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Transitando la Cuaresma

¡HOLA AMIGOS!

El miércoles de cenizas, las lecturas bíblicas y la liturgia en general, nos invitaban a caminar la cuaresma con una serie de actitudes penitenciales, que desembocan en la conversión personal.

 

Esas actitudes, se concentraban en la propuesta dada por tres realidades, que la misma Iglesia va repitiendo año tras año, para que el corazón de su pueblo, vaya santificándose en unión con Cristo.

Se nos hablaba de oración, ayuno y penitencia.  A lo largo de los domingos de cuaresma, hemos repetido en las predicaciones, la necesidad de incursionar profundamente en los caminos de la oración, teniendo en cuenta la importancia de la Misa como centro orante por excelencia; pero además, reconsiderar otras alternativas de oración, que pueden ir saliendo a cada paso de la vida. Así, cuando comienzo una actividad o llego al colegio o facultad o  cuando voy de viaje, ofrecer el día, ese momento, a Jesús o a María, en un acto orante tan válido, que me conecte a las realidades sobrenaturales de un modo afectivamente cierto. Es cuando “pensamos” o “nos dejamos llevar” por el fragor del día, sabiendo que el Señor, está a nuestro lado.

Ese caminar con Cristo continuamente, a lo mejor sin pronunciar palabras, es también una forma de orar.
La segunda realidad, meditada sobre todo durante las Misas del segundo domingo de Cuaresma, es el ayuno.  Un ayuno, decíamos, o una abstinencia, que no se hace por el ayuno mismo o para privarme de algo sin sentido eficaz. Observábamos entonces que nuestro ayuno verdadero, como dice el profeta Isaías, es el que produce abundantes frutos, el que hace bien a quien lo realiza porque a lo mejor se está privando de algo que no tendría que existir en ningún momento de la vida o que hace bien al prójimo, porque lo que se ahorra en la abstinencia de algo, por ejemplo unos pocos cigarrillos menos, lo doy a una persona que lo necesita.

El tercer punto que se tocó en la Misa del tercer domingo de cuaresma, fue la limosna. Igualmente que los puntos anteriores, decíamos que la verdadera limosna es la que se da con alegría, la que nos deja bien, la que se da sin culpa, tomando conciencia de la existencia de los pobres en el mundo y a lo mejor muy cerquita de mi casa. Esa limosna que no es sólo para tranquilizar la conciencia, sino fundamentalmente para formarla, para moldear nuestro pensamiento sobre la verdadera manera de ayudar. Muchas serán las ocasiones que se nos presenten para ayudar a los pobres. Hay que saber hacerlo, sin favorecer la mendicidad, tal vez ayudando a instituciones confiables de bien público como Caritas, que sabemos muy bien lo que van a hacer con nuestros bienes compartidos.

Gracias a Dios, nuestra gente cada día va tomando conciencia de la solidaridad. Nos falta que esa solidaridad, no sea puesta en práctica solamente para situaciones puntuales de necesidad, sino que vivamos con una conciencia social seria, informándonos sobre las maneras más adecuadas y racionales que hay de ayudar al prójimo y especialmente sabiendo apoyar u oponerse seria y sanamente a las distintas políticas sociales que redunden en beneficio de los más necesitados.
Vivir intensamente la cuaresma es: no solo orar más, sino mejor, ayunar o abstenerse de algo, pero que produzca un fruto, asumir la limosna, como puerta de acceso a una toma de conciencia sobre la existencia de la pobreza en el mundo y actuar en consecuencia.

De eso se trata.              Hasta la próxima amigos.

Presbítero Ernesto A. Corces

Vicario Parroquial

Vicaría María Inmaculada  “Grand Bourg”       SALTA.

 Pbro. ERNESTO A. CORCES
Vicaría María Inmaculada
Figueroa Alcorta 950
CºCº “Grand Bourg”
4400 SALTA
TEL    54-387-436-1777   54-387-436-4228
E-Mail:  eacorces@iglesiamdp.org

 

 

 

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