colombia hasta… la Argentina? Este acertijo que no hemos podido contestar a ciencia cierta hasta ahora. Lo hemos buscado por la selva impenetrable de Baritú, por el valle del río Porongal en las entrañas de la selva misma; en los valles y bosques nublados de Los Toldos, muy cerca de la frontera con Bolivia. Hemos hablado con campesinos e indígenas de San Andrés, de Lipeo, de San Francisco, de Santa Ana, y nada, del oso ni noticias. Pero ahí nomás en Bolivia, en la frontera con Argentina, todos saben del oso y sus malas costumbres…

Sin embargo cuando preguntamos sobre el ucumar (o juco/juca según el sexo) todos tienen algo que decir, todos tienen alguna anécdota a la cual referir, sobretodo cuando el vino riega las trasnochadas conversaciones, a la vera de las sendas, o en el interior de un rancho en lo profundo de la espesura del monte. Claro luego nadie quiere salir, porque al ucumar no hay que nombrarlo, porque se te aparece! Y si no sos de su agrado o tuvistes malos pensamientos, no duda en llevarte a su cueva con fines claramente sexuales. Y a si es que muchas veces, mujeres que esperan que el esposo regrese a la casa luego de una larga ausencia, lo sorprenden embarazadas o amamantando al “hijo del ucumar”, chuso (peludo) sale, chuso y fuerzudo!

El oso de anteojos o ucumar ya no vive en la Argentina, posiblemente vivió hasta no hace mucho tiempo en las extensas selvas de la Alta Cuenca del Bermejo, hoy Reserva de Biosfera de las Yungas, en las provincias de Salta y Jujuy. Pero actualmente no hay mas rastros de su presencia en la región, no se encuentran rasguños en los troncos por los que trepan, ni sus nidos en las copas de los árboles, ni bromelias (taracas, payos y chacras de monte) en los paredones rocosos mordidas y rasguñadas… Solo quedan lo mitos para recordarnos que el ucumar se fue, que se extinguió de nuestro país. Que su recuerdo nos sirva para renovar el compromiso de preservar lo que queda de Yungas, antes que otras especies sigan su mismo camino. Claro la mayoría no tendrá la suerte de que su mítico recuerdo siga alimentando el folclore local, que también es una forma de seguir estando… y de quien debemos cuidarnos cuando nos adentramos en el monte… allá en las Yungas del Alto Bermejo donde Salta se toca con Bolivia.

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