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Entre el cielo y la tierra

Un proyecto científico-turístico para el asombro comienza a tomar forma en Tolar Grande. La propuesta será presentada mañana en Salta por el Instituto de Astronomía Teórica y Experimental de Córdoba. El centro científico se combinará con atractivos naturales y culturales para abrir nuevos horizontes en el oeste salteño. Tolar Grande está a un paso de ver plasmado el primer proyecto científico en las estribaciones del Macón, donde estudios iniciados hace diez años confirmaron condiciones ideales para las observaciones astronómicas.



Allí, un sitio investigado a 4.665 metros de altura sobre el nivel del mar estuvo a un paso de convertirse en el lugar de emplazamiento del telescopio óptico más grande del mundo: el E-ELT. En la elección final de la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral (ESO) primó la dilatada relación con Chile, donde esa corporación científica ya tiene varios megaobservatorios, como los de La Silla, Paranal y Chajnantor.

El despegue

Los estudios desarrollados en el Macón, sin embargo, pusieron a la zona en un nivel tan alto de interés que su despegue astronómico se percibe tan cercano hoy como las estrellas que alfombran las noches en la Puna.

Mañana será presentado en Salta el proyecto “Nawi Puna”, una iniciativa que articulará investigaciones científicas, atractivos paisajísticos, tesoros naturales y raíces culturales de un modo que promete imponer a Tolar Grande como marca de observaciones estelares y turismo científico.

Con recursos argentinos

El proyecto que asoma en la Puna salteña -no casualmente- fue impulsado por el Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE), cuyos expertos realizaron los estudios que elevaron al cordón del Macón a una posición de privilegio dentro de la astronomía mundial.

“Lo inhóspito del paisaje es sinónimo de oscuridad en el cielo nocturno. Tolar Grande está en el medio de una gran región con escasísima contaminación lumínica. Y en el mundo cada vez son menos los lugares que poseen esta condición”, puntualizó ayer desde Córdoba el director del IATE, Diego García Lambas, quien mañana expondrá los lineamientos del proyecto “Ñawi Puna” durante una presentación prevista en la Casa de la Cultura, desde las 11.30, con la presencia de autoridades nacionales y provinciales.

García Lambas remarcó el interés del IATE en apoyar el desarrollo de la astronomía en la UNSa. “Entendemos que existen óptimas condiciones para ello, de modo que, a la par de la instalación de instrumentos, estamos organizando actividades académicas conjuntas”, subrayó. El grupo científico de la Universidad de Córdoba y el CONICET también se planteó como desafío la operación remota del observatorio del Macón. Para ello, la cúpula de 8 metros de diámetro, que ya se construye para ser emplazada en esas alturas de Tolar Grande, fue diseñada para incorporar la robotización que operará conjuntamente con el telescopio.

En el pueblo

El proyecto, que será presentado mañana en Salta con la presencia de los ministros de Ciencia y Tecnología de la Nación, Lino Barañao, y su par de Turismo, Enrique Meyer, prevé la puesta en funcionamiento de un Centro de Interpretación en Tolar Grande. El lugar contará con un segundo telescopio de menor dimensión, junto al cual el pequeño pueblo andino sumará a su oferta turística un espacio de exposición de material astronómico (cielo) y de la geología (tierra) de la Puna. Este centro podrá ser visitado día y noche, y funcionará como base turística regional con información sobre los volcanes, salares, las lagunas andinas, sus ecosistemas de vida arcaica (estromatolitos vivientes), los Niños del Llullaillaco, el Camino del Inca y otros puntos de interés.

Observaciones nocturnas

El telescopio del Centro de Interpretación de Tolar Grande permitirá a los visitantes realizar observaciones astronómicas de las deslumbrantes noches puneñas. En ese lugar también estará la sala de recepción remota de las imágenes que captará el telescopio de investigación montado en la cúpula del Macón.

Los nuevos horizontes

Los estudios de caracterización realizados en el cerro Macón se remontan a 2000. Por entonces, y en base a un análisis de imágenes satelitales, el grupo de investigaciones astronómicas de Córdoba comenzó a identificar sectores de baja nubosidad en el noroeste.

Tras aquel análisis inicial y otros estudios que desarrolló el Instituto Geonorte (UNSa), investigadores del IATE realizaron siete viajes de exploración y seleccionaron cuatro ubicaciones, entre las cuales finalmente se eligió una -en el extremo sur del cordón Macón, a 9 kilómetros de Tolar Grande- para comenzar a medir parámetros meteorológicos y de caracterización astronómica.

En marzo de 2004 se instaló allí una estación meteorológica y un año después se inició la toma de datos sobre calidad de imágenes y turbulencia de la atmósfera. Para ello se emplearon tres instrumentos: dos cámaras DIMM (Differential Image Motion Monitor) y una cámara MASS (Multi Aperture Scintillation Sensor). Con este último equipo se realizaron 132 noches de observación en Tolar Grande. Con las cámara DIMM, en tanto, se hicieron mediciones durante 35 noches de observación en el filo del cordón Macón, a 1.000 metros por encima de la altitud del pueblo. Los buenos resultados obtenidos allí indujeron a programar mediciones continuas a unos 3 kilómetros al norte del lugar donde se habían realizado los primeros estudios.

Este nuevo sitio carecía de acceso para vehículos, de modo que para llegar a él desde la ruta que une Tolar Grande con San Antonio de los Cobres fue necesario construir un camino de 12 kilómetros y 600 metros de desnivel, por una topografía montañosa. El camino estuvo terminado en diciembre de 2007 e inmediatamente comenzó la instalación de los equipos que desde mayo de 2008 empezaron a aportar datos específicos en la pulseada por la instalación del telescopio E-ELT. Si bien la ESO se inclinó finalmente por el desierto de Atacama, donde ya tiene otros proyectos astronómicos, todos estos trabajos dejaron sentadas las bases para que Tolar Grande esté a las puertas de ver plasmado hoy un proyecto que promete abrir horizontes científicos y turísticos.

Vistas imponentes

En el Macón, junto al observatorio, se emplazará un mirador natural con espectaculares vistas panorámicas de los volcanes y salares sobre los cuatro puntos cardinales.

La operación remota del observatorio, a su vez, exigirá conexiones de internet con altas prestaciones, lo que mejorará las posibilidades de comunicación de los turistas, ya que se instalarán facilidades del tipo Wifi, de acceso libre, en Tolar Grande. El pueblo ya cuenta con otras comodidades, como el Refugio Franco-Argentino, un proyecto que se ejecutó con apoyos del gobierno francés y del que participó el actual ministro de Ambiente, Francisco López Sastre, quien estará presente mañana en la Casa de la Cultura junto a su par de Turismo, Federico Posadas, y otros funcionarios provinciales.

Un ambiente con ideales condiciones

El sitio que reúne condiciones óptimas para observaciones astronómicas en la Puna salteña está ubicado en la Cordillera del Macón, a 4.665 metros sobre el nivel del mar y a unos 12 kilómetros al norte de Tolar Grande. La citada población del departamento Los Andes, reconocida como municipio desde noviembre de 2006, está localizada a 380 kilómetros de la ciudad de Salta, en el corazón de la Puna salteña.

Allí, a pedido de la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral (ESO), expertos del IATE iniciaron en abril de 2004 estudios de caracterización tendientes a determinar los niveles de humedad, visibilidad, estabilidad sísmica y otras condiciones ambientales requeridas para el emplazamiento del telescopio más grande del mundo (el E-ELT). Entre diversos sitios evaluados en distintos continentes, el pasado 26 de abril el cerro Armazones (desierto de Atacama) prevaleció en una apretada elección final sobre el cerro Macón, pero los estudios allí desarrollados pusieron a Tolar Grande en el centro de interés de la astronomía mundial y comienza a vislumbrarse -de la mano del IATE y el CONICET- el antes y el después.

En las estribaciones del Macón, la humedad rara vez supera el 15%, un valor ideal para las observaciones astronómicas. Por las noches, las temperaturas descienden a valores de entre 10 y 20 grados bajo cero. El frío es otro factor clave, puesto que el calor genera turbulencias en las imágenes.

A la disminución del espesor de la atmósfera propia de esas alturas, la escasa humedad relativa del aire y el bajo contenido de vapor precipitable, el cordón montañoso de Tolar Grande suma otra ventaja sustancial sobre la franja chilena de Atacama: una reducida probabilidad de que se produzcan sismos que dañen los equipos de alta precisión. El Macón también sobresale sobre otros sitios por su elevado porcentaje de noches sin nubes, escasísimos niveles de contaminación lumínica (para el caso puntual de los observatorios radioastronómicos) y por las prácticamente nulas probabilidades de que interferencias radiales de origen humano puedan afectar en esa zona las frecuencias de interés astronómico.

(El Tribuno)

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