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Cachi, una joya histórica donde el tiempo no se detuvo

Bautizada La Linda por decisión popular -y quizás por la traducción al español de la palabra con que las poblaciones autóctonas llamaban al lugar-, la provincia argentina de Salta hace honor con su singular geografía a ese calificativo.


Y dentro de sus hermosuras se destaca la pequeña ciudad de Cachi, en la región andina, situada en el suroeste de la provincia y a dos mil 280 metros sobre el nivel del mar, la cual sorprende por el gran número de árboles y el verdor del follaje a pesar de la visible sequía en la región y los exiguos hilos de agua de los ríos Cachi y Calchaquí que la «bañan».
El centro cívico tradicional -la iglesia, la plaza y el poder ejecutivo y judicial- es como cualquier poblado de la corona española, con la particularidad de componerse de edificios de poca altura, paredes de barro y techos de una caña muy común por estos lares y madera de cardón, el enorme cactus tan abundante en las montañas cercanas.
Los historiadores dicen que cuando los conquistadores españoles llegaron a aquellas tierras en el siglo XVI, el lugar estaba poblado por el pueblo originario de los diaguitas, pero ello no fue obstáculo para el reparto de encomiendas que asignó a una señora, doña Margarita de Chávez, una inmensa propiedad en cuya área estaba Cachi.
Junto al paso del tiempo se produjo también el de propietarios hasta que, en la primera mitad del siglo XX, el gobierno nacional adquirió parte de los terrenos y así nació el nuevo poblado al lado del antiguo asentamiento.
Otro dato interesante es la procedencia del nombre, el cual aún es tema de discusión entre conocedores y pobladores. Y se debe a que cachi, en quechua, significa sal, pero eso no explica nada a no ser la suposición de que en épocas prehispánicas el sitio pudo haber sido un depósito de ese producto, tal vez obtenido en salinas no muy lejanas.
En la lengua de los antiguos diaguitas «kak» equivale a peñón, piedra o roca, mientras que «chi» se interpreta como soledad, silencio, lo cual podría acercarse más a la realidad ante el paisaje impresionante de la montañas que rodean al valle, sobre todo el nevado Cachi, con seis mil 380 metros sobre el nivel del mar y hielo en la cima casi todo el año.
Aunque la modernidad ha llegado hasta allí con la energía eléctrica, el acueducto y las comunicaciones telefónicas y viales, los conocimientos de ingeniería de los pueblos originarios todavía hoy están vigentes y son fundamentales para la vida, incluyendo la del turismo que cada día atrae más a ciudadanos de todos los confines del planeta.
Sin el sistema de acequias ideado por esos antepasados, y de medición y cálculo de terrenos para abrir rutas intramontanas, quizás no tendríamos hoy la posibilidad de alegrar la vista y el corazón con el encanto de estos parajes.
El agua que desciende de las alturas con el deshielo, corre por canales muy bien trazados y debidamente controlados con pequeñas y todavía rústicas esclusas que posibilitan el riego y el uso doméstico a voluntad en la temporada de lluvia (diciembre a marzo) y el racionamiento durante la época de seca, en el resto del año.
Si bien son sorprendentes los sinuosos senderos abiertos por los originarios para comunicarse -ahora asfaltados en algunos tramos- todos quedan opacados cuando el viajero llega a la llamada Recta de Tin Tin, trazada en una meseta a tres mil metros sobre el nivel del mar desde tiempos inmemoriales.
Son 18 kilómetros de vía perfecta, sólo concebible hoy con la aplicación de modernos instrumentos, y aquellas culturas lo hicieron valiéndose de fogatas para determinar la dirección exacta y atravesar parte del Parque Nacional Los Cardones, esos gigantes cactus del desierto que proliferan allí hasta donde llega la vista.
Recorrer 157 kilómetros desde Salta Capital para llegar a las piedras del silencio de Cachi permite disfrutar en el trayecto del multicolor valle Encantado, los pastizales de altura de la cuesta del Obispo y otros sitios creados por la naturaleza y las manos sabias del hombre, y afirmar que el catálogo de las Maravillas del Mundo está lejos de quedar cerrado.
Fte *Corresponsal de Prensa Latina en Argentina, arb/rmh

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