Criar un hijo hasta los 23 años en Argentina cuesta un millón de pesos

Con independencia de costumbres y tradición familiar, el incremento del costo de vida en el ámbito doméstico para criar un hijo es dramático: pocos rubros parecen salvarse de una suba fenomenal y proporcional en los precios. Y Ud., ¿ya pensó en casarse?.



Más allá de índices y canastas de productos y servicios que prefieran tomarse, además de amor, comprensión, paciencia, insomnio y sabiduría, se necesitan muchos productos de la góndola de un supermercado para criarlo.

Seguramente habrá quienes encuentren el cálculo demasiado elevado y aquellos que se animen a reconocer que han gastado mucho más de lo que aquí se consigna.

La cifra, que hace algo más de un año superaba marginalmente la módica suma de u$s 200.000 (o sea 800.000 pesos), se ubica sensiblemente por encima. No hablamos de décadas y ni siquiera lustros. En apenas algunos meses, rubros que resultan claves para cualquier crianza han trepado en forma contundente.

Educación, alimentación y esparcimiento bien pueden ser los artífices de la suba presupuestaria con la salvedad de los alquileres que, con exceso de oferta, tienden a aplanar sus precios.

La suma, que mensurada en moneda local resulta alarmante, propone también un fuerte incremento nominada en dólares, teniendo presente que la estabilidad del tipo de cambio absorbe buena parte de la inflación.

Pocas o ninguna experiencia se equipara con criar un hijo. Hablamos de alegrías y satisfacciones que no tienen precio. Quizás sea por ello que pocas veces aceptamos sacar lápiz y papel para hacer las cuentas.

El cálculo, que incorpora un horizonte de tiempo hasta que un hijo se independiza económicamente de sus padres (alrededor de los 23 años en la Argentina), su crianza y manutención, puede llegar a rozar hoy los u$s 250.000 e incluso, para presupuestos más ambiciosos, superar los u$s 500.000 (a valores presentes), según el nivel de ingresos que se tenga.

La estimación realizada –que no es ajustada ya que resulta imposible calcular una tasa futura– involucra alto grado de subjetividad, pues cada familia definirá gastos.

Entre los supuestos, un bebé representa consumo por el 30% del presupuesto de un matrimonio sin hijos. A partir de los 15 años, equivale a un adulto.

Para un ingreso mensual de $ 5.000 de uno de los cónyuges –por encima del ingreso promedio de $ 4.000 para la Ciudad de Buenos Aires–, el costo total hasta que el hijo se independiza es de $ 989.234 (u$s 250.439), que equivale a 17 años de sueldo.

Para mayor nivel de ingresos, la cifra de gastos asciende vertiginosamente, aunque la cantidad de salarios invertidos en la crianza disminuyen.

Entre los principales gastos, la educación y la alimentación figuran en los primeros escalones y constituyen los dos rubros que más han trepado.

Para el primer rubro, se pensó en un colegio privado de media jornada en primaria y secundaria, mientras que la universidad, se consideró que concurre a una pública.

Así, los $ 182.000 contemplan el costo promedio de los años escolares, desde jardín al secundario. Para la alimentación, los $ 165.600 se estima el aumento en el presupuesto familiar por tener un hijo en el costo de las comidas en restaurantes (una cada 15 días), las comidas en el colegio y el incremento en los gastos mensuales de supermercado. En lo que hace a esparcimiento, se pensó en espectáculos, la cuota del gimnasio o algún taller de arte o música.

Como ambos progenitores trabajan, el costo de las vacaciones se ha calculado junto con el del servicio doméstico.

Aquí se piensa en una ayuda de 3 veces por semana.

A la vez, la obra social de los padres cubre la atención médica del hijo (no se calcula prepaga).

Otro de los rubros que se tuvo en cuenta es el de alojamiento. Se pensó en un matrimonio que tiene un departamento de dos ambientes y que, al ver que crece la familia, se animó a pedir un crédito hipotecario de u$s 30.000 para pasar a un departamento más grande.

La cuota mensual de $ 2.000 a 20 años y 20% de costo financiero total, se divide entre 4 teóricos integrantes de la familia. Con todo, si bien la educación y la alimentación siguen siendo los pilares económicos en la crianza de un hijo, otros gastos como esparcimiento y vacaciones también deben ser contemplados en la planificación financiera familiar.

En este sentido resulta clave hacer un balance correcto del estado de situación patrimonial, es decir, realizar un inventario.

A la vez, habrá que delinear objetivos en lo financiero siempre pensando en planificar correctamente consumo y ahorro.

(Región Norte Grande)

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