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Cesó el alerta y comienza la reconstrucción en Tartagal

Al concluir el alerta meteorológico, los pobladores de la ciudad salteña afectada por el alud comenzaron un lento retorno a sus hogares. Unas 800 personas siguen evacuadas y continúa la búsqueda de dos mujeres desaparecidas. El gobierno provincial prorrogó la emergencia hídrica.
Los pobladores afectados por el alud que arrasó un sector de la ciudad de Tartagal, en el norte de Salta, comenzaron este jueves un lento retorno a sus hogares al cesar el alerta meteorológico que regía para la zona, mientras el gobierno provincial prorrogó este jueves la emergencia hídrica en la zona.

 

Con máquinas viales procuraban despejar las calles de lodo y unas 800 personas siguen evacuadas en dos escuelas, en la sede de Cáritas y en la Gendarmería, pero este número varía ya que muchas vuelven a sus hogares para custodiar lo poco que les quedó tras el alud, que dejó unos 10.000 damnificados en esa ciudad, 365 kilómetros al norte de la ciudad de Salta.

Defensa Civil, el Ejército, Bomberos y Gendarmería continúan la búsqueda de las dos mujeres que permanecen desaparecidas, las hermanas Rosa y Modesta Riveros, vistas por última vez cuando eran arrastradas por las desbordadas aguas del río Tartagal.

“El trabajo es lento pero constante”, precisó una fuente de Defensa Civil en uno de los centros donde los camiones descargan la ayuda que llega desde distintos organismos y localidades.

“No faltan alimentos ni medicamentos, hay una colaboración activa, hay camiones descargando permanentemente, sobre todo alimentos, ropa y colchones” que distribuye Gendarmería, explicó.

Pese a la llegada de ayuda de todo el país para mitigar la situación, muchos pobladores “viven una sensación de inseguridad ya que temen que les roben las pocas pertenencias que le quedaron en sus casas”, aseguraron fuentes de Defensa Civil.

Por eso “mucha gente se queda a cuidar lo poco que le queda y no vienen a los centros de evacuación ya que allí se sienten como encerrados”, expuso el funcionario.

“No pude salvar nada, todo se perdió, mi dormitorio, el colchón, la cama, la ropa. Yo soy maestra y también perdí todo mi material de trabajo”, dijo Marta Quispe.

“El miércoles -siguió- dormimos en sillas, no tengo un lugar seco para tirarme y nos turnamos para permanecer acá, hemos permanecido acá para custodiar lo poco que nos queda por ejemplo el miércoles por la noche quedó mi hijo sólo y alguien entró al fondo de mi casa, no sé con que intenciones”.

Ramón Rojas, del barrio Santa María, afirmó que “la red cloacal no sirve más. Hay que hacer todo a nuevo, no tenemos agua ni cloacas. Mi casa está inhabitable, ahora para ir al baño nos tenemos que turnar y caminar tres kilómetros”, lamentó.

Fte Télam

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