Entradas en ventas para el Concierto de Música Latinoamericana

El jueves 13 de mayo, a las 21.30, la Orquesta Sinfónica de Salta bajo la dirección del maestro Jorge Lhez, ofrecerá un imperdible concierto de música latinoamericana. La cita es en el Teatro Provincial de Salta y las entradas ya están a la venta en Boletería del Teatro (Zuviría 70).


Se interpretará Aires Gitanos, del compositor español Pablo Sarasate, Sinfonía India, del mexicano Carlos Chávez, Bachianas Brasileras Nº 2, del brasilero Heitor Villa – Lobos y Santa Cruz de Pacaraigua, del venezolano Evencio Castellanos.

Participará como solista el joven y reconocido violinista Stepan Grytsay.

Las entradas tienen una valor de : Platea $20 y $16, Palco $30, Pullman y Súper Pullman $10.

Se recuerda que jubilados, discapacitados y estudiantes pueden acceder a un 50 por ciento de descuento en el valor de las entradas acreditando debidamente, en boletería, su calidad de tales con los instrumentos correspondientes (carnés, constancias de alumnos, etc). Este descuento se dispuso mediante Resolución Nº 84 – 09 del Instituto de Música y Danza, el cual corre también para el resto de los cuerpos artísticos del Instituto.

Esta resolución promueve por otro lado, la suscripción de acuerdos particulares con instituciones oficiales o privadas debidamente acreditadas y representativas de jubilados, estudiantes o discapacitados, a fin de permitir el acceso gratuito a los sectores más necesitados.

Sobre las obras

Sinfonía India

Carlos Chávez (Calzada de Tacuba, 1899 – Ciudad de México, 1978)

Carlos Chávez es seguramente el más significativo músico mexicano, el más conocido fuera de las fronteras de su país y el que dio carta de naturaleza a una creación que reuniera a la vez caracteres propios y anhelo de proyección exterior. Lamentablemente nos llega con poca frecuencia su obra, por lo que la Orquesta Sinfónica de Salta con un profundo compromiso en dar a conocer nuevos autores y acrecentar su repertorio contemporáneo y latinoamericano, presenta en estreno una de sus mejores partituras, de las más conocidas también, la breve pero intensa Sinfonía India, segunda de las seis que compuso.

La Sinfonía india tiene como columna vertebral diversas melodías provenientes de los indios yaquis y los seris de Sonora, así como de los huicholes nayaritas. Pero no sólo las melodías de estos grupos están presentes, sino también sus instrumentos, que encuentran su lugar en medio de una rica y colorida orquestación cuya factura es impresionante en cuanto a su confección rítmica y cohesión de los temas indígenas.

La idea de escribir esta obra le vino a Chávez al momento de ser invitado para una serie de conciertos radiofónicos con la Orquesta de la CBS. El compositor puso manos a la obra a fines de 1935 para terminar la partitura unos meses después y estrenarla en la ciudad de Nueva York, el 23 de enero de 1936, bajo su dirección.

Bachianas Brasileras N° 2

Heitor Villa-Lobos (Río de Janeiro, 1887 – Río de Janeiro, 1959)

En junio de 1930 Villa-Lobos regresó a Brasil después de haber pasado siete años en París, donde había estado en contacto con las vanguardias musicales y artísticas.

La música de Bach había fascinado a Villa-Lobos desde su infancia y siempre la consideró una herencia universal, una especie de folklore genial. También veía ciertos paralelismos estilísticos entre Bach y algunos tipos de melodías y texturas del folklore brasileño.

El resultado de esta fusión fueron las 9 Bachianas Brasileiras compuestas entre 1930 y 1945.

La Nº 2 fue compuesta en 1930 y pinta cuatro viñetas del Brasil de la juventud de Villa-Lobos.

O Canto do Capadócio / El Canto del campesino retrata al típico trabajador desempleado e indolente.

O Canto da Nossa Terra / El Canto de nuestra tierra es una Modinha o canción de amor sentimental.

Lembrança do Sertao / Recuerdo del desierto recrea la atmósfera popular de las tierras secas del noreste de Brasil.

O Tremzinho do Caipira / El trenecito de Caipira describe con gran ingenio una vieja locomotora de vapor.

La obra fue estrenada el 5 de septiembre de 1938 en Venecia, durante el Festival Internacional de Música, bajo la dirección del importante compositor italiano Alfredo Casella (1883-1947).

Santa Cruz de Pacaraigua

Evencio Castellanos (Cúa, 1915-Caracas, 1984)

Santa Cruz de Pacairagua es una piedra fundamental del edificio sonoro iberoamericano, su autor, Evencio Castellanos, miembro de una larga estirpe de intérpretes y compositores, ha sido, sin duda, uno de los grandes impulsores de la música venezolana del Siglo XX desde un lenguaje conservador, pero no exento de finuras, expresiones sutiles y sugerencias que abren tímidamente las ventanas hacia una cierta modernidad.

En 1954, escribe la suite orquestal Santa Cruz de Pacairigua, como homenaje a la pequeña localidad de Guatire, donde la bondad de su gente, su animoso espíritu y la construcción colectiva de la iglesia del pueblo, en la que participaron todos sus vecinos, animó a Castellanos a describir algo más que un pintoresco cuadro costumbrista, que le valdría el Premio Nacional de Música de 1955, galardón que recibiría dos veces más en su carrera.

La suite está concebida en tres partes que configuran un recorrido o, mejor dicho, una incursión, tanto en el paisaje como en el carácter de sus habitantes. El Allegro inicial evoca la algarabía de la fiesta popular de San Pedro, que comienza por una eclosión de ritmos y danzas protagonizados por los negros del lugar, al mando del principal bailarín, disfrazado de María Ignacia, típico personaje de la cultura local.

Tras una insistente imitación transformadora de los ritmos autóctonos, las campanas entonan los sonidos de las cuerdas al aire del cuatro, pequeña guitarra peculiar de la zona. El movimiento se resuelve en una especie de vals, bajo el dibujo de la canción Blando suspiro, de Hernández de León.

La sección central comienza nuevamente con los ritmos negros, utilizando ciertos elementos de las fiestas de San Juan, de la Salve y de la procesión del Corpus, donde se escucha claramente a los cornos tocando el Lauda Sión como un Cantus firmus hasta terminar en un ambiente festivo, de tono y color especialmente nacionalista.

En el allegro final los negros se retiran a bailar sobre el fuego, según sus ritos y todo converge en una especie de catarsis frenética donde se dan cita elementos religiosos y ritmos procedentes de culturas arcaicas.

 

 

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