Kirchner: Capitalismo de Amigos y Partido del Estado

Sr. Director

El impacto político provocado por el encuentro público y la subsiguiente  declaración conjunta entre las cúpulas de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Unión Industrial Argentina (UIA) y por la comida en el domicilio de Héctor Magnetto que congregó a los principales dirigentes del Peronismo Federal y a Mauricio Macri puso de manifiesto un hecho incontrastable: el conflicto de fondo en la Argentina de hoy es el resultado de  la estrategia de concentración de poder político y económico impulsada por Néstor Kirchner, que cabe  resumir en la conjunción entre el “capitalismo de amigos” y el “Partido del Estado”. 


La consecuencia de esa estrategia, fundada en la confrontación permanente, es la aparición de una fuerte tendencia hacia la convergencia de un amplio y heterogéneo espectro de fuerzas sociales y políticas que, forzadas por la agresión sistemática a la que se ven sometidas desde el gobierno, buscan aunar esfuerzos para impulsar una alternativa de poder al “kirchnerismo”.

LA “KIRCHNO-BURGUESÍA” Y EL PARTIDO DEL ESTADO

La edificación de ese “capitalismo de amigos” reconoce  seis principales fuentes de acumulación, que determinan un sistema de distribución de beneficios hacia empresas “propias” y grupos empresarios asociados o aliados. En cada uno de esos seis rubros, existen distintas actividades o sub-rubros y diferentes grupos empresarios involucrados:

1°) OBRAS PÚBLICAS. Adjudicación de obras de infraestructura a empresas constructoras como Electroingeniería y Lázaro Baéz. Asociación en las licitaciones públicas con los grupos empresarios del sector de la construcción, pertenecientes a  la antigua “Patria Contratista”, que controlan la Cámara Argentina de la Construcción.

2°) SERVICIOS PÚBLICOS. Intento, ahora frustrado, de copamiento de Telecom, a través del grupo Werthein, para ganar terreno en el mercado de las comunicaciones. Adquisición del paquete accionario de empresas de energía eléctrica (Electroingeniería, grupo Mindlin). Negocios vinculados con la aeronavegación comercial, conectados con la estatización de Aerolíneas Argentinas.

3°) ACTIVIDADES ECONÓMICAS FUERTEMENTE REGULADAS POR EL ESTADO: Adquisición de parte del paquete accionario de YPF por el grupo Eskenazi. Avance del grupo empresario liderado por Cristóbal López  en el sector de los juegos de azar. Ley de Medios Audiovisuales de Comunicación, ofensiva contra el grupo Clarín y política orientada hacia la creación de una red de multimedios oficialistas amparada por el Estado.

4°) SUBSIDIOS A SECTORES EMPRESARIOS. Sistema de subsidios al sector del transporte vial, ferroviario, aéreo y subterráneo administrado originariamente por Ricardo Jaime. Utilización del sistema de subsidios de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA).  Empleo políticamente selectivo de los fondos acumulados por la ANSES, derivados de la estatización de las AFJP.

5°) MECANISMOS DE FINANCIAMIENTO DEL ESTADO: Negocios vinculados con la renegociación de la deuda pública, con la participación de entidades bancarias nacionales y extranjeras. Resurrección de los instrumentos de financiación estatal a través del sistema bancario argentino, similares a los de la época de la “Patria Financiera”, implementados a través de algunos bancos nacionales, que actualmente controlan la Asociación de Bancos de la Argentina (ADEBA), presidida por Jorge Brito, dueño del Banco Macro.

6°) NEGOCIOS DE ESTADO A ESTADO: Beneficios a empresas “amigas” en los acuerdos comerciales con Venezuela y en la adjudicación de obras públicas y compras estatales  realizadas por el régimen de Hugo Chávez,  en combinación con la “embajada paralela” inaugurada por Claudio Uberti. Circuito de triangulación de bonos argentinos adquiridos por el Estado venezolano.

Este aceitado sistema de negocios del “capitalismo de amigos”, cuya variedad y complejidad no se agota en los ejemplos mencionados, excede largamente la caracterización de corrupción individual. Es un fenómeno sistémico, que permitió la aparición de una “kirchno-burguesía”, de características análogas a la “boli-burguesía” venezolana prohijada por Chávez.

Este núcleo de poder empresario constituye la base de sustentación económica de un sistema de poder político férreamente concentrado, fundado en el predominio del “Partido del Estado”, que utiliza el arma presupuestaria como herramienta para el sometimiento de gobernadores e intendentes al gobierno central.

La condición de viabilidad para el desarrollo de esta estrategia de concentración de poder empresario fue y es la apropiación y redistribución, realizada desde el Estado, del formidable excedente de divisas generado durante la fase de acelerada expansión económica de los últimos años, derivada de un contexto internacional extraordinariamente favorable para la Argentina,  signado por el ascenso de los países emergentes, encabezados por China y la India, con el consiguiente aumento de la demanda mundial de alimentos. Los cuantiosos fondos acumulados por las retenciones a las exportaciones representaron la principal fuente para la financiación pública de los negocios particulares de ese “capitalismo de amigos”.

Pero ese mismo fenómeno económico y político tiene una contrapartida que puede convertirse en antídoto. Por primera vez en la historia argentina, irrumpe en el escenario una nueva burguesía nacional, que ya no es el fruto del proteccionismo estatal, sino de un largo proceso de reconversión empresaria, acumulación financiera y apertura cultural, iniciado en la década del 90, y que por impulso del cambio en las condiciones mundiales adquiere hoy el carácter de sector económico internacionalmente competitivo, capaz de participar  en los juegos de poder del mundo globalizado.

UNA NUEVA BURGUESÍA NACIONAL, INTERNACIONALMENTE COMPETITIVA

La columna vertebral de esta nueva burguesía nacional es la cadena agroalimentaria, cuyo primer eslabón es la producción agropecuaria, que constituye el sector tecnológicamente más avanzado e internacionalmente más competitivo de la economía argentina, que en muchos rubros disputa por el primer puesto a escala mundial. Resulta entonces natural que haya sido el sector agropecuario, nucleado en la Mesa de Enlace, el protagonista de la derrota estratégica que sufrió el “kirchnerismo” en el 2008, que inició su ocaso político, profundizado por la derrota electoral de junio de 2009.

Pero este fenómeno de maduración excede a la cadena  agroalimentaria y también al aún  más vasto y diversificado conglomerado de la agroindustria. Incluye a una ancha franja empresaria que, a partir de la década del 90, ante el agotamiento del  modelo prebendario, que terminó con la hiperinflación de 1989, produjo un proceso de reconversión acorde con el nuevo escenario mundial.

Hasta el colapso de diciembre de 2001, el máximo punto de concentración del poder económico en la Argentina residió en el Consejo Empresario Argentino (CEA), en el que predominaban los actores trasnacionales. A partir de entonces, ese papel pasó  a ser desempeñado por la AEA. Resulta emblemático que el primer titular de la AEA haya sido Luis Pagani, de ARCOR, una empresa agroalimentaria de capital nacional nacida en Córdoba, erigida en una de las principales exportadoras mundiales de golosinas.

Un simple cotejo entre la vieja lista de socios del CEA y la actual nómina de integrantes de la AEA, a la que el gobierno intentó infructuosamente de vaciar de representación, alcanza para visualizar los deslizamientos de poder dentro del mundo empresario ocurridos en los últimos años. Esa revisión verifica el nacimiento de  un nuevo empresariado, que no lucra con los subsidios estatales sino que funda sus ganancias de en su nivel de productividad y empieza a luchar para que el fruto de su esfuerzo no sea expropiado para financiar la prosperidad ficticia de un capitalismo prebendario.

Los resultados de estos cambios estructurales están a la vista. La alternativa de poder que emerge frente a la conjunción entre “capitalismo de amigos” y “Partido del Estado”, expresada por el “kirchnerismo”, es el camino hacia la constitución un nuevo bloque histórico, basado  en la convergencia entre  esta nueva burguesía nacional en ascenso, expresada institucionalmente en entidades como AEA y la Mesa de Enlace, y  un poder político capaz de asegurar la gobernabilidad, para impulsar la inserción productiva de la Argentina en este nuevo escenario de la economía mundial.

Una aparente paradoja que surge de esta fortaleza relativa de la Argentina, resultado del nuevo escenario que aparece tras la superación de la crisis financiera internacional, es que las dos grandes fuerzas en pugna aparecen fortalecidas. El “”kirchnerismo” intenta extraer ventajas políticas de la bonanza económica. Los sectores empresarios en ascenso, que convergen con la oposición política, han ganado en capacidad económica y en voluntad de poder. El resultado previsible de ese doble fortalecimiento es una escalada de conflictividad, cuyas consecuencias se harán sentir en los próximos meses.

Pascual Albanese

* Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.

 

 

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