Salvador Mazza en el ojo de los medios nacionales

En un informe especial de diario Clarín titulado “Viaje a la frontera narco: poco control y crímenes mafiosos” firmado por Juan Manuel Bordón, el medio pone su mirada a lo cotidiano de la localidad de la frontera y nos deja algunos detalles  en un artículo que surgió después del asesinato de un empresario. 


Cómo son los pasos de la droga en Salvador Mazza. En esa zona de Salta asesinaron a un empresario de Lomas de Zamora que iba a invertir allí en tierras. La cocaína se pasa a través del monte o de fincas privadas. Algunos campos sirven para acopiar droga.

En la ciudad fronteriza de Salvador Mazza todos saben que están en territorio narco. Todos conocen alguna historia donde se cruzan droga, dinero y violencia. Todos han oído hablar de un forastero llamado Julio Trama, el empresario bonaerense al que asesinaron a hachazos hace 3 semanas, cuyo cuerpo quemaron y abandonaron con 17 mil pesos encima. Esta frontera, todos lo dicen, es irregular en varios sentidos.

Hacia el norte pasan de contrabando trigo, ganado y prohibidísimos precursores químicos. Hacia el sur, zapatillas, bolsas de hoja de coca y pasta base de cocaína que son trasladadas a pie o en auto a través de una quebrada o por las fincas de frontera. Acá hasta la geografía tiene sus giros irregulares: cerca del paso internacional de Salvador Mazza hay una cancha de fútbol que, según dicen, tiene el mediocampo en Argentina y los arcos en Bolivia.

La zona crítica, la franja de terreno que los narcos deben cruzar para poner sus cargamentos a salvo de los controles ruteros más intensos, se extiende desde la frontera hasta la ruta 81. Es un área de unos 100 kilómetros de largo en la que se cree que se ocultan lugares de acopio de cocaína, ya sea en campos o casas de barrio. En esa franja de territorio también era donde el empresario naviero Julio Trama estaba invirtiendo en ganado antes de que lo asesinaran, la madrugada del miércoles 5 de mayo. Para los investigadores, la brutalidad del crimen tiene todos los rasgos de un ajuste de cuentas narco, un mensaje sobre cuál es la otra ley en la frontera.

Salvador Mazza, ubicado frente a la localidad boliviana de Pocitos, está en el extremo del triángulo de Yacuiba, una pequeña área al norte de Salta donde la frontera boliviana baja como una punta de flecha. En el puente aduanero internacional, por el que a diario pasan unas 10 mil personas y unos 300 camiones, conversan amigos de ambas orillas mientras pasan filas de carritos cargados con bolsas de harina y otras mercaderías. Los controles son laxos y, si se pasa a pie, ni siquiera revisan ni piden documentos: fuera del puente, el tránsito se repite por pasos no habilitados pero utilizados habitualmente por los vecinos.

Uno está en la zona de Paraje del Chorro, donde la gente cruza a pie o en bicicleta por las picadas de tierra que atraviesan la quebrada. Hay varias fincas, una de ella dedicada a la producción de pollos, que llegan hasta la misma frontera y tienen sus propios caminos consolidados por el paso de vehículos que van y vienen de Bolivia. Dan a una quebrada que es vigilada por gendarmes en cuatriciclos. Como el flujo de gente es constante, el control es mínimo.

Más allá empieza la villa de Barrio Nuevo y es jurisdicción boliviana. En el caso del tráfico de cocaína, a veces el cruce es trabajo de hormigas. Los cruzadores de a pie cobran una tarifa mínima por pasar uno o dos kilos encima. Del lado argentino se hace el acopio y el kilo de pasta base de cocaína que cuesta unos 1.800 dólares del lado boliviano llega a los 2.000 en Salvador Mazza.

A poco más de una semana de su asesinato, los rumores sobre Julio Trama son moneda corriente en Salvador Mazza. Se comenta que Trama había hecho averiguaciones para comprar terrenos cerca de la frontera, pero Juan José Galeski, su socio en un emprendimiento ganadero en la zona y la última persona que lo vio con vida, lo niega. «Había venido a ver campos en Aguaray y Campo Durán», dos pueblos vecinos a Salvador Mazza. Uno de ellos está a unos 12 kilómetros al sur de un camino con un historia reciente de violencia ligada al narcotráfico.

Allí, en pleno Chaco salteño, el camino vecinal atraviesa -paralelo a la frontera- campos dedicados a la ganadería, plantaciones de trigo o soja. La frontera es invisible. Los bosques tienen continuidad hacia ambos lados y, como en la zona de la quebrada, hay huellas que atraviesan la frontera. También un camino consolidado que se construyó encima de un gasoducto y otro que, según fuentes de Gendarmería, se abrió misteriosamente en el último año, en pocos días.

Los puesteros reconocen que por las noches mucha gente atraviesa los campos a pie y se habla de narcotravesías de hasta siete días a través del monte. Jesús Ledesma (44), dueño de uno de los campos que está sobre la frontera, describe al narcotráfico como la «tentación del diablo, todos te vienen a ofrecer cosas, te quieren pagar por dejarlos pasar». También sabe que si se ve pasar gente, decirles algo puede traer problemas.

En setiembre de 2006, su hermana Liliana fue asesinada en Salvador Mazza. La apuñalaron y le hicieron cortes en la boca después de que denunciara que Delfín Castedo, propietario de una de las fincas fronterizas y prófugo desde que ordenaran su detención por su participación en el crimen, había cerrado el camino vecinal que atraviesa esos campos para tener una zona libre de miradas molestas. «Para llegar a nuestra finca teníamos que ir por Bolivia. Castedo también quería comprar los campos vecinos y cerró el camino porque no quería que nadie viera lo que pasaba en su propiedad», cuenta ahora. El juicio por el asesinato de su hermana empezó el lunes pasado en Orán.

Pese a crímenes como el de Trama y Liliana Ledesma, Salvador Mazza no tiene nada que ver con el imaginario de las narco-ciudades de frontera. Es un pueblo pequeño donde la gente pasea tranquila hasta bien entrada la noche. Las dos cuadras en las que se supone que desapareció Julio Trama están especialmente iluminadas y vigiladas durante toda la noche.

Antes de partir de Salvador Mazza, Clarín pregunta por Trama en un autoservicio. «Sé lo que dicen los diarios, pero esto es zona de frontera y nunca se sabe», contesta una señora.

-¿Mejor no preguntar mucho?

-No es eso, pero acá estamos los que trabajamos y los otros. Y todos tenemos que vivir juntos, en el mismo pueblo.

(Clarín)

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